Es Navidad. Movamos el mundo por dentro.

Foto de la página de Facebook del Ayuntamiento de Mérida.

20 de diciembre. Mi último post del año para esta pequeña comunidad de los amigos de entreParéntesis. ¡Y en mi primer año como colaboradora además!

Confieso que llevo mucho tiempo dándole vueltas a qué escribir en este último post, buscando algo redondo, como de cierre de año … y solo venían a mi cabeza territorios comunes altamente manidos, o historias ñoñas, o, lo que es peor, visiones deprimentes de todo lo que nos rodea. Y en esto que quedé a comer con mi amiga Ana.

Todo el mundo debería tener una amiga Ana. Conectamos en la tierna infancia, nos hemos acompañado todo nuestro tiempo vital (y segura estoy de que nos seguiremos acompañando en el más allá), y aunque nos vemos de higos a brevas, a veces transcurriendo años entre los higos y las brevas (juventud divino y loco tesoro), pues resulta que cada vez que nos vemos tenemos esa maravillosa sensación de no habernos separado ni un instante.

Pues bien. Recapitulando. En esa comida con Ana hace unos pocos días, le contaba yo mis pequeñas desolaciones, mis pequeños desencuentros con la vida (pequeños pero continuos). Y ella, realista y positiva como es, me sacó la lista de bendiciones con las que había sido agraciada (ella entre ellas claro 😊) por las que debería dar puerta de una vez por todas a los miedos y las angustias, a toda esa sensación de fracaso que a veces nos aplasta. Y me dio un consejo muy concreto: enfócate desde ya y cuando escribas, por favor Eulalia, DEJA DE SER FADISTA.

Y con ese propósito empiezo mi post navideño. Me cueste lo que me cueste. Y me va a costar, porque los fados son tan melancólicos, tan evocadores y tan bonitos (apuntad que hay que escuchar fados en Lisboa al menos una vez en la vida).

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Pues ¡allá voy!, con la intención de ser chispeante y positiva como una burbuja de cava (extremeño o catalán o de la región que sea, con permiso de mis paisanos). Y va a ser un gran esfuerzo, porque reconozco que cada año me cuesta más sobrellevar la ñoñería, el bullicio y la añoranza que desencadenan las fiestas navideñas. Todo junto forma una mezcla explosiva, y no puedo con ella. ¡¡Aggg!!

Y no está bien esta actitud, lo sé, porque celebramos lo que debería ser el motivo de nuestra mayor alegría: nuestro Dios, hecho niño recién nacido, se apiada de su criatura hasta el infinito y más allá y viene a salvarnos de nosotros mismos. Con lentos resultados, eso sí, como podemos ver en la historia de la humanidad, pero Él sigue viniendo y viniendo, y nosotros lo celebramos una vez al año para que no se nos olvide. Por mucho que en nuestra sociedad de las prisas, el consumo y la conexión continua, parezca que nuestro Niño-Dios queda en un segundo plano. ¿Qué digo en un segundo? En un plano tan alejado que ni se le ve entre el desenfreno y la tontería de lo políticamente correcto, que “tontás” tenemos más que botellines. La única opción que es que lo vivas en tu propia burbuja.

Y hete aquí que eso es lo que nos han puesto este año en la plaza de mi pueblo: una burbuja tan gigante que se ha atrevido a engullir hasta la fuente. Y a mí me ha dado por pensar, que es una burbuja mágica que ha venido en mi ayuda para seguir la recomendación de Ana. Seguro que esconde dentro todo lo de este año que merece la pena recordar y muchas pistas para afrontar con ánimo proyectos valiosos el año próximo, proyectos que conecten con tu misión y beneficien a muchos, buscando ese bien que sea cuanto más universal. He hecho una pequeña prueba, me he metido dentro cuando nadie me veía y me he puesto a mirar atentamente lo que proyectaban sus paredes para mí.

