“Berta Isla” de Javier Marías

Berta Isla de Javier Marías ha sido la novela sobre la que ha girado el tercer Taller de lectura del presente curso, en el marco de las actividades que lleva a cabo entreParéntesis para fomento de la reflexión, del intercambio de ideas y, por consiguiente, el enriquecimiento personal.

Javier Marías (Madrid, 1951), autor conocido por su asidua colaboración en El País semanal y por su ya larga labor como novelista, reabre con esta novela, formando así una  tetralogía, el denominado Ciclo de Oxford (que incluye Todas las almas, Negra espalda del tiempo y Tu rostro mañana). Berta Isla conecta directamente con este ciclo, pues su trama nace en Oxford, y aparecen algunos personajes de Tu rostro mañana, como el profesor Wheeler y sobre todo el siniestro Bertram Tupra. Pero también recupera algunos motivos de otra gran novela más reciente, la titulada Los enamoramientos.

Berta Isla y Tomás Nevinson se conocieron en Madrid siendo muy jóvenes, y decidieron muy pronto pasar la vida juntos. Los aguardaba una convivencia intermitente y después una desaparición. Tomás, medio español y medio inglés, es un superdotado para las lenguas y los acentos, y eso hace que, durante sus estudios en Oxford, la Corona ponga sus ojos en él. Esto condicionará el resto de su existencia, así como la de su mujer. Estamos ante la historia de una espera y de una evolución, la de su protagonista; y ante la historia de la fragilidad y la tenacidad de una relación amorosa condenada al secreto y a la ocultación, al fingimiento y a la conjetura, y en última instancia al resentimiento mezclado con la lealtad.

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En esta ocasión los participantes del taller hemos coincidido de modo unánime, aunque con algunos matices atenuantes, en valorar muy positivamente la novela de Javier Marías y en manifestar el disfrute que nos ha proporcionado su lectura. Se la ha calificado de redonda, entretenida, con personajes muy bien construidos a los que se les ve evolucionar a lo largo de las abundantes páginas en las que se narra su historia. El entorno familiar y social que rodea a los personajes no es tan verosímil, es uno de esos matices discrepantes; pero cabe preguntarse si es que ese contexto le ha interesado al autor tratarlo realmente.

Es evidente el ejercicio de estilo y el magistral manejo del lenguaje y de los rescursos literarios de Javier Marías, si bien en ocasiones el yo de autor se hace muy patente en abundantes disgresiones, donde en algunas de ellas se pone de manifiesto su conocida actitud de “cascarrabias”, al discrepar del modo de pensar y de determinados hábitos sociales de los españoles de este siglo XXI. A propósito de alguna de estas digresiones, nos preguntamos sobre nuestra coincidencia con la afirmación del autor de que “la gente ha perdido sustancia, densidad, profundidad” y de que “va a dejar un mundo mucho menos agradable y menos inteligente que el que se encontró al nacer”. En general la visón de los participantes, aun coincidiendo con alguna de sus maifestaciones, como puede ser el retraso que se ha producido en alcanzar la madurez, en la prologación excesiva de la adolescencia y la superprotección de la juventud, sin embargo no compartíamos su visión tan pesimista.

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La novela trata muchos temas: explora los fanatismos, se plantea que el ser humano no es dueño de su destino; hay ocasiones, como la que vive el protagonista, en la que las circunstancias pueden llevarte a prescindir de tu propia personalidad, a dejar de ser quién eres, a no ser nadie, y a no conocerste. El destino que nos va tocando a cada cual es el que, en definitiva, nos va conformando.

La preocupación por la doblez, por los secretos,por la traición, por los fanatismos, son tambien ideas que aparecen en el relato y donde el autor pone de manifiesto el rechazo hacia esas actitudes y comportamientos. Son temas, por otra parte, que aparecen con frecuencia en sus novelas, porque para el autor son temas universales que todos vivimos y padecemos.

Estamos, en definitiva, ante una novela que merece la pena leerse por las ideas profundas que plantea, por situarnos ante la impenetrabilidad del otro, ante la soledad y ante la necesidad del amor.

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