La caja de resonancia en «La expulsión de lo distinto»

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Resulta difícil sintetizar el último libro de Byung-Chul Han, La expulsión de lo distinto, dado que pese a su brevedad, el autor saca provecho al máximo de la técnica del ensayo para abordar desde muchos enfoques su percepción de la sociedad actual. No obstante, podemos decir que la primera frase del libro tal vez sea su mejor presentación: “Los tiempos en los que existía el otro se han ido” (p. 9).

La proliferación de lo igual, indica el autor,  es la patología que sufre la sociedad; una sociedad que expulsa la negatividad que representa al otro; y lo hace prescindiendo de la represión, de allí su singularidad.

Es fácil comprender cómo se expulsa lo distinto en los regímenes totalitarios, se hace con represión, coerción, censura y restringiendo todo tipo de libertades. Basta con visualizar una concentración pública de Corea del Norte para hacerse una idea de lo que es la proliferación de lo igual.

El País

Pero, ¿qué pasa cuando no hay represión? A lo distinto se le coacciona, se le censura, se le reduce mediante la violencia, una violencia que se ejerce desde el poder de lo igual. De esta manera se siembra el “terror de lo igual”.

Lo distinto produce infección, lo igual produce obesidad. Este es el mejor símil que utiliza el autor para ayudarnos a entender que nuestra sociedad no padece ninguna infección pero sufre de obesidad mórbida.

Para adentrarnos en la percepción que Han tiene de la sociedad digital utilizaremos dos metáforas a las que éste recurre constantemente: la caja de resonancia y el panóptico digital.

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La red como caja de resonancia

Si entramos a una habitación vacía, al emitir nuestra voz, las paredes conseguirán que mediante el eco se repitan nuestras propias palabras. De la misma forma, internet se comporta como una gran caja de resonancia modificada, un espacio en el que las palabras de los otros se pierden entre silencios -chocan con superficies que las absorben- mientras que nuestra voz consigue la fuerza que el eco le concede.

En esta caja de resonancia, Han ve las siguientes características:

  • Mucha información y poco conocimiento. El ingente procesamiento y acumulación de datos que permiten las nuevas tecnologías buscan la correlación, no la causalidad. La correlación es el nutriente de los algoritmos que nos ofrecen: productos, noticias y personas.
  • Eliminación de la distancia. Al no haber distancias, no hay lejanía ni cercanía. Se anula la tensión que produce la diferencia. “La eliminación de la lejanía no genera más cercanía, sino que la destruye” (p.16). La ubicuidad no nos acerca a lo distinto, no nos aproxima al otro.
  • Libertad sin liberación. Atrás, quedaron los tiempos de opresión y alienación; el principal signo que marca nuestras relaciones en tiempos post-marxistas es la libertad; y la red es un buen escenario. La partícula “auto” equivale a libre elección: autorrealización, autooptimización, autoempleo, autoayuda, autofotografía. El éxito es cuestión de autogestionárselo.
  • Autodestrucción. Si autogestionamos el éxito, también es nuestro el fracaso. El fracaso ya no es culpa del sistema, es resultado de nuestra autogestión. La depresión es el inverso de la optimización. “La depresión como presión interna desarrolla unos rasgos autoagresivos. El sujeto que, viéndose forzado a aportar rendimientos, se vuelve depresivo en cierta manera se muele a palos o se asfixia a sí mismo” (p. 9). Entusiasmados con lo digital hemos adoptado una lectura binaria de la vida. Uno (1) es switch on: producción, optimización, éxito. Cero (0) es switch off: desconexión, depresión y autodestrucción. O bien, somos productivos o somos unos deprimidos. Ya podemos engrosar la lista de los iguales, o ser expulsados por distintos.
  • El terror de la autenticidad. Resulta paradójico que, si vestimos desigual seamos iguales; y esto se explica por el concepto de autenticidad que se pone en nuestras manos como modelo a alcanzar. Para ser auténticos nos comparamos constantemente con los demás, y esto acaba igualándonos. Queremos ser diferentes de los demás, pero lo que nos mueve es la mímesis y acabamos siendo iguales a los que miramos. El trending en Twitter, el me gusta de Facebook, el codeo de Linkedin lo que obtiene es la homologación dentro de un pretendido ejercicio de autenticidad.
  • Al final, lo que conseguimos son “diferencias comercializables”, materializando nuestra autenticidad mediante el consumo. “El imperativo de la autenticidad engendra una coerción narcisista” (p. 41). También resulta curioso que esta misma sociedad reivindique tanto la autoestima. Para que exista autoestima es necesario que exista el otro, de lo contrario es egolatría. “La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo” (p. 46)
  • Alienación. La alienación, tal como la concebía la teoría marxista (consagración al objeto) ha cedido paso a la autoalienación, la consagración eufórica, en libertad, al trabajo como fuente de autorrealización; llegando a concebir el cuerpo como una especie de motor que requiere puesta a punto para maximizar la producción. Esta reconfiguración de la relación con el trabajo encaja perfectamente con las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías.
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La caja de resonancia recrea la historia de Narciso y la ninfa Eco.  Eco (la red), quien fue reconocida por su habilidad oratoria, acaba condenada a repetir las últimas palabras de su interlocutor – en ese momento queda anulada toda posibilidad de alteridad dialógica- lo distinto queda expulsado y confinado a una cueva. Por otro lado, Narciso  cae seducido ante la belleza de su propia imagen y queda destinado a contemplar las matizaciones de sí mismo.

En la próxima entrega abordaremos el tema de lo que Han llama el panóptico digital.

Referencia:
Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto: percepción y comunicación en la sociedad actual, Barcelona: Herder

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