Basta de impunidad ante el ciberacoso machista

El ciberacoso global antifeminista no puede seguir campando a sus anchas con total impunidad. Los machistas acosadores se sienten respaldados por un sistema que calla. Se ven libres para hacer y decir lo que consideran y para lanzar amenazas de violación o asesinato sin control ni consecuencia alguna.

Las mujeres de todas las partes del mundo llevamos siglos oprimidas. Miles de años invisibilizadas, discriminadas, infravaloradas, humilladas, acosadas, violentadas y asesinadas por el mero hecho de ser mujeres. Así de simple, así de surrealista, así de triste, así de indignante.

Uno de los ámbitos donde este machismo digital se hace más patente es el de los videojuegos. El ciberacoso a las feministas que denuncian la discriminación en el universo del videojuego está tan organizado que incluso ha derivado en un movimiento, el Gamergate. Surgió cuando Anita Sarkeesian, comunicadora y bloggera feminista, lanzó un crowdfunding para financiar la iniciativa ‘Tropes vs Women in Videogames’ (‘Tropos frente a mujeres en los videojuegos’), con el objetivo de crear una web y producir una serie de vídeos sobre los estereotipos e imaginarios de género presentes en los videojuegos. A partir de ahí, la activista canadiense sufrió un  ciberacoso desmedido cargado de insultos, amenazas, intentos de hackeo de sus cuentas en busca de información personal, actos de vandalismo constante a su página de Wikipedia, denuncias sistemáticas a sus perfiles en redes sociales con el fin de bloquearlos e incluso la creación del videojuego ‘Beat up Anita Sarkeesian’. Sarkeesian incluso tuvo que cancelar una conferencia en la Universidad de Utah ante la amenaza de tiroteo.

Aunque con Sarkeesian empieza todo, el Gamergate se consolida con el caso de Zoe Quinn, una desarrolladora de videojuegos independientes que, a raíz de un post de su exnovio desvelando detalles íntimos de su relación, sufrió una campaña de acoso sideral con todo tipo de amenazas de violación y de muerte, y la publicación de fotos íntimas y sus datos personales.

Aparte de acosarlas, el Gamergate hace todo lo posible para silenciarlas, como sucedió en el festival ‘South By Southwest’ de Austin (Texas, EEUU), que canceló dos conferencias sobre mujeres y videojuegos por no poder garantizar la seguridad ante la avalancha de amenazas de actos violentos.

Las campañas de ciberacoso machista vinculadas al mundo de los videojuegos también se dan en nuestro país. La semana pasada Marina Amores, periodista feminista especializada en videojuegos, lanzaba su ‘Gaming Ladies’, un evento solo para mujeres con charlas y debates sobre las mujeres y la industria de los videojuegos. Para ello contaban con el apoyo de la empresa King, creadores del Candy Crush Saga’, que cedía sus oficinas para acoger el encuentro.

El evento era solo para mujeres porque necesitamos espacios seguros para sentirnos libres. Un lugar sin potenciales acosadores, donde ninguna tiene que lidiar con los cansinos mansplaining o manterrupting, donde nadie nos trata como si fuésemos lerdas, como si no pudiéramos ser profesionales de la industria del videojuego por el mero hecho de ser mujeres. Y era necesario hacerlo así, como demuestra el hecho de que en menos de 24 horas se hubieran inscrito ya 80 mujeres.

Como Marina intuía, este encuentro despertó a un grupo de ciberacosadores machistas que lanzaron amenazas y promovieron un boicot que acabó llevando a King a cancelar el evento porque No nos podemos permitir ni queremos tener un problema de seguridad. Afortunadamente Marina Amores ya está buscando un nuevo espacio donde celebrar el ‘Gaming Ladies’ y evitar que nos silencien.

Es urgente que se adopten medidas para acabar con la impunidad del acoso que sufrimos las mujeres en las redes y en los videojuegos. No podemos permitir que muchas feministas se vean obligadas a abandonar las redes, o que el acoso sexual sea el principal motivo de abandono de los videojuegos online por parte de las mujeres. Y como ya he dicho en repetidas ocasiones, mientras incidimos para que la clase política reaccione, promovamos la autodefensa feminista.

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