Ciencias, antropología y ética de la economía

Por Dr. Agustín Ortega Cabrera

En nuestra época, se han desarrollado y profundizado diversas disciplinas científicas. Tales como la física, la mecánica y las relacionadas con el estudio del universo o cosmos, las ambientales y sus saberes ecológicos o las mismas neurociencias. Estas diversas y complementarias ciencias nos muestran una renovada cosmovisión de la realidad, del ser humano y del mundo. Con una perspectiva relacional, solidaria e integral. En donde las distintas dimensiones de lo real, del universo y de la persona inter-accionan solidariamente entre sí. En una colaboración fraterna, dinámica y trascendente. Todo está relacionado con todo. Y la realidad, la humanidad y el cosmos cooperan mutuamente de forma solidaria con un dinamismo de comunión, amor, trascendencia y liberación integral.

Desde su propio ámbito, estas perspectivas de la realidad y de la persona ya nos las enseñan la filosofía, la teología y la fe e iglesia. Con sus maestros o doctores como, por solo citar a uno paradigmático, Santo Tomás de Aquino, con la antropología, la moral y el pensamiento social inspirado en la fe. Así lo ha recogido y actualizado todo ello el Papa Francisco con su magisterio. Por ejemplo, en el campo social y ético, en continuidad con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), como nos muestra en “Laudato Si”. La fe e iglesia, con la enseñanza de los Papas como Francisco, nos muestran que el ser humano con todo lo real, al ser imagen (semejanza) e hijo de Dios, está constituido por el don del amor fraterno, solidario y de comunión con los otros, con los pobres y con toda la naturaleza-creación.

Ciertamente el mal, pecado e injusticia son reales y han afectado seriamente al ser humano, a todo el cosmos. Más esta realidad del mal no forma parte de la naturaleza más profunda de la persona y de la realidad que ha sido creada desde, por y para el Amor. Dios mismo que, como se nos revela en Jesús, es Amor y su Don (Gracia) que nos crea, conforma, sostiene y salva de forma permanente, liberadora y trascendente. Por tanto, la base y entraña del ser humano con lo real es este amor, fraternidad y cooperación solidaria. Y que, en el Espíritu de Dios y su Gracia Liberadora, nos habita en lo más profundo de la conciencia, del corazón y el alma. Lo cual nos va vivificando, salvando y liberando integralmente, en cuerpo y alma, en todas las dimensiones del ser humano como la personal, corporal, espiritual, trascendente, social e histórica.

Puede interesarte:  Del pacto educativo a la movilización callejera

Toda esta antropología del don del amor, de la fraternidad y solidaridad se opone a una visión ególatra, individualista, posesiva e insolidaria del ser humano. Tal como nos impone el neo-liberalismo y el capitalismo. El sustrato y esencia de lo humano no es el interés individual ni la competitividad salvaje, como nos dicta la antropología capitalista. Sino los afectos, sentimientos y valores del amor fraterno, solidario y cooperativo que es la entraña de la misma persona. No es que el amor y la solidaridad vengan a corregir u orientar esas supuestas pasiones del interés propio, individual y corporativo.

En realidad, como nos muestran las ciencias sociales (humanas) y la filosofía o teología con la fe católica, los auténticos deseos, afectos y sentimientos que constituyen al ser humano con la realidad: es todo este amor y fraternidad solidaria; la cooperación para el bien de todos y cada uno de los seres humanos, para el bien común y más universal. Más allá de toda egolatría e interés individualista con sus ídolos del lucro, del poseer y tener por encima del ser persona (fraterna y solidaria). Las idolatrías de la riqueza-ser rico, del capital, mercado y del poder.

No es verdad, por tanto, que el camino primero y verdadero (la motivación más real) para el desarrollo sea el propio interés individual y beneficio propio que, ya sea corregido o no por la solidaridad y la justicia, dará lugar al progreso de los pueblos. Lo que, asimismo, desmiente la experiencia real e histórica de tantos testimonios humanos, morales y espirituales. Como por ejemplo son los santos que, con esta vocación y vivencia del amor fraterno, han promovido tantas realidades de vida, dignidad, justicia, desarrollo y liberación integral.

