Bioética global desde Francisco para una ecología integral de la vida

Por Dr. Agustín Ortega Cabrera

Seguimos celebrando los cinco años de Francisco como Papa. Y, como regalo, nos ha dado su nueva, bella e imprescindible Exhortación Apostólica “Gaudete et exsultate (GE)”, sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo. En donde, con su enseñanza y testimonio, nos sigue transmitiendo una profunda bioética global que, en el horizonte de su ecología integral, es poco conocida, ocultada e incluso manipulada. Afirma el Papa que “la defensa del inocente que no ha nacido debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte. No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente” (GE 101).

Tal como se observa, en la línea de otros testigos de la fe y la santidad como Mons. Romero (Hom. 18-03-1979), Francisco nos muestra una ética del cuidado de la vida en todas sus fases, dimensiones y aspectos. Ya en su programática Exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG), por ejemplo, nos llama a cuidar a “los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo” (EG 213). La defensa de la vida y la dignidad de todo ser humano, como es el niño que está en el vientre de la madre, constituye el pilar básico de la ética y de los derechos. “La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, ‘toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre…” (EG 213).

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Más allá de toda ideologización de la ética y de la fe, hay que promover el cuidado y defensa de la vida de toda persona, como es el embrión que habita en la madre, que “es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno…Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo” (EG 213).

Por lo tanto, toda está ética del cuidado y defensa de toda vida humana, con una bioética global, es razonable, humanizadora y coherente. “Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión… Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o ‘modernizaciones’. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (EG 214). En este sentido, recomendamos leer la declaración “defensa de la vida humana naciente y protección de toda mujer gestante”, de la Universidad Pontificia Comillas. En dicha declaración se afirma muy acertadamente: “la defensa de la dignidad y del valor de la vida humana es la primera condición necesaria para encontrar la justicia y la paz en nuestra herida convivencia ciudadana. Dicha defensa constituye el mínimo en el que convergen democracia y derechos humanos. En los últimos años, nuevos avances en el conocimiento de la biología molecular del embrión y del feto nos llevan a la convicción de que desde la concepción nos encontramos ante una nueva vida humana distinta de sus progenitores y que, aunque dependiente y en fase de desarrollo, merece el respeto y la protección de la que gozan todos los seres humanos”

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Más, todo ello, no debe llevar a la criminalización y condena de la mujer que es una de las víctimas principales de todos estos dramas de la vida y que, muchas veces, no encuentra el acompañamiento o apoyo preciso. “Es verdad, sigue mostrando Francisco, que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?”. La fe e iglesia nos muestra una fe y ética de la misericordia que acoge todo sufrimiento, como es el de la mujer en todas estas situaciones tan difíciles y dolorosas.

De esta forma, como vemos en todo lo anterior, Francisco promueve la bioética global y la ecología integral en la defensa de la vida, de la justicia bioética, social, ecológica y global frente a todo mal, desigualdad e injusticia. Y es que, como nos sigue comunicando el Papa en su Encíclica Laudato si (LS), “en lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud reproductiva»” (LS 50).

En coherencia ética, hay que luchar por la vida y dignidad de toda persona, por el niño no nacido, por la justicia con los pobres de la tierra, con los oprimidos y víctimas de la historia “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada” (LS 91).

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Frente al relativismo e individualismo, debemos reconocer los valores y principios firmes como es la defensa de la vida en toda la realidad humana, social e histórica. Sin esquizofrenias e incoherencias éticas en la inter-relación inseparable de todas estas cuestiones bioéticas, morales y sociales. “Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad -por poner sólo algunos ejemplos-, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona” (LS 117).

Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades… Es preocupante que cuando algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo” (LS 120, 136).


Ph. D. Agustín Ortega (España) es Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología). Asimismo ha realizado los Estudios de Filosofía y Teología, Doctor en Humanidades y Teología. Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y, actualmente, de la UNAE (Universidad Nacional de Educación) así como invitado en diversas universidades latinoamericanas. Autor de diversas publicaciones, libros y artículos.

2 Comentarios

  1. Excelente artículo, como nos falta en el currículo escolar enfatizar más estos temas, proponer cambios a nivel magisterio para inyectar a nuestros educandos y docentes la importancia de la Bioetica. Acaso lo que estamos viviendo NO es una marcada ausencia de ética en todas las áreas de de nuestra vida???

  2. A mí me gusta más, personalmente, el lenguaje del amor y la acogida. Acoger la vida es la base de cualquier compromiso con ella. Deberíamos promover más el lenguaje de la acogida, de la vida como don y regalo, y sólo desde ahí hablar de defenderla.
    Efectivamente, la vida, mi vida, toda vida, es un don de Dios, que deberíamos saber acoger. Y deberíamos preguntarnos como hemos construido una sociedad que no acoge y celebra la vida. A lo mejor hay muchas cosas en que deberíamos comprometernos para ser coherentes en la “defensa” de la vida. A ello, desde luego, nos invita el papa, junto a toda la tradición de la Iglesia.

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