El Cambio que no Vemos y las Medidas que no Tomamos…

"CASI INVISIBLE" Autor: Jorge Álvaro González @jorgerejalon48

¿Cuál es Árbol que no nos deja ver el Bosque?

En mi último post escribía sobre el cambio que no vemos, siguiendo el ejemplo del leñador de Tolstoy. Sigo hoy con las medidas que no tomamos, pero también con las que podemos tomar.

Porque los ciudadanos somos parte del cambio de nuestro entorno, sea sostenible o destructivo, sea muchas veces inconsciente y a veces consciente. Así que, mientras se secan nuestros embalses y se desertifican amplias zonas del planeta, nosotros, con las prisas, no solo no apreciamos la suerte que supone contar con agua potable con tan solo abrir un grifo, si no que no cuidamos este recurso y la malgastamos. De hecho, los españoles consumimos el doble de agua que la media mundial.

Tampoco somos conscientes de la fácil disposición de energía, cuyas fuentes tienen tantas consecuencias para el cambio climático. Porque, aunque el acceso debe ser un derecho, también es un deber su uso responsable. Más de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera corresponden a actividades en las que los ciudadanos participamos directa o indirectamente?

¿Queremos participar de un cambio sostenible?

Lo primero que tenemos que hacer es empezar a observar el sistema en el que estamos como un todo y ampliar nuestro foco de atención. Debemos intentar ver más allá de la leña y esforzarnos para que los árboles no nos impidan ver el bosque –el gran ecosistema de nuestro entorno- e identificar los cambios que en él ocurren.

Después, es cuestión de asumir nuestra la responsabilidad ante la irreversibilidad de estos cambios. Evidentemente, todos los cambios tiene consecuencias buenas y malas. No es casualidad, pero el poco uso de la madera en construcción, traviesas, leñas y para papel, ha dado una frondosidad a los montes, donde hace décadas no era así. Tampoco será casualidad que esa frondosidad termine siendo pastos de las llamas. Debemos darnos cuenta de las pequeñas mejoras en cualquier área llevan ligadas consecuencias, que puede ser costosas o sencillamente irreversibles.

Se habla ahora mucho de participación política. Pero cada vez que compramos o consumimos algo, ejercemos un voto al elegir un producto u otro, que tiene consecuencias en los cambios sociales, ambientales y económicos que nos rodean. ¿Qué tipo de consumo ejercemos? ¿Qué tipo de cambio estamos construyendo?

Así que, cuando se impone la necesidad de un cambio irreversible, ese cambio sebe ser necesariamente sostenible.

¿Cómo promover el consumo para un cambio sostenible?

Si miramos atrás, hay dos cambios sociales recientes de los que poder aprender: la reducción de accidentes en carretera y la reducción del consumo de tabaco. En ambos casos se desarrollaron campañas de concienciación, pero también medidas legales punitivas para castigar las prácticas no responsables. Todo esto nos ha hecho cambiar y lo que es tanto o más importante, ha hecho cambiar la percepción pública. Donde estaba bien visto fumar, ahora es casi un “pecado”. De igual forma, hemos mejorado nuestras prácticas al volante y lo que antes casi se apremiaba, ahora se castiga legalmente y socialmente. Se trata de dos ejemplos interesantes donde las políticas públicas y la educación han contribuido a mejorar nuestra acción ciudadana sostenible y responsable.

Pero, ¿por qué esperar a la política electa? Comencemos hoy, si aún no lo hemos hecho. Poco a poco, paso a paso, como cuando aprendimos a andar. Solo así, dejaremos directamente de medir la profundidad de todos esos pozos donde no debemos caer.

La red está llena de prácticas que nos pueden ayudar a participar sosteniblemente de los cambios. A continuación encontrarás algunas ideas, por ejemplo, para reducir nuestro consumo de energía y de agua:

  • Comprar electrodomésticos eficientes y usar bombillas de bajo consumo.
  • Apagar las luces y los aparatos electrónicos cuando no estamos en la habitación. También podemos desconectarlos para ahorrar incluso más energía eléctrica.
  • Secar la ropa al aire libre. Podemos reducir la huella de carbono en más de 1000 kg al año colgando la ropa al aire libre para que se seque en lugar de usar una secadora.
  • El uso del lavavajillas supone hasta un 40% menos de agua y un 10% menos de energía que lavar a mano. Eso sí, al igual que la lavadora, debemos procurar que estén siempre a plena carga, ya que conlleva un ahorro de hasta el 50% de energía.
  • Cerrar el grifo cuando nos lavamos los dientes. Llenar moderadamente el lavabo para lavarnos la cara, las manos o afeitarnos. Con esto podemos ahorrar hasta 12 litros.
  • Reparar todos los grifos que goteen.

Tampoco podemos olvidarnos de reciclar. El 65% de la basura que generamos en nuestro hogar se puede reciclar. Por ejemplo, cada botella de vidrio que se recicla ahorra la energía que necesitan cinco bombillas de bajo consumo para funcionar durante cuatro horas.

Y con estas prácticas, no solo estaremos participando del cambio sostenible que queremos, pero además estaremos ahorrando en todo aquello que realmente no necesitamos.

El presidente J. F. Kennedy preguntaba a sus conciudadanos en su discurso de inauguración el 20 de enero de 1961 que no se preguntasen que podía hacer su gobierno por ellos, sino que podían hacer ellos por su sociedad. ¿Quizás tengamos que preguntarnos más frecuentemente que podemos hacer nosotros por nuestra sociedad?

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Jorge Alvaro.

2 Comentarios

  1. En un planeta donde se tiende a residir en grandes ciudades, los servicios se suelen centralizar en grandes entidades que tienen en su mano aplicar sencillas medidas con gran repercusión … y por cierto, sin necesidad de experimentar con los impuestos. Nunca será tarde?

  2. Excelente artículo, estoy totalmente de acuerdo. Si todos tuviéramos más en cuenta el impacto de nuestras acciones en el sistema y la comunidad, seguramente podríamos conseguir grandes cambios positivos

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