El baile de los números

Foto tomada de: https://www.huffingtonpost.es/maria-angeles-santos-martinez/el-reparto-del-pastel_a_23404609/

Reconozco que los números me bailan cuando, una vez presentados, se comienza a desglosar y analizar detenidamente los presupuestos generales del Estado. Admiro a quienes saben interpretar esas cifras, las comparan con las de los años anteriores, calculan en cuánto porcentaje ha aumentado o disminuido esa partida, las desviaciones, los movimientos,…

Viene muy bien que existan personas que se dediquen a observar la estructura presupuestaria y la interpreten desde la objetividad de los números, que constaten dónde fluye más el dinero, dónde parece que huye, en qué partida, a qué Ministerio, con qué concepto… todo, supuestamente, muy aséptico y sin mucha pasión, excepto la que se pueda poner en la explicación.

Todo tan normal, aparentemente. Y digo lo de aparente, porque esos números dicen mucho, cuentan una historia no tan fría como nos puedan dar a entender quienes, desde su tablet, nos los presentan.

Esos símbolos numéricos, lo que nos muestran son las opciones que los gobernantes van tomando, las políticas que van aplicando y la concreción en la realidad, porque en sus programas políticos habrán prometido el paraíso, pero con los presupuestos se retratan.

Con facilidad nos olvidamos que no hablamos de números, sino de personas, aquellas que se beneficiarán o perjudicarán con los aumentos o los recortes que se apliquen.

Los criterios por los que se hayan guiado para su elaboración tendrán efecto en la población, repercutirán positiva o negativamente en la sociedad, en determinados grupos más que en otros.

Lo que cuesta más es comprender esos criterios, es decir, qué principio se ha aplicado para que, por ejemplo, se aumente un 6,9% el presupuesto de defensa y el 8% al CNI, pero se reduzca un 3,4% el de prestación por desempleo.

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O por qué los del Gobierno cobrarán unos 100 € más al mes (unos 6.100€), pero los pensionistas, y en el mejor de los casos, su aumento será de 11 € (de 370 euros a 381€), o de 10,5 € (de 699€ a 709,5€), o de 8€ (de 859€ a 867€) y para el resto, de 2€.

Y cuesta entender esa persistencia en mantenerlos, cuando los resultados llevamos viéndolos en estos años, donde ha habido un aumento de las personas y familias en situación de pobreza, marginación y exclusión social; donde los y las desempleadas de larga duración han perdido la esperanza de encontrar empleo; donde los y las jóvenes se ven abocados a aceptar la precariedad como forma de vida.

Si estas son las consecuencias… ¿a qué tanta miopía?

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