Cardenal Arns: el pastor que desafió la dictadura

Maria Clara Lucchetti Bingemer. Teóloga. Profesora de la Pontificia Universidad Católica-Río (Brasil)

Hace pocas semanas celebrábamos sus 95 años. Hoy celebramos su pascua definitiva. Don Paulo Evaristo Arns, obispo y cardenal emérito de Sâo Paulo (Brasil) ha vuelto a la Casa del Padre.  Es tiempo de dar inmensas gracias por su vida.

Son 95 años de mucha vida vivida, sufrida y disfrutada. Cuando se trata de una vida como ésta, toda ella hecha de servicio a los más pobres y humildes, de defensa de los derechos humanos, de ejercicio del profetismo como vocación ineludible, tiene que ser una gran celebración de acción de gracias.  

Así el Brasil recuerda y celebra hoy su pastor, fallecido ayer. Fraile franciscano, teólogo, doctor en Letras por la Sorbona, en Paris, Paulo Evaristo Arns fue ordenado obispo por el beato Papa Pablo VI.  Del corazón y de la pluma de aquel papa inteligente, culto e inquieto por los frutos del post-Vaticano II (que no dejaban de traer perplejidad junto con una gran esperanza) ha salido el nombramiento de este que fue la gran figura de Pastor del Brasil en los años de plomo de la dictadura militar.

Juntamente con sus obispos auxiliares, don Celso, don Luciano, don Angélico y don Mauro y otros tantos, don Paulo ha gobernado la archidiócesis de Sâo Paulo asumiendo un claro compromiso con los pobres y oprimidos. A eso añadió la lucha por el fin de las torturas que el régimen militar practicaba en sus cárceles y subterráneos, y por el restablecimiento de la democracia en Brasil. Su actuación pastoral fue integral y prioritariamente vuelta hacia los habitantes de las periferias de la gran metrópoli de Sâo Paulo, a los trabajadores y a la formación de las Comunidades Eclesiales de Base.  Era un incansable defensor de los derechos humanos, sobretodo de los más pobres. Fue conocido como el Cardenal de los Derechos Humanos, principalmente por haber sido el fundador y el líder de la Comisión Justicia y Paz de Sâo Paulo.

El momento-cumbre de este compromiso sucedió hace 41 anos, en octubre de 1979.  El periodista judío Vladimir Herzog había sido encarcelado, torturado y muerto en las dependencias de la policía política de Sâo Paulo. Los militares sostenían la tesis que Vlado –como era conocido– se había suicidado.  En la catedral de la capital paulista, el cardenal, juntamente con el rabino Henry Sobel, hizo un culto ecuménico que hasta hoy es un marco en la memoria del pueblo brasileño como acto de resistencia contra la cruel dictadura que oprimía el país y mataba jóvenes estudiantes, intelectuales y personas idealistas. La catedral –llena hasta los topes– respiraba respeto y valentía, liderada por su arzobispo y por el rabino. Se desenmascaraba la mentira del suicidio de Vlado y se denunciaba su asesinato, así como se celebraba el derecho a la verdad que debía ser mostrado al pueblo brasileño, cansado de mentiras y falacias.

brasil-nunca-mais-en-portugues-d_nq_np_1688-mlu21003849_993-fTambién con el rabino Sobel, Don Paulo ha destacado por crear un puente entre las comunidades judía y católica por el fin de la arbitrariedad y por el restablecimiento de las libertades democráticas. Entre 1979 y 1985 coordinó juntamente con el Pastor Jaime Wright, de forma clandestina, el proyecto “Brasil Nunca Mas”. Este proyecto tenía como objetivo evitar la posible desaparición de documentos durante el proceso de redemocratización del país. El trabajo fue realizado en secreto y el resultado fue la copia de más de un millón de páginas de procesos del Superior Tribunal Militar (STM). Este material fue todo microfilmado y remitido al exterior debido al temor de que fuera aprehendido y destruido.  En un acto público realizado el 14 de junio del 2011, fue anunciada la futura repatriación, digitalización y disponibilizacion de este acervo para todos los brasileños. El libro “Brasil nunca mais” es fruto del trabajo de Don Paulo, hecho bajo riesgo de persecución y muerte en un tiempo de mucha represión.

Durante su gestión al frente de la archidiócesis paulistana, las Pastorales Sociales un conocieron gran crecimiento. Además de haber iniciado algunas, dio impulso a otras, que hasta hoy trabajan junto a la población más carenciada de la ciudad. Con su hermana, la médica Dra. Zilda Arns, fundó la Pastoral del Niño, que hizo caer las tasas de mortalidad infantil en el país a niveles incomparablemente más bajos.

Como todos los profetas, el ministerio y magisterio episcopal de Don Paulo tuvo dolores y sufrimientos.  No fue comprendido por las clases pudientes de su diócesis. Sufrió incomprensión aun por parte de miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica. Vio su diócesis ser dividida y restringido su campo de actuación. Con fidelidad inquebrantable, soportaba todo y no abandonaba sus convicciones. Todas sus opciones brotaban de su fe en el Dios de los pobres que es el Padre de Jesucristo y , por lo tanto, no podían ser abandonadas o mitigadas.

Hoy el siervo fiel es recibido en la casa de su Señor. Y el pueblo de Dios lo acompaña en su último viaje con cariño y gratitud por esa vida larga, bien vivida y llena de frutos.  El Brasil agradece al Pastor que supo cruzar los años de plomo y los peligros de la represión, abriendo camino para que sus ovejas pudieran acceder a los pastos donde la vida florece  y la paz es construida. Que su profecía nos inspire y nos mantenga firmes en el camino del Evangelio, que es buena noticia para los pobres y sufrientes de este mundo. En este oscuro momento que vive Brasil y el mundo en general, pueda su vida ser una luz que confirma el lema de su escudo episcopal: “De esperanza en esperanza”.

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