Una vez más las redes arden. #Cassandra (Cassandra Vera, @kika_95), una joven murciana de 21 años condenada a 1 año de prisión por enviar 13 tweets, considerados enaltecimiento del terrorismo y desprecio a las víctimas. No sólo eso, pues la condena incluye otro tipo de sanciones que la privan de derecho a beca, con lo que la propia Cassandra ha manifestado: “me han destrozado la vida”.

En la palestra aparece ahora, nuevamente, la libertad de expresión y sus límites, mezclado con temas legalmente tan complicados como el terrorismo y las víctimas. Ninguna broma, como vemos.

  1. Redes sociales como espacio público. No terminamos de comprender que participar de (determinadas) redes sociales como Twitter es algo así como hablar en un espacio público, muy abierto. Normalmente no se extienden mis contenidos más allá de un grupo de personas pero que en ocasiones puede cobrar dimensiones incontroladas.
  2. La dificultad de poner límites. Éste es quizá, a mi modo de ver, el asunto más complicado. Los límites son realmente necesarios (sin ni siquiera apelar a leyes que los regulen), pero como bien ha expresado Raúl en este blog, la pregunta es si somos capaces de llegar a criterios de valoración moral comunes en nuestra sociedad. ¿Cuáles serían los criterios? Porque mientras todos se posicionan a favor o en contra, este asunto queda todavía sin abordar. Quizá sea un buen momento para pensar qué es lo que no se debe hacer en la red bajo ningún caso particular, con ningún tema, de ninguna forma. Ya dejaremos para otro tiempo mejor el que sí se debe hacer.
  3. Lo correcto y lo bueno. Un libro de W. D. Ross, que invito a leer. Añade una distinción más al debate que estamos tratando. Sin lugar a dudas hay un sentido del deber, como se puede estudiar en esta obra, también en lo correcto, no sólo en la búsqueda de lo bueno. ¿Qué sería hoy lo correcto en la red, como espacio público en según qué redes sociales?
  4. Más allá de los límites. Es excesivamente frecuente, muy preocupante, el mal uso que se hace de la red en algunos casos (no hablo aquí de #Cassandra en concreto). Conocidos de sobra son asuntos de especial sensibilidad social como el acoso a menores y también la eficacia digital para la ideologización (no sólo debe llamar nuestra atención el yihadismo). El impacto y destrucción de la difamación de una persona por internet, la persecución a la que se puede someter a alguien, el daño sobre la opinión pública, el sometimiento y apoderamiento de un pensamiento que puede ser respaldado por una masa, la capacidad para dañar la sensibilidad de las personas… es auténticamente real, excesivamente real.