Blanco, azul y rojo

Los colores del título de este post no se refieren a la bandera de un país, ni a una equipación deportiva, son el código de colores con el que se distingue a las personas, -según su sexo y sentencia- que cumplen prisión en la cárcel de  Al-Qanatar en El Cairo.

Las mujeres visten con un uniforme/pijama blanco, el de los hombres es azul y quienes cumplen sentencia de pena de muerte, visten de rojo. Sí, pena de muerte; la ley egipcia aún permite y practica la pena de muerte. Y ni siquiera cumple algunas de las reglas como “excluir de la pena capital a las madres con hijos a cargo”.

Las condiciones de la prisión incumplen la mayoría de los Mínimos Estándar y Reglas para el Tratamiento de Prisioneros violando de diversas maneras sus derechos humanos:

-El centro tiene una capacidad de unas 1.200 plazas y actualmente hay más de 2.000 personas en prisión, de las cuales la mayoría son mujeres. Las condiciones de hacinamiento son absolutamente denigrantes, especialmente en el recinto de las mujeres ya que es la única prisión en Egipto para mujeres; en algunas habitaciones duermen hasta doscientas personas sin más espacio que el justo para poner sus cuerpos sobre el suelo. Algunas duermen en el suelo del baño, pues el hacinamiento es insoportable.

-La falta de higiene es otra constante que se puede ver incluso en la sala de espera donde, junto a los familiares, esperamos un largo y aleatorio turno para la visita.

-Al principio no lo creía, pensaba que exageraban pero les dan cada día de la semana un “ingrediente”, está así regulado. Hay un día que toca pan, otro les dan una cebolla, otro día dos zanahorias, otro habas, otro arroz, y así, vuelta a empezar, otro día pan, otro cebolla,…Tienen una cantina donde pueden comprar, pero la mayoría no tienen dinero, especialmente las personas extranjeras ya que se encuentran solas en el país.

Cada semana les llevamos comida y dicen que en ocasiones la policía coge lo que quiere sin ningún reparo. El trato por parte de la policía es denigrante, incluso delante de nosotros, es decir, de puertas a fuera.

No hay atención médica ni medicinas suficientes para la mayoría de los prisioneros y esto, junto a la falta de higiene y hacinamiento, genera unas condiciones realmente peligrosas para la proliferación de virus y enfermedades.

-La falta de asistencia legal y judicial es absolutamente dramática. Depender por completo del sistema judicial egipcio, sin contar con un abogado privado (cosa que la mayoría no puede pagar), significa que el caso, el proceso penal, seguirá un curso de total desamparo y un alto grado de aleatoriedad.

No es excepional la extensión del tiempo en prisión simplemente por encontrarse ante un sistema injusto e inepto que les retiene en muchos casos por pura ineficiencia burocrática.

Estos son sólo algunos ejemplos de las carencias que puedo mencionar superficialmente, no es este post un informe exhaustivo, pues la magnitud del asunto requeriría una extensión de la que no disponemos. Añadir a esto, que la cárcel que visito, la cárcel de Al-Qanatar, probablemente es una de las mejores cárceles de Egipto, los prisioneros que han tenido ya que pasar por varias expresan que esa es “un hotel comparado con las anteriores”.

A nuestro grupo, sólo nos permiten visitar a las personas extranjeras (hay unas 300). Son las más vulnerables porque al estar fuera de su país, no reciben visitas, ni ningún tipo de apoyo jurídico, moral, ni económico.

Hay un grupo de personas latinoamericanas (Bolivia, Colombia, Perú, Venezuela y México), unas pocas de origen europeo y, la mayoría africanas; algunas de ellas simplemente venían huyendo de las situaciones de sus países en guerra (como en el caso de las personas procedentes de Eritrea, personas que deberían recibir el estatuto de refugio) y fueron interceptadas por la policía egipcia como migrantes sin documentación, firmaron un papel en árabe que no entendían y ahora sufren largas sentencias sin ningún tipo de asistencia legal.

El grupo de voluntariado con el que realizo la visita está organizado por las iglesias (en plural), es un servicio ministerial concertado entre el mosaico de iglesias cristianas presentes en El Cairo: la Copta, la Protestante, la Anglicana, la Católica, la Ortodoxa, etc.

En este país, a pesar de que el cristianismo es una minoría existe una riquísima diversidad de iglesias, sin embargo, en contra de la lógica, raramente colaboran entre sí y mantienen rígidas fronteras. Esto que sería el nivel institucional, convive extraña y paralelamente con el fuerte sentimiento de la gente creyente de a pie, de las comunidades cristianas, que sienten con más fuerza de la que yo nunca haya testimoniado que Cristo es la raíz y que el apellido poco importa.

Pero afortunadamente incluso en los desiertos institucionales se encuentran oasis y por suerte me encuentro con este oasis de esperanza de esta actividad concertada entre iglesias para visitar a las personas en prisión. Cada una con su tradición, inspiración, ritos, su historia, etc. En eso, hay que confesar que hay veces que cuesta (y mucho) entenderse, pero hay una cosa en la que nos entendemos perfectamente y en la que no podemos fallar que es el amor al prójimo y la justicia.

A mí me parece que eso es un fundamento para el diálogo interconfesional e interreligioso, que cuando ponemos el foco en la dignidad humana y creemos en la Encarnación, las diferencias y las fronteras se desvanecen. Cuando las identidades no ocupan tanto espacio y ponemos el acento en lo común y no en lo que nos identifica (no porque la identidad no sea importante, si no porque no hay miedo a perderla y porque queremos construir juntos), entonces podemos construir iglesias (en plural) enraizadas en Cristo y servidoras de los y las pobres (en femenino y masculino).

A la vuelta de la visita, en el microbús con el que atravesamos El Cairo, voy comentando con uno de los voluntarios: un hombre de unos cuarenta y pico años que padeció una severa adicción a las drogas durante años, hasta encontrar a Dios y convertirse. Comentamos sobre la visita y los encuentros que hemos tenido, me mira con alegría y brillo en los ojos y me dice: “No lo olvides, el Reino de Dios es de los pobres”.

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Fuentes de las fotografías: Foto1: Egyptian Streets, Foto 2: Aljazeera , Foto 3:ArabSpring.net

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