En busca de sí

Gaviota de agua dulce sobre el Guadiana. Foto de la autora.

Estos días he leído un libro de esos que parece que llevan toda la vida esperándote. Había oído hablar de él en repetidas ocasiones, como recomendación de varios amigos, en las redes, en mi programa de radio favorito. Parecía estar llamándome desde todas partes. Tanto es así, que mi librera María, que me conoce bien, cuando se lo compré se extrañó muchísimo de que aún no lo hubiera leído. El caso es que he estado mucho tiempo mirándolo desde lejos, y debe ser por eso por lo que escuché un pequeño reproche al abrirlo por primera vez. Un reproche muy leve, eso sí.

El libro es “Biografía del Silencio”, de Pablo D´Ors, un pequeño ensayo que guarda esencias poderosas y que ha conseguido recordarme con fuerza, con mucha fuerza, enseñanzas que, de tan básicas y fundamentales, tenía bastante olvidadas.

Una de ellas es que mi principal objetivo es encontrarme a mí misma. “Porque normalmente vivimos dispersos, es decir, fuera de nosotros (…), y la única pregunta necesaria es ¿quién soy yo?“. No pasa nada si esta pregunta nos sume irremediablemente en un pozo de decepciones, porque llegaremos a descubrir que el problema radica en las ideas que nos habíamos hecho, que lo que decepciona son las ideas y que la desilusión es nuestro principal maestro. La desilusión que nos conecta con la realidad. Nos damos cuenta con ello de que “la vida se nos va en el esfuerzo por ajustarla a nuestras ideas y apetencias“, y de que no podemos dejarla escapar, porque bajo su apariencia prosaica, la vida, cualquier vida, es mucho más hermosa e intensa que la mejor de las fantasías“.

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En este proceso es clave mirar nuestro pasado con compasión, porque “no puedo condenar a quien fui en el pasado (…), es absurdo condenar la ignorancia pasada desde la sabiduría presente“. Y el logro fundamental es mirar al futuro sin miedo, sabiendo que “siempre que sufrimos algún embate serio en la vida, estamos llamados a renacer de nuestras cenizas, a reinventarnos“. Y es bueno reinventarse todas las veces de las que sea uno capaz, elaborando la frustración de forma creativa, sin resignación, porque “todos podemos desear cosas, pero a sabiendas de que nuestra realización humana no depende de la consecución de las mismas“.

Voy comprendiendo que siempre sucede lo que tiene que suceder. Lo que sucede es siempre lo mejor de lo que podría haber sucedido. El devenir es mucho más sabio que nuestras ideas o planes. Pensar lo contrario es un error de perspectiva y la causa última de nuestro sufrimiento y de nuestra infelicidad. Solo sufrimos porque pensamos que las cosas deberían ser de otra manera (…). En cuanto dejamos de imponer nuestros esquemas a la realidad, la realidad deja de presentarse adversa“.

Cuesta asumir todo esto, al menos a mí. Una cosa es leerlo y estar de acuerdo, y otra cosa asumirlo y vivirlo. Quizá en ese proceso consista la vida. “Vivir es preparase para la vida“, dice D´Ors, algo que no se termina de lograr nunca, pero que siempre “es un viaje espléndido, para el que solo hay una cosa que debe evitarse: el miedo“.

El miedo, el temor a vivir. D´Ors tiene la impresión de que la meditación se ha inventado solo para erradicar el miedo“, porque “la vida es todo menos segura y quien decida vivir ha de aceptar el riesgo“, y superar todas “esas salvaguardas fomentadas por las convenciones sociales y presiones de todo género“.

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Me pregunto muchas veces si yo estoy dispuesta a aceptar ese riesgo, a dejar atrás todas mis dudas sistemáticas, mis visiones dramáticas del pasado, las parálisis que me imponen mis fracasos pasados e incluso los futuros … Se necesita mucho silencio para esto, para vivir la realidad y “demoler los sueños que nos han encarcelado“, para superar tantos apegos cuya posible pérdida me causa terror y no me deja avanzar.

El apego, otro asunto fundamental. El apego como “aparato ideológico que rodea a lo que tenemos y, sobre todo, a nuestra manera de tener o no tener“. Y la meditación como “manera de purgar el apego“, como forma de aprender que nada es más fuerte que yo si no me apego a ello“, que “cuando no nos agarramos a nada, volamos”. Sobre esto último, sigo recordando los versos que escribí hace unos años, y me sigue apenando lo fugaces que son a veces las iluminaciones. Tanto, que se oscurecen en seguida si las dejamos pasar.

Libre el corazón
que se sabe de paso
en un mundo
donde nada le pertenece
y todo se diluye entre cenizas.”

Sigue siendo una tarea lograr esa libertad, la que se consigue con “el dominio de sí que da la quietud“, con “paciencia, constancia y determinación“. También con la “humildad de estar dispuesto a dejar los ideales y las ideas y a tocar la realidad“, y la de saber que “todo, absolutamente todo, depende en una medida enorme de nosotros” por mucha que sea nuestra tendencia a culpar a los demás (“a nuestros padres por un mal rasgo de nuestro carácter, a nuestros hijos de nuestra renuncia a toda aspiración personal“).

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Ardua tarea la de buscarse a sí mismo, ardua e interminable, porque “cuanto más se observa uno, más se desmorona lo que creemos ser y menos sabemos quienes somos“. Pero no hay otra posible, porque “vivir es transformarse en lo que uno es” para, desde, ahí conectar con el mundo  y ensanchar el alma para acogerlo, que “tanto más noble es un ser humano cuanto mayor sea su capacidad de acogida“. De esta forma, la búsqueda de sí nos lleva al olvido de sí, ese que hace posible el Amor verdadero cuya máxima expresión celebramos esta misma semana.

Este es el camino que me ha recordado el libro de Pablo D´Ors, un camino que no acaba, pero que encierra una gran promesa. Con ella termino para animarnos a no desfallecer, por muy grande que sea la tentación:

La tierra prometida eres tú. No puedes desesperar, puesto que el tesoro está en ti y lo llevas siempre contigo; en cualquier momento puedes refugiarte en él si lo deseas. Tienes una fortaleza en tu corazón, y es inexpugnable.

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2 Comentarios

  1. Sencillez y humildad, pudieran ser pistas de respuesta al enigma… ¡Ah!, y bajar el diapasón un par de tonos respecto cierta fantasía de omnipotencia que tan barata se nos vende hoy en tantos sitios.

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