Baobab: 10 años

Estuvimos en la celebración del décimo aniversario del programa Baobab de Pueblos Unidos, el pasado sábado 20 de mayo, que tuvo lugar en la Casa San Ignacio de La Ventilla, en Madrid.

Baobab es un programa de acogida y acompañamiento de jóvenes africanos en Madrid. Típicamente los que llegan en pateras o saltan la valla, y son expulsados hacia la capital desde los centros de internamiento de las fronteras. Su situación aquí es muy precaria, no solo socialmente (muchos tienen que vivir en la calle) sino también legal y por tanto laboralmente (sin papeles es imposible trabajar legalmente).

Baobab es una iniciativa en que participan varias congregaciones religiosas y voluntarios laicos. Procura alojamiento y acompañamiento a algunos de estos muchachos en su proceso de conseguir dónde quedarse, regularizar su situación legal, aprender el idioma, adaptarse a las costumbres españolas, capacitarse y conseguir un trabajo…

La primera parte de la celebración de su décimo aniversario consistió en una mesa redonda donde algunos de los protagonistas, tres voluntarios españoles que están desde el principio y dos jóvenes africanos que han participado en el programa, contaron la historia y lo que Baobab ha significado para ellos. El público también participó con sus testimonios.

Algunas cosas me llamaron especialmente la atención. Por ejemplo, la explicación de Brígida sobre el sentido del Baobab, un gran árbol africano que no es el más frondoso, ni el más bonito, ni el más abundante, pero en torno al cual la gente vive. Allí va a buscar agua, a encontrarse con otros, a dirimir los pleitos vecinales… El Baobab da vida; pero en él lo esencial no es el árbol, son las personas que acogen a otros, que abren espacios.

Luz recordó la frase de san Irineo:  “La gloria de Dios es que el hombre viva.” Cuando llega la gente a Madrid, no es tanto por el atractivo de nuestro lugar sino por la necesidad de poner distancia con las situaciones en que están en origen. Ello nos llama a una humildad a partir de la cual podemos empeñarnos juntos en que haya vida, para que siga dándose gloria a Dios.

O también, Miguel Ángel nos recordó que la solidaridad no es una ideología o una teoría sino una práctica. Siempre posible; con ella nos sabemos pertenecientes a una historia solidaria. Frente a un montón de dificultades, en Baobab luchan los muchachos y los voluntarios porque la vida se haga posible. Ello genera un gran movimiento de solidaridad.

Muchas otras cosas más concretas se dijeron. La fiesta terminó con un almuerzo y un espacio de música y danza africanas.

 

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