Un viejo chiste: El Emperador preside unos juegos en el Coliseo romano para contentar a la plebe. Unos cristianos son arrojados a la arena; unas fieras hambrientas salen y se los comen. El público manifiesta gran contentamiento. Más cristianos son sacados; más leones hambrientos salen por las trampillas y los devoran. Rugido de satisfacción popular. Un tercer lote de cristianos es empujado al ruedo; otro grupo de feroces leones sale, pero esta vez los cristianos se comen a los leones. La plebe queda en silencio, perpleja. El Emperador, inquieto, manda llamar al Maestro de Ceremonias. El Maestro le da explicaciones: “Es que se nos acabaron los cristianos normales, Sire, y hemos tenido que usar unos demócratacristianos”.

Me vino el chiste a la mente cuando la semana pasada Tania Sánchez anunció su nuevo proyecto político en Madrid, con el apoyo del Partido por un Mundo más Justo (M+J). Este es un partido cuyo fin principal es la erradicación de la pobreza, donde participan muchas personas del universo de las ONG. Son en general gente con excelentes intenciones y con una trayectoria significativa de servicio social.

Una de las consecuencias más lamentables de la putrefacción de los medios políticos españoles, consiste en que los jóvenes con más vocación de servicio público no se incorporan a un partido político, sino a una ONG. Desde las ONG se puede presionar al poder; pero presionar no es lo mismo que ejercerlo. Para ejercer el poder hay que entrar en la contienda política a través de un partido. Esto es lo que han descubierto los militantes de M+J. Hace un siglo cualquier bachiller lo hubiera sabido, pero dado el contexto, más vale tarde que nunca: los militantes de M+J a través de la participación en otras organizaciones han concluido que los partidos no tienen sustituto. Sería bueno que el ejemplo cundiera, porque esta huida de jóvenes con genuina vocación de servicio político lo más lejos posible de los partidos, es un auténtico desastre para la sociedad española: dejarle la charca entera a los caimanes.

Hasta ahí bien. El problema es apoyar a Tania, de quien sin duda pueden cantarse muchas alabanzas, pero no que hiciera una política diferente cuando tuvo algún poder. Más bien al revés, muy a la española, con ella parece haber llegado a la concejalía de Rivas Vaciamadrid toda la familia. Felizmente no le dieron Obras Públicas, sino algo más modesto.

El Mundo Más Justo coincidirá con Tania Sánchez en suficientes puntos programáticos como para apoyarle. El problema no está ahí, sino en la concepción de fondo de la política a la que hemos dedicado dos posts: este y este. Si la política pretende realizar un proyecto moral (por ejemplo, una sociedad más justa, una sociedad sin pobreza), entonces la autoridad moral de tus socios, no digamos de tu cabeza de cartel, son esenciales. Pero si la política consiste en lo que haga falta para tocar poder, y luego ya haremos el bien desde ahí, entonces lo importante es que la cabeza de cartel pueda colocar algunos diputados en la Asamblea, que sea conocida en los medios, que tenga buenos contactos. Estos son los demócratacristianos que se comen a los leones.

(Un paréntesis: podría pensarse que la coherencia ética es un mal negocio en el juego del poder. No necesariamente. Si en mayo de 2010 Zapatero hubiera convocado elecciones, dejando al PP hacer la política de la derecha que Bruselas exigía, ¿hay duda de que la oposición a esa política iría hoy por el cauce del PSOE y no de Podemos? En vez de eso, Zapatero prefirió permanecer en el poder unos meses más, traicionando su proyecto económico. Resultado: en 2015 el PSOE sigue sin ser una oposición creíble y va camino de obtener su peor resultado electoral en 40 años. Pragmatismo, pragmatismo.)

Hace falta una cierta consistencia interior para mantenerse en la política como proyecto ético que usa el poder de herramienta; en vez de la política como proyecto de poder que utiliza un lenguaje ético. La diferencia no es solo relevante sino también irreversible: si se entra por el segundo camino, se trata de alcanzar el poder primero, pero después también de mantenerlo y acrecerlo. Si para obtener algún poder sacrificaste rasgos éticos esenciales de tu política, con más razón los sacrificarás para sostenerte en él y para ganar diputados. El momento de desarrollar tu proyecto ético nunca llegará, salvo en aquello que te dé votos. Y entonces, ¿en qué se diferencia tu política de quienes entraron en las juventudes de un gran partido a los 16 años, para trepar en él? Ellos también aprenden a hacer discursos bonitos, y a apoyar a quien sea preciso con tal de acercarse al poder.

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Un pequeño apéndice cinematográfico: cuando dejó Izquierda Unida después de ganar las primarias en la Comunidad de Madrid –un llamativo caso de deslealtad exprés–, Tania Sánchez afirmó hacerlo para promover la “unidad popular”. Este es un viejo reflejo de la extrema izquierda: escindirse de un partido y llamar “unidad” a la escisión. Tan conocido es ese reflejo, que está contado en un pasaje de la Vida de Brian (1979), el cual tomamos a continuación de YouTube:

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Fuente: escuelapedia.com/politica-de-pan-y-circo/