Los liberales

La posición liberal es NO necesariamente. La desigualdad puede aumentar porque los de arriba en la escala de ingresos mejoren más que los de abajo, pero mejorando todos. Incluso los pobres pueden haber dejado de serlo, y sin embargo la desigualdad haber aumentado. Es un asunto lógico: la desigualdad se refiere a diferencias y la pobreza a carencias, al menos en su definición más común (que no es la de las estadísticas europeas). Debemos preocuparnos por las carencias, no por las desigualdades.

Es más, en una economía de mercado que funcione bien, lo normal será que las desigualdades aumenten (los de arriba parten de mejor posición en la competencia) y las carencias disminuyan (la competencia es muy productiva, de lo cual se benefician todos). El aumento de la desigualdad puede así denotar la acción de dinámicas que reducen la pobreza. Hay efectos deseables de reducción de la pobreza, de los que no se habla mucho, en dinamismos que producen el aumento de la desigualdad (no en todos, como se verá a continuación, pero sí a veces).

El objetivo de reducir las desigualdades suele buscarse a través de más intervención económica del Estado, lo que resulta en un mercado menos eficiente, por tanto menos productivo, con menos oportunidades para todos. A los pobres no les faltan recursos sino oportunidades. Como el mercado es el lugar de la iniciativa económica, más Estado en la economía resulta también en una sociedad con menos libertad para esa iniciativa. 

La única desigualdad que debe combatirse desde el Estado ocurre cuando la prosperidad de los que están mejor se debe al fraude, la corrupción, la utilización del poder del Estado… o cuando afecta al crecimiento económico. Pero en cada uno de esos casos, la desigualdad es un efecto, no la causa. Lo que debe combatirse es el fraude, la corrupción, el uso del Estado con fines particulares, el desempleo…, no la desigualdad en sí misma. En muchos casos, el combate contra esas causas requeriría no más ejercicio del poder del Estado sino menos. Y en otros casos, un ejercicio meramente concentrado en hacer valer la propiedad, los contratos y la libertad individual.

Los demás

La posición no liberal es SÍ, la desigualdad causa pobreza. En ella están juntos socialcristianos, socialdemócratas y prácticamente todos los demás. La desigualdad afecta al crecimiento económico, porque los de abajo no están en capacidad de incorporarse bien (o en absoluto) a la producción. Y afecta a la distribución de los productos del crecimiento, que guarda relación con el poder cada uno para apropiarse de ellos. Esto hace que cuanto mayor la desigualdad, los menos poderosos reciben menos en el reparto del producto. Por ejemplo, las mujeres pobres; o la conservación del medio ambiente. Resultado: un crecimiento menos sostenible social y ambientalmente, con tendencia de la pobreza a cronificarse.

La desigualdad afecta también a la democracia. Los de abajo sienten que el sistema les excluye, o temen que así será pronto, de manera que se vuelven anti-sistema. Los de arriba, por el contrario, adquieren mayor influencia sobre el poder político, que pueden torcer para favorecer sus intereses. La igualdad ante la ley se vuelve ficticia.

El asunto de fondo es de capacidades y de dignidad. Si en España el 40% de la renta de cada cual se explica por la de sus padres, se ve que la desigualdad tiende a reproducirse desde los niños. En los estratos más bajos del ingreso, lo que se reproduce con ella es la pobreza, que incluye la falta de capacidades para que las oportunidades del mercado lo sean para ellos. Afectados en sus oportunidades desde el punto de partida, lo son en su dignidad. El Estado debe intervenir en defensa de esa dignidad, que es un bien común, no solo particular de un grupo para el que se sacrifica a otros con más ingresos.

Actuar para esta igualación de oportunidades en el mercado, que para el 25-30% de la población española supondría el acceso a ellas, requiere una política fiscal muy diferente a la que hay (concentrada en el ingreso de las clases medias y el consumo de todos, más pesada para los más pobres), por el lado de los ingresos; y unas políticas sociales públicas adecuadas y suficientes en educación, salud y asistencia, por el lado de los gastos. También necesita una política salarial diferente, en que tener un empleo garantice salir de la pobreza y la precariedad. Conseguir eso requiere implicación ciudadana directa, tanto en iniciativas sociales como en presiones políticas sobre los detentadores del poder del Estado.

El debate

Este es un resumen mío apresurado de algunas de las ideas que se barajaron (no todas por cierto) en un debate presencial organizado por Oxfam-Intermón el pasado 28 de febrero. Siguiendo una vivaz discusión de prensa sobre el último informe Oxfam, estos amigos se animaron a poner sus ideas a discusión en una mesa donde participaban visiones distintas de ambos lados, en un panel equilibrado.

Dialogaron Guillermo Fernández Maillo (Caritas-Foessa), Carlos Rodríguez Braun (Economía UCM), Olga Salido Cortés (Sociología UCM), José María Vera (Oxfam-Intermón), Juan Ramón Rallo (Instituto Juan de Mariana), y José Moisés Martín (Agenda Pública). Al recontar hemos prescindido no solo de algunas ideas y datos muy interesantes, sino también de importantes matices entre unos y otros, incluso con formas cercanas de pensar. No es en realidad un resumen, sino mi resumen.

No les digo lo que pienso yo, de momento; quizás en otro post, que este ya es largo. Pero espero que la reseña sirva a nuestros lectores para apreciar la fuerza de las dos líneas argumentales, y meditar su propia posición.


Imagen: www.oxfamintermon.org/es/sala-de-prensa/nota-de-prensa/incremento-de-desigualdad-hunde-millones-de-europeos-en-pobreza