Co-creadoras con un ‘para’

Belén Brezmes

Siguiendo con nuestras reuniones y profundización, el Seminario permanente de la Red Miriam se ha reunido el 7 y 8 de abril en Madrid.

En este camino de ofrecer una feminización de la experiencia de San Ignacio de los Ejercicios, nos hemos adentrado en el principio y fundamento (EE 23, 1-3). Lo hacemos desde distintos ejes: la realidad, centrándonos en el análisis del 8 de marzo y sus aportes a esta reflexión; y la teología desde la hermenéutica feminista entendida como un lugar inesperado, desde el no lugar,  que promueve la emancipación de la mujer.

El ‘Principio y Fundamento‘ de los Ejercicios Espirituales nos sitúa en quién es Dios, quiénes somos nosotras y cómo vivir según ese ‘Principio y Fundamento’.

Nos sentimos constantemente creadas por Amor y en el Amor

Dios es amor en acto, pues se da a sí mismo en todo cuanto existe. Estamos siendo sidas por Dios y este presente se adentra en el acto creador que nos recrea a cada instante desde lo profundo. No es un Misterio intervencionista que actúe desde fuera.

Amor que provoca amor. Nos sentimos criaturas en su creación

Sentimos el gozo y la responsabilidad de formar parte de esa Vida. Criaturas y, por tanto, resituadas en nuestro lugar (no somos el centro). Ese despliegue de Dios se va haciendo en las incertidumbres, dolores, defensas, bloqueos, fragilidades, miedos…en lo gozoso, relacional, novedoso, alegre… Somos en relación interdependientes unos de otros,  en conexión profunda con los demás y con todo. Vivimos en el mundo de lo posible, no en el deber ser ni en el de las ideas. Asumir la realidad, no abandonarla.

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Lo nuestro, como seres dotados de consciencia, es reconocer y acoger esta realidad de dependencia originaria y constante, de forma agradecida, estableciendo una relación personal de íntima identificación con Dios como nuestro origen, y en comunión con todos los seres humanos y con el universo entero. Todo cuanto existe es presencia de Dios y lugar de relación con Él/Ella.

Nos sentimos co-creadoras, con un ‘para’

De esta toma de consciencia de la vida recibida desde el amor, brota la confianza, el agradecimiento, la seguridad, el reconocimiento del propio valor, la integración personal, y el compromiso para que otros/as, se sientan así, para que toda criatura, toda la creación llegue a su plenitud; compromiso a favor de la vida y de la justicia. Porque somos seres libres y capaces de transformar la realidad, Dios nos hace participes de su acción creadora:

  • de nosotros/as mismos/as, que hoy diríamos alcanzar la liberación e integración plena como seres humanos, responder a su amor es el «salvar el ánima»
  • de ayudar a llevar la creación a su fin (amando a los demás y ayudándoles a realizarse) Es una salvación integral, holística. El dinamismo de Dios impulsa hacia la plenitud a toda la creación, a cada una particularmente, cuidando el ecosistema universal para que haya un espacio privilegiado que posibilite que el amor se haga lo más pleno posible.

En búsqueda de un espacio de emoción y de cuerpo

Al caer en la cuenta de este Origen Fundante que está dentro, las mujeres nos sentimos empoderadas y nos desvinculamos de la experiencia masculina que ha sido la normativa de la comprensión de la revelación bíblica. La hermenéutica feminista nos ayuda a captar esta dimensión de la revelación, nos ayuda a madurar y a caer en la cuenta de nuestra conquista de lo femenino.

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Sólo podemos creer de verdad aquello que verificamos en nuestro propio ser, es decir, cuando se hace espiritualidad viva lo que nos dice la revelación. Para poder despertar a la fe y la adhesión vital, lo revelado necesita tocar el corazón, de modo que se experimente como verdad dentro de nosotras.

La predicación analógica es una interpretación de la doctrina de la creación: las cosas son llamadas a la existencia y sostenidas por Dios. Las palabras sobre Dios tienen cierta significatividad al tiempo que se nos escapa su significado. Desvelar esos falsos presupuestos que justifican la exclusividad del símbolo masculino y apostar por un nuevo impulso al descubrimiento del Misterio Sagrado que puede ser aludido a través de imágenes de naturaleza, símbolos experienciales femeninos y símbolos experienciales masculinos.

El patriarcado nos ha hecho respirar en la dualidad humanidad/naturaleza. Esto nos ha educado en contra de nuestra percepción. Crecer en puestos de responsabilidad y pensamiento, no siempre promueve la igualdad de género. Necesitamos romper las cadenas jerárquicas y opresoras del patriarcado, pensar en círculos de mujeres para no sentir la exclusión y desvelar todas las construcciones sociales que impiden o dificultan, con imposiciones ajenas y opuestas a Dios, la realización personal plena de las mujeres. Nuestros derechos como mujeres y la igualdad de género no mejoran automáticamente. Crear pensamiento y sensibilidad femenina para tener las herramientas suficientes que nos hagan crecer como tales.

Y nos emplazamos para continuar en octubre.

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