Carta urgente a los candidatos a la presidencia

Ya que algunos candidatos a la presidencia del gobierno me están mandando cartas pidiéndome el voto, permítanme que les conteste a la misma. Es urgente, para que la lean antes del día 20, entre viaje y viaje.

Bruselas. Siete y media de la mañana a las puertas del Parlamento Europeo. Me llama la atención la temprana entrada a esta sede de la soberanía popular europea de Juan Fernando López Aguilar, eurodiputado socialista.

Tras una mañana de encuentros con otros eurodiputados y un encuentro en la Comece, acabamos el trabajo del día y vuelvo al aeropuerto de la capital belga, donde casualmente me encuentro de nuevo con López Aguilar. Va corriendo. Imagino que pierde su vuelo de regreso a España. De repente, una señora resbala y va a parar al suelo. A pesar de las prisas, se para, le presta ayuda y solo cuando la mujer dice con claridad: “I’m fine” (Estoy bien) reanuda su marcha con celeridad.

Este gesto, que debería ser de lo más normal del mundo, me sirve para expresar lo que muchos entendemos que debe ser la política: levantar a quienes están por los suelos. Hay demasiada gente por los suelos, y a  veces la prisa, los intereses creados, o una deformación de la mirada por parte de esta cultura en la que vivimos, nos descentra la mirada y hace que no veamos que hay mucha gente, demasiada por los suelos. Solo cuando levantamos a quien anda por los suelos cobra un verdadero y pleno sentido el servicio de la política.

Señores Sánchez, Rivera, Rajoy, Iglesias, Garzón y Herzog y demás candidatos, igual ni han caído en la cuenta, pero este próximo domingo será el último de adviento, tiempo que para quienes somos creyentes lo es de espera y esperanza. Un tiempo necesario para preparar la Navidad, un tiempo que nos recuerda que Dios  «siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza» (2Cor 8,9) y esta Navidad es, nuevamente, esperanza para quien anda por los suelos, es sueño de un presente distinto al actual. Y es ahí donde ustedes tienen mucho que decir. La esperanza de que los cielos lluevan justicia de una vez por todas, depende de las políticas concretas que ofrezcan a la sociedad. Y de ustedes, en cierta medida, no se vayan a pensar, depende que la Navidad sea un poco más lo que debe ser, porque Navidad es gritar al mundo: “Nunca más el varón sobre la mujer, los gobernantes sobre los gobernados, los ricos sobre los pobres, la violencia sobre la compasión, la usura y los intereses privados sobre la dignidad y el bien común” (editorial de la Revista Tú , diciembre de 2011)

Dios ha decidido hacerse ya por siempre humano y eso no debiera dejar de afectar a la organización social, económica y política. Y no me refiero a teocracias, sino a democracias en las que el Evangelio empuje a que no haya nadie caído sin la debida atención, sin la debida ayuda, sin la debida solidaridad y dignidad.  

Además, los que formamos parte de esta Iglesia acabamos de inaugurar el año de la misericordia invitados por el Papa Francisco. Esa entrañable misericordia de Dios por la cual nos visita el sol que nace de lo alto, iluminando a quienes vivimos entre tinieblas y sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Por pura misericordia nos visita y acampa entre nosotras y nosotros, a ras de suelo, por los suelos.

No se olviden, señores candidatos – qué triste que todavía no haya ninguna candidata ¿no? – de que cinco días después de las elecciones, Dios nos nace. Pero sobre todo Dios nos nace cuando somos capaces, dentro y fuera de nosotros mismos, de transformar este mundo que produce una tristeza y un desamor masivos, en un mundo misericordioso. Porque en definitiva, el Dios que se hace carne en la debilidad de un niño quiso nacer por los suelos, por algo.

Por los suelos hay gente…

que apenas remonta, apenas respira

y su alma resuella.

¡Que lloran y gritan pero que apenas cantan!

Por los suelos hay gente…

Que ganan derrotas y estiran la pata,

Que nunca les llueve la suerte

Y están abonados a rifas de muerte.

Por los suelos hay gente…

Ancianos y niños, mujeres y hombres

Desterrados del cielo de dioses celestes.

Por los suelos hay gente…¡mucha gente!

Que quedaron al margen, rompieron el molde,

perdieron el paso, erraron el tiro, jodieron la fiesta.

Por los suelos… va un Dios

que busca a la gente,

que trae de cabeza a todos los “entes”

                                                               sociales

                                                               políticos

                                                               religiosos

que lucha a diario con unos y otros

para poner en el cielo…¡a los que están por los suelos!

(poema de Nacho García Andreu)

Os dejo con este villancico de un amigo-hermano Pablo Morales:

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