Banco Mundial, Confesiones y Pobreza

La web del Banco Mundial publica en su página web la siguiente noticia:

El Grupo del Banco Mundial y las organizaciones confesionales persiguen un objetivo común: la lucha contra la pobreza. Hoy [13-4-2015] han decidido unir sus fuerzas para conducir dicho combate. Una treintena de representantes de las religiones budista, musulmana, cristiana, judía, sij y bahai, han mostrado su apoyo oficial a la eliminación de la extrema pobreza en el horizonte del 2030, un proyecto apoyado por los 188 países miembros del Grupo del Banco Mundial.

Puede parecer una extraña alianza. A pesar de que el BancoMundial tiene como objetivo prioritario la eliminación de la pobreza en los países del mundo energente, ha sido frecuentemente criticado por representar más los intereses de los países ricos que los de los países pobres. Pero independientemente de la mayor o menor veracided de esta crítica, lo cierto es que el acuerdo de cooperación conlleva el reconocimiento de que el desarrollo real, y por tanto la salida de la pobreza, no puede darse si no es un desarrollo integral. Y en esa integralidad es vital la incorporación de las confesiones.

Sin duda, habrá quien piense que el Banco Mundial utiliza a las confesiones por razones de imagen. Y bien podría ser una de las razones. Pero también es cierto que hay cada vez mayor conciencia de que la religión es vital en la vida de las sociedades, y esto es quizás más patente precisamente en los países sumidos en la miseria. En muchos de estos países, la religión puede ser un impulso al desarrollo o, por el contrario, puede ser un lastre. Por eso es vital que a nivel mundial las confesiones estén comprometidas con el desarrollo integral. Y este compromiso es también vital para que el desarrollo no quede reducido al economicismo.

Pero del mismo modo que toda sociedad se ve cuestionada por la existencia de la miseria en el mundo actual, la genuinidad de las confesiones también se pone a prueba en la medida que son parte integral de toda sociedad humana. Si la miseria humana no es capaz de suscitar una cooperación interreligiosa sistemática y profunda, entonces el mensaje distintivo de cada una queda cuestionado. Esto lo refleja el documento suscrito por los treinta representantes religiosos mencionados en la anterior noticia, que entre otras cosas afirma:

Dentro de la comunidad religiosa, abrazamos este imperativo moral, pues compartimos la creencia de que la prueba moral de nuestra sociedad está dada por la situación en la que se encuentran los más débiles y los más vulnerables. Nuestros textos sagrados también nos instan a combatir la injusticia y a mejorar la condición de los más pobres dentro de nuestro ámbito. Nadie, independientemente de su sexo, edad, raza o creencia, debe ser privado de vivir la vida en toda su plenitud.

(Declaración del 9-4-2015 de Faith2EndPoverty)

Si nuestra fe, si nuestros textos sagrados no nos obligan a actuar contra este ‘pecado contra la humanidad y contra Dios’, como la tragedia migratoria que se está viendo en Europa, entonces no tenemos derecho a decir nada a nuestra sociedad.

 Fuentes: Grupo Banco Mundial  y Faith2EndPoverty 

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