Cercanía, Fe y Justicia para humanizar el mundo de hoy

Por María Alexandra Vásquez Ruiz (CVX Galilea)

Poner el amor más en las obras que en las palabras
San Ignacio de Loyola

Para mí es un verdadero regalo poder ser testigo y vivir esta profunda emoción de tener a Arturo Sosa S.J. como Padre General de la Compañía de Jesús. El fue guía y apoyo para mí en momentos de responsabilidad pastoral incipiente en Cuidad Guayana, Venezuela, en 1999. Entonces se inició allí una Universidad jesuita, que debía tener como clave desde sus raíces el compromiso social para formar profesionales responsables para la transformación de la sociedad.
Muchas personas comprometidas en la distintas obras de la Compañía de Jesús en Venezuela, vivimos la construcción de lo que pedía la Congregación General 34 y el Plan Apostólico de la Provincia de Venezuela, que se proponía en sus líneas apostólicas prestar atención a:

  1. Los pobres como sujeto de la sociedad y la Iglesia.
  2. El fortalecimiento de la Sociedad Civil,
  3. La experiencia de Dios y la espiritualidad ignaciana,
  4. Una Iglesia joven y laical.

Se expresan así las prioridades de la Provincia de Venezuela, producidas entre much@s participantes, en horas de reuniones, encuentros, y convivencias desde la oración comprometida y entregada.
Peter-Hans Kolvenbach S.J., entonces Padre General de los jesuitas, en su carta de agradecimiento resalta las fortalezas del proceso cuyo timón llevó el Padre Arturo Sosa:

Comienzo felicitándole a Ud. y a toda la Provincia por el largo y gran trabajo realizado. Este Plan Apostólico ha sido al mismo tiempo reflexión sobre el ser y quehacer de la Provincia y también cantera de asimilación de la C.G. 34ª. Quiero resumirle brevemente algunos de los puntos que más me han llamado la atención. Ya desde el comienzo hablan Uds. que para este proceso han escogido la forma de deliberación apostólica (…)
Mi deseo es que se cumpla lo que ambiciosamente expresan:“el camino recorrido nos ha llevado a la convicción de la necesidad de convertir el discernimiento espiritual y la deliberación apostólica en el modo ordinario de proceder” (…) son sus líneas de acción “prioritarias” el talante típico de la CG 34ª de una lucha por la justicia que brota de la fe (…)
Quizá uno de los aportes más originales –y espero que más fecundo- haya sido la incorporación del laicado y de religiosas a la misma dinámica de deliberación apostólica. (…) Les queda aquí, sin embargo, un largo y hermoso camino por andar en la constitución del “sujeto apostólico” y esa red ignaciana. Como bien dicen Uds., en este y en otros se da una enorme desproporción entre desafíos de la misión y recursos reales con los que se cuenta, tensión que quieren vivirla “confiados más en el apoyo de Dios que en los propios recursos”. No quiero dejar de acentuar un rasgo de autenticidad que llama la atención:“nuestro compromiso no es sólo vivir pobremente sino también cerca de los pobres” en contextos sociales y urbanos de inserción…

Gracias a ese andar conjunto, me encontré con un hombre comprometido con las personas, defensor de los derechos humanos, sensible a la realidad socio-política del país, crítico y sirviendo de puente para generar relaciones entre jesuitas y laicos, fortaleciendo poco a poco un trabajo cada vez, más mano a mano entre laicos y religiosos, con una especial atención a la proximidad entre todos, con conocimiento de cada actividad, con implicación total, a pesar de la diversidad de caracteres, personalidades, edades, disciplinas y misiones. Sembró el cariño entre todos los que trabajabamos para la Compañía de Jesús. Transmisor de fuerza y acompañante en momentos políticos complejos, exigentes, de mucha tensión social en Venezuela, colocando a la persona como centro de toda atención, con sus saberes y haberes.
Sencillo, cercano, cariñoso, un oyente activo y animoso en el diálogo constante y constructivo, promotor del trabajo en equipo para caminar juntos, en comunicación fluida y resolutivo; con capacidad para acompasar con mucha dificultades y vientos en contra, las dinámicas, los intereses y las formas de hacer desde la escucha al Espirítu, transmisor de enseñanzas de la historia de Venezuela, de los cambios políticos, constructor de una sociedad participativa con sentido ciudadano, convencido de que la trasformación social es posible y depende de cada uno, poniendo los saberes al servicio de quienes mas lo necesitan.
Conmigo, en conversaciones de acompañamiento, solía decir: “En el “orden” (s. Ignacio) de la vida…” y entraba en lo esencial y hondo del discernimiento ignaciano. Recuerdo con profundo afecto palabras con que me animaba siempre:

Ojalá no dejes la oración sino que se convierta en un hábito sabroso en tu vida. Sin formalismo y con la flexibilidad que la vida misma exige. Esa relación con Jesús y su Papá en el Espíritu es una fuente inagotable de amor que vale la pena mantener viva y cerca. Como sabes, el amor no genera reproches ni culpa, todo lo aguanta y todo lo perdona, así que si te viene algo de eso, no es de Dios.

Un compañero en la acción, en la vida, y la misión compartida, que vive en clave de que “el saber mucho, no satisface el alma, sino el sentir y gustar internamente las cosas”.
Que el Buen Padre siga acompañando al Padre Arturo Sosa, y cuente con nuestras oraciones y compromiso para hacer de la misión herramienta para defender, acompañar y luchar por la vida, la justicia y la paz social.

2 Comentarios

  1. Demócrata de toda la vida, el régimen chavista y sus satélites, las élites extractivas españolas han satanizado, criminalizado y difamado a este Servidor de la Misericordia. Su respuesta, a la altura del compromiso ético de nuestro tiempo, ha sido el Amor y la Verdad. Podemos destacar su crítica permanente a las injusticias, que deben ser revertidas; su rechazo al dios dinero; su propuesta de misericordia universal; su interés por acercar a todas las almas a la confesión; y su apuestas por suprimir la tiranía de la droga, el aborto y la pornografía. Así es la hoja de ruta del Nuevo Servidor de la Compañía.

  2. Gracias Alexandra, que bueno que nos compartas desde la cercanía. Bendigamos al Señor pues por este nuevo regalo a la Compañía, a la Iglesia y al mundo.

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