Canon

El catálogo de la última exposición del artista Mateo Maté, recientemente finalizada en el espacio de la Comunidad de Madrid ‘Sala Alcalá 31’, introduce a la advertencia reflexiva propuesta por el artista. Es un libro de tapa dura en blanco, con el título: ‘Canon’ escrito en letras negras. Sigue, en varias líneas, su definición:

Canon

1.m. Regla o precepto.

2.m. Modelo de características perfectas.

3.m. En arte, regla de proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.

4.m. Catálogo de autores u obras de un género de la literatura o el pensamiento tenidos como modélicos.

Así hasta siete.

La elección de la portada: letras negras, las definiciones precedidas de un número sobre un fondo blanco, limpio, ninguna imagen, ni siquiera el nombre del autor, remite a un espacio abstracto focalizado en la línea de una idea, el pasado que palpita en nuestra civilización como cultura y como mandato. No es exactamente memoria, sino mandamiento.

Orden, mandato:

El autor ha colocado una serie de esculturas en escayola blanca en un espacio que invita a la meditación, como un templo desacralizado que mantiene aún un vínculo con lo trascendente. Y obliga a un trayecto trazado, como laberinto, mediante postes y palos delimitadores y separadores como a los que estamos habituados, sobre todo en los aeropuertos, trasladando al visitante a un orden que le remite al que hoy nos vemos sometidos sin cuestionarnos. Denuncia como libremente, vulnerables, somos sometidos a un control de accesos, de guías peatonales, mediante soportes que organizan filas y separan espacios siendo una expresión del lugar donde nos sitúan fuerzas que no conocemos. Frente a lo habitual colocado en otro lugar, aparece la extrañeza que permite volver la vista de nuevo a lo cotidiano donde descubrimos lo perturbador.

Trasgresión:

“Pocas veces podemos encontrarnos con un trabajo tan coherente y riguroso en el que, algo inusual, lo divertido no es sinónimo de banalidad, sino al contrario, la tonalidad adecuada para revelar las imposturas del sistema.” (Fernando Castoflores) ¿Qué determina implacable nuestra idea del mundo? El canon impuesto es mandato estético, pero no sólo. Lo que se denuncia es que en la rigurosa búsqueda de la perfección hay también ideología. Así el recorrido por las esculturas realizadas a partir de los moldes obtenidos de las figuras clásicas griegas el artista trasgrede, y es en la trasgresión, en la leve modificación de la forma donde reside su espíritu y abre su visión ética.

Señalo por ejemplo el discóbolo negro en el que apenas una alteración nasal convierte su rostro en otro, haciendo burla del uso que hizo de él Hitler; o su Venus embarazada, donde algo más de materia en una figura clásica ofrece la belleza de la maternidad. Mateo Maté al indagar en el canon cumple con la función del artista en su tiempo: interrogar sobre lo conocido y lo aceptado. Lo hace rebuscando, sumergiéndose en el pasado, para cuestionarlo; allí donde nos creíamos a salvo, encuentra que bajo la belleza perfecta del blanco nos lanzaron redes laberínticas de rejas invisibles. Para desactivarlas, el primer paso es descubrirlas.

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