Carta abierta a la Cámara de diputados: nuestra infancia abusada

Photo by Rania Naim

Señor/a diputado/a:

Enhorabuena por su elección. Y mis mejores deseos de salud y energía, porque lo que se le viene encima no es moco de pavo. Se le vienen curvas, espero que sepa agarrarse y, de paso, que ayude a la ciudadanía a agarrarse también, que para eso está usted en ese escaño. Ocupa un lugar incomparable para cambiar las cosas. Le pido, por favor, que no lo desaproveche.

Seguramente durante la campaña se ha sacado usted unas cuantas fotos con un niño o niña en brazos. Entiendo que es una estrategia común de campaña y que nada dice sobre su interés específico en la infancia. Lo cual me parece comprensible: con la cantidad de fotos de campaña con niños aupados, uno pensaría que son una prioridad política incuestionable, sin embargo, la situación de la infancia en España no parece mostrar que sea un grupo prioritario.

Empezamos la decimotercera legislatura con un tercio de niños viviendo en pobreza, la tasa de abandono escolar temprano más alta en Europa, una tasa de transferencia de renta a la infancia de las más bajas de la región. Y eso no es lo peor. La última estadística oficial sobre abusos sexuales en España es del año 1994, y señala que el 20% de los niños han sufrido este tipo de abusos. Según Save the Children, el 80% de esos casos se dan el ámbito familiar.

Los abusos sexuales intrafamiliares son secretos muy bien guardados: rara vez se denuncian, porque sus víctimas están bajo el dominio y la amenaza de sus abusadores, que suelen tener poder y acceso total a ellos. Los niños viven aterrorizados, sintiéndose culpables, amenazados, constantemente vigilados por sus verdugos, sintiendo que no hay escapatoria posible.

Cuando se denuncia rara vez hay condenas: los abusos sexuales infantiles no necesariamente dejan huellas físicas visibles, muchas de sus víctimas son incapaces de hablar de lo que están viviendo hasta mucho tiempo después de que el abuso haya cesado. No son eventos esporádicos, suelen desarrollarse lentamente, se perpetran durante un periodo largo de tiempo, y las consecuencias para sus víctimas son devastadoras.

¿Cómo puede ser que no tengamos estudios actualizados, que la mayor parte de las víctimas no denuncie? Porque no contamos con un sistema de vigilancia, prevención, detección y atención del abuso sexual. Un sistema adecuado que proteja a las víctimas, que no pueden librarse por sí mismas de sus maltratadores, y que necesitan del apoyo de los adultos para hacerlo.

La historia de la pequeña niña que, en vista de que el juez y el perito no creyeron en su testimonio, con una grabadora oculta en el calcetín registra una conversación con su padre, muestra hasta dónde el sistema penal es incapaz de investigar un caso de abuso sexual de menores sin tratarlo como si fuera un delito común.

Más allá de este caso en particular, la noticia muestra la realidad a la que se enfrentan niños y niñas que, al buscar protección del mundo adulto, se encuentran con un sistema penal que les pone en tela de juicio, que ignora aspectos básicos del fenómeno del abuso sexual, de las características de los abusadores, de la forma en que éstos se comenten en el ámbito familiar, y de las huellas que dejan en sus víctimas. No hay personal especializado para entender y atender este fenómeno. En los despachos, se revictimiza a los niños y niñas, vulnerando sus derechos.

Este es un tema urgente, e ignominiosamente ausente de las prioridades legislativas hasta ahora. Es posible tener un buen sistema de prevención, detección y atención del abuso sexual, un sistema que resguarde y proteja el interés superior del niño. Pero no se va a hacer solo. Comienza una nueva legislatura; tiene usted la posibilidad de hacer algo al respecto.

Compartir

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here