La ciencia sin conciencia no es sino la ruina del alma” (François Rabelais, 1494-1553, Pantagruel, capítulo VIII). En nuestro mundo, el conocimiento científico tiende a confundirse con el único conocimiento válido, verdadero. Los medios de comunicación transmiten noticias de los avances científicos. El propio modo en que lo hacen induce a asentar una idea equivocada de lo que es la ciencia. Se hace creer que en la medida en que el conocimiento científico vaya avanzando se irá eliminando cualquier resquicio de irracionalidad.

Esta creencia implica asimismo el convencimiento de que poco a poco se superarán los límites que dificultan u obstaculizan nuestra vida material. Gracias a la ciencia tendremos una vida más cómoda y placentera. Nos facilitará el poder acceder a todo lo que necesitemos y deseemos. Incluso se alimenta la idea de que los adelantos científicos permitirán ir erradicando las enfermedades y dolencias hasta conseguir en un futuro no muy lejano la superación de la muerte.

Confiados en que podremos tener todo lo que queramos y con la esperanza de que no moriremos, no tenemos más que ser un poco pacientes y aceptar, hasta que llegue ese momento, algunos sacrificios y limitaciones que pronto se verán recompensados. Los que aún tienen dificultades en la vida y les alcanza la muerte tan solo han tenido la mala suerte de nacer antes de tiempo.

De este modo, la pretendida racionalidad científica conduce a la más irracional de las creencias. Puesto que el hombre tiene un poder omnímodo (todo lo puede) nada hay que le condicione. La naturaleza y el universo entero pueden ser dominados por el hombre. No se requiere la comunicación y el respeto a la naturaleza y a los otros. Cada uno por el mero progreso científico-técnico podrá conseguir lo que quiera sin tener que recurrir a unos recursos naturales que son limitados, ni al cariño y ayuda de los demás.

La ciencia nos proporciona un mundo feliz. El hombre autosatisfecho, saciado de poder y autocomplacencia, se vuelve cada vez más pasivo puesto que cree que la ciencia, de la que en realidad desconoce hasta sus principios más elementales, le va a proporcionar, como si fuese un maná caído del cielo, una vida plena y eterna. Paradójicamente la eliminación de la creencia en otra vida y en un ser origen de todas las cosas, conduce a creer que la vida es eterna y consiste simplemente en satisfacer todas las necesidades materiales y todos los caprichos que se nos vayan ocurriendo.

El mundo, gobernado por leyes científicas, conduce a un beneficio y progreso creciente. Es lo que Hinkelammert denomina “la ilusión trascendental de los progresos infinitos”. Esto es, “…la ilusión de que se puede construir en la historia el Paraíso Terrestre, la satisfacción de todos los deseos por el progreso infinito de la técnica y de la ciencia. La ilusión de que no existen límites para el poder de realización, de que no hay deseos y utopías que trasciendan la posibilidad histórica y que, por tanto, todos los deseos serán realizados por el progreso técnico…el progreso técnico infinito, posibilitado por el sistema de mercado, nos llevará a la satisfacción de todos los deseos humanos” (Franz Hinkelammert, Crítica de la razón utópica, San José, DEI, 1984).

Como señalaba la Fábula de las abejas, de Bernard de Mandeville, los vicios privados producen virtudes públicas, cada uno buscando su propio interés o beneficio provoca el máximo bienestar para todos. La conciencia se concibe como una pura entelequia, una reminiscencia de un pasado dominado por los mitos y las creencias religiosas. El amor a los demás, una ilusión romántica sin sentido.

¿Cómo no va a cundir una creciente decepción e incluso una reacción airada y agresiva al comprobar cómo la naturaleza se vuelve contra nosotros y las relaciones con los demás se deterioran? ¿Cómo es posible que el dolor y la muerte, la frustración y el rencor mutuo sigan entre nosotros si la ciencia iba ir eliminando cualquier vestigio negativo?

imagesBuena parte de lo que admitimos como progreso científico tiene como consecuencia efectos no previstos o no deseados. El deterioro del medio ambiente, el empobrecimiento de la biodiversidad y la desaparición de bienes y espacios de uso compartido (“Bienes comunes”) es con frecuencia consecuencia del propio desarrollo científico. Se crea, a su vez, la ilusión de que ese mismo desarrollo logrará compensar dichos efectos negativos. La ciencia sin conciencia es la ruina de la humanidad.

Imagen destacada: http://elpais.com/elpais/2016/04/09/vinetas/1460215661_162337.html, El Roto, diario El País, 10 de abril de 2016

La Facultad de Economía Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California (Tijuana, México) ha creado elCentro de Investigación, Asistencia y Docencia de la Micro y Pequeña Empresa , dedicado fundamentalmente al estudio, asesoramiento y apoyo de las microempresas “pobres”, haciendo valer el lema de dicha universidad “Por la realización plena del hombre”, ejemplo de un proyecto científico que ha apostado por una ciencia con conciencia