Puede interesarte:  Nuevo documento vaticano sobre finanzas: para leer críticamente

Por todo ello, toda auténtica cultura y educación consiste en facilitar el desarrollo de estas experiencias, capacidades y posibilidades fraternas, solidarias y liberadoras. Y que la persona, con la misma realidad, lleva gradabas en lo más profundo de su ser. La tradición y el pensamiento moral, como nos enseña la fe e iglesia con los Papas como Francisco y su DSI, nos transmiten esta visión fraterna, solidaria y ética de la vida humana, social y económica. Tal como nos comunica la denominada “ley natural”, que expresa toda esta verdadera naturaleza humana con su antropología y moral solidaria e integral, lo primero y esencial es siempre es la vida, la dignidad y sociabilidad solidaria de la persona.

De ahí que el real sentido de la economía esté en dicha antropología y ética para el servicio de las necesidades, las capacidades y todas las dimensiones de la vida y dignidad de la humanidad. La economía por su propia naturaleza existe para cuidar y proteger la vida, la dignidad y ética solidaria de cada persona. Con una sustentable producción, equitativa distribución y consumo justo de los bienes. Por ello el destino universal de los bienes, con la justa distribución de los recursos, es el valor y principio rector de la economía. El destino universal de los bienes, como derecho natural, tiene la prioridad sobre la propiedad que es un derecho secundario. La propiedad posee, a la vez y de forma inseparable, una índole personal y social. Es el derecho natural de propiedad personal y social para toda la humanidad, que está por encima del derecho de propiedad privada e individual para unos pocos privilegiados y enriquecidos.

La economía, con su naturaleza ética y solidaria, debe asegurar otro valor moral clave de la vida humana y social como es el trabajo. Esto es, la vida y dignidad del trabajador con sus derechos como es el salario justo, valor ético esencial, está antes que el capital. El trabajo y la empresa tienen este carácter humanizador, ético y social que conlleva a la personalización y socialización de los medios de producción, de la misma empresa. En una auténtica ética de la empresa y responsabilidad social corporativa. Una verdadera democracia económica, que hace de las personas y de los trabajadores los auténticos sujetos, protagonistas y dueños de la vida, del destino y propiedad de la empresa. Se realiza así una real economía social y cooperativa, una economía del don y de la comunión.

Puede interesarte:  Celebrar eclesialmente el Día de la Tierra (22 de abril)

Por tanto, la economía con su banca y finanzas tienen su corazón en toda esta ética solidaria al servicio de la creación y desarrollo del trabajo digno, de la sociedad y de los pueblos. La usura, ese gran pecado tantas veces olvidado, es pues inmoral e injusta. El mal de la usura y especulación de la banca con las finanzas y sus créditos e intereses abusivos, injustos y especulativos. Esa economía irreal, de casino y basura: que endeuda ilegítimamente, empobrece injustamente y arruina inmoralmente a las personas, familias y pueblos; que genera las crisis permanentes, sistemáticas e injustas que son un negocio y enriquecen a unos pocos a costa del empobrecimiento de la mayoría; que especula de forma inhumana e inmoral con todo, con los bienes de primera necesidad como son los alimentos, materias primas u otros recursos que son el sustento del ser humano y del mismo planeta.

Como se observa, por todo lo dicho anteriormente y tal como nos enseña la DSI con los Papas como Francisco, el modelo de economía que domina, como es el capitalismo, mata, es excluyente. Es la dictadura de la economía, del capital y del mercado con sus ídolos del dinero-riqueza (ser rico), del beneficio y de la codicia que niegan la ética, la justicia con los pobres de la tierra y la ecología integral.


Ph. D. Agustín Ortega (España) es Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología).  Asimismo ha realizado los Estudios de Filosofía y Teología, Doctor en Humanidades y Teología. Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y, actualmente, de la UNAE (Universidad Nacional de Educación) así como invitado en diversas universidades latinoamericanas. Autor de diversas publicaciones, libros y artículos.


Imagen: es.pngtree.com

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.