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He visto los grandes profesionales que he conocido este año, gente de toda procedencia y condición, que desde su profesión quieren hacer una sociedad más amable y un mundo más justo: Elisa, Yolanda, Txell, Angustias, Cristina, Fernanda, Elvira, José Luis (pongo más mujeres para compensar otros porcentajes).

Este descubrimiento me da toda la esperanza, porque también he visto que hay más gente de la que pensamos con la que podemos hacer equipo, que nuestra misión está en crear redes de gente que trabaje en coherencia con los valores que humanizan la empresa, la Administración, las asociaciones, la Universidad, los barrios, la sociedad toda entera. Está muy claro que hay que crear red y hacerla cada vez más fuerte. Incluso vivir de eso si es posible, como proyecto totalmente redondo.

He visto aquella clave que me dio Raúl con el platonismo dinámico… ¡cómo nos ayuda ver nuestra vida como en algo en movimiento, visualizar todo aquello que vamos avanzando, enfocar el camino no solo hacia lo mejor, también desde lo posible y previendo las consecuencias! ¡Y qué daño nos hace el platonismo estático con esos ideales perfectos, irreales e inalcanzables que sólo conducen a la sensación de fracaso, a la desesperanza, incluso al odio y la ira frente a ciertas circunstancias y personas!

Y también vi en la burbuja aquellas frases geniales que nos dijo Fernando Velasco en julio, en aquel encuentro de doctorandos: “Pensar es mover el mundo por dentro …  Se necesitan ideas para comprender, cambiar, vivir … Hay que ser valientes y soñar y poner toda la pasión, todo el sacrificio y tener paciencia, porque no hay atajos”.

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Mover el mundo por dentro … Movámoslo. Es posible. Estamos a tiempo. Lo veo dentro de esta súper burbuja :).

Os dejo la foto para que hagáis la prueba y me contéis si vosotros también lo veis.

Aprovecho para desearos una muy feliz Navidad, rodeados de buena gente para disfrutar y construir esta vida compleja, turbulenta, hermosa, incierta, como dice el maravilloso Canto de Adviento de Olaizola que tantas pistas y tanta ayuda me ha prestado estos días. Aquí os lo dejo también.

Y que el año próximo sigamos aquí, unidos, trabajando en red, disfrutando de la compañía de los demás, buscando quimeras como las de la canción de Jorge Drexler que tanto me gusta, con la que me despido.

¡¡Feliz Navidad y feliz y provechoso 2018!!

 

Imagen tomada de la página de Facebook del Ayuntamiento de Mérida.

7 Comentarios

  1. Gracias Laly por tu reflexión, por tu llamamiento a movernos y especialmente por ser testimonio de ello. Sigue escribiendo. Un abrazo de nuestra parte y Feliz Navidad para ti y toda la buena familia que sois. Espe y Boris 🙂

  2. Mil gracias Laly por aportar ricos pensamientos que nos/me hagan reflexionar en estos días tan llenos de “superficialidad” y me ayuden a empezar el año con perspectivas positivas para, como dices, mover el mundo, (empezando por el que pilla cerca).
    GRACIAS DE CORAZÓN

  3. Muchas gracias Paco. Me alegra haberte ayudado a mirar dentro de la bola. Gracias por compartir esa enseñanza esencial: poner el corazón para lograr que el otro se sienta querido. Ojalá consigamos que se extienda y se practique como norma fundamental. Un abrazo

  4. Muchas gracias querido José Luis!! Habrás visto que te nombro entre todas las mujeres :). Un abrazo gigante como la bola. Feliz Navidad!!

  5. Graciasss Lali… Por un momento yo tambien me he metido en esa gran bola…. Y sabes..
    me he visto rodeado de un monto de gente de ese pueblicito que al mismo tiempo es capital de Extremadura… He visto a personas que me quieren y a las que quiero y que me han ayudado a aprender que lo más importante y lo que más se nos pide y es que pongamos en todo nuestro corazón… Que la gente necesita sentirse querida.

  6. ¡Qué bonito, doña Eulalia!
    Haces honor a tu nombre, querida Laly…
    ¡Feliz Navidad y todo lo mejor para 2018!

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