Auténticos encuentros existenciales

Pasillo Cincuentenario, CIC-UCAB

Estamos de vacaciones escolares. Niños, adolescentes, jóvenes estudiantes y profesores nos encontramos descansando luego de un año de trabajo continuo en el aula. Específicamente, los profesores disfrutamos de un merecido descanso después de unas últimas semanas de interminables sesiones de clases y de corregir montañas de exámenes y evaluaciones varias en un breve período de tiempo.

Nuestro descanso consiste también en leer y en preparar los contenidos de los siguientes cursos, en trabajar con nuestros tesistas fuera del salón de clases y en deleitarnos con la profundidad de su pensamiento producto de un crecimiento académico-existencial en el cual hemos participado con mucho amor y, del cual estoy, personalmente, profundamente agradecida. Finalmente, descansamos compartiendo con nuestros afectos más cercanos una charla con un buen café, una comida, una película, un helado, una caminata al Ávila, al Teleférico de Caracas o al Parque del Este.

Mis estudiantes de Sociología. Pasillos de la UCAB, 2015.

Porque gracias a este descanso escolar del mes de agosto podemos dedicarle más tiempo a nuestra gente ya que, dada nuestra rutina laboral, no compartimos con ellos regularmente con la intensidad que desearíamos. A su vez, además de los ritmos de trabajo, también padecemos los sinsabores de una cotidianidad trastocada que nos impide dicho encuentro regular. Sin embargo, nuestra Caracas -debilitada por sus dolorosos males sociales y por la exacerbación de un conflicto político, económico y social- no nos impide el auténtico encuentro existencial con nuestras amistades más cercanas. Esto es así porque no nos rendimos frente a las injusticias que sobrellevamos día a día y hacemos todo lo posible por darnos luces en estas sombras que nos envuelven y que buscan aniquilar nuestras voluntades.

De modo tal que aún enfrentando una cotidianidad que pone a prueba hasta el más ponderado, optimista y sereno carácter, planificamos auténticos encuentros existenciales con todos aquellos que nos alimentan el alma, que nos nutren y abrazan con amor. Compartimos recíprocamente una sonrisa, un meme, un wp o un voice, un mensaje Twitter, una foto con historia en Instagram, un libro o el último reggaetón que nos hace tararear y bailar.

En estas vacaciones, descansando, los auténticos encuentros existenciales con nuestros seres queridos guían nuestra agenda y nos permiten abrazar emociones que nos enriquecen haciendo brotar en nosotros sentimientos más refinados, excelsos y sublimes, gracias a los cuales, podemos mirar el mundo con mayores grados de humanidad.

Mis estudiantes de Ética en el postgrado en Comunicación Social. UCAB, julio 2017.

Nuestros alumnos que aún acuden a la universidad lo hacen porque se encuentran realizando cursos de verano y también compartimos con ellos en un tono de descanso aún cuando se encuentren asistiendo regularmente a los salones de clases y nosotros nos encontremos estudiando y escribiendo para el siguiente año escolar.

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Sin embargo, Caracas y su Metro no descansan, siguen ambos con sus ritmos de metrópolis al borde de un colapso, padeciendo uno de los momentos más oscuros de su vida y transpirando dolor y sinsabores en cada una de sus degradadas esquinas y en cada uno de sus vejados vagones y andenes.

Mis estudiantes de Teorías Políticas en Sociología. UCAB, diciembre 2016.

Ante este panorama desolador de hambre y miseria que sigue hiriendo de muerte a nuestra ciudad, a nuestro país entero y a su gente, existe también espacio para ese auténtico encuentro existencial con nuestros afectos que nos hacen dar lo mejor de nosotros mismos y, de este modo, seguir con fortaleza hacia adelante, a pesar de las heridas existenciales y sociales que sufrimos diariamente con esta crisis que nos azota.

Acontece el encuentro porque creemos y cultivamos con auténtica convicción relaciones humanas y humanizantes a nuestro rededor y, gracias a ellas y a nuestra primaria elección, no anidamos ni cultivamos en nuestra alma afectos carentes ni resentimientos por el mal padecido. Mal que continua sufriendo nuestro pueblo, nuestros niños, ancianos, mujeres, hombres y enfermos más vulnerables que no pueden descansar -ni siquiera en estas fechas- del hambre ni de la miseria, no pueden descansar de las injusticias y de los atropellos a los cuales los somete y condena un gobierno que no descansa nunca y que sigue perpetrando, día tras día, crímenes de lesa humanidad.

Estas fechas pasadas han sido muy duras, las dificultades para nuestra gente se han multiplicado y, a pesar de ellas, podemos dar fe de la fuerza de la esperanza. La esperanza de poder revertir esta nefasta situación la vemos actuando con firmeza cuando caminamos por nuestras calles, en el Metro de Caracas, en la universidad, con nuestros vecinos, amigos y familiares. Logramos ver la fortaleza de esa esperanza en los gestos solidarios, generosos y amorosos que presenciamos en favor de los más necesitados, gestos concretos de auxilio que nos han auxiliado a nosotros más de una vez y que nos han permitido seguir adelante apostando por la Humanidad.

Porque ante la escasez que vivimos se ha levantado en la inmensa mayoría de mis conciudadanos la abundancia del dar, del compartir, del donde comen dos comen cuatro, del querer aliviar el padecimiento de una mirada extraviada por la desesperanza, sometimiento o rendición. Esos gestos concretos de humanidad han nutrido nuestra alma y nos han forjado para continuar luchando con renovadas fuerzas, en nuestros espacios y en lo que nos compete, por un mañana mejor libre del opresor de turno.

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Lucha que están realizando sin tregua millares de venezolanos que con valor y entereza no ceden frente al atropello atroz y siguen apostando por los afectos abundantes, aquellos que dan vida y, por ello, siguen haciendo vida dentro y fuera de Venezuela. Lucha que ha encontrado eco en organismos internacionales y en amigos de todas las nacionalidades que han tendido una mano solidaria a los millones de migrantes venezolanos que huyen de la crisis humanitaria e intentan reconstruir su historia de vida, personal y colectiva, a pesar de lo vivido.

Compartir con Diego. Estudiantes de 3er año de Sociología, UCAB mayo, 2016

Y es allí, en el encuentro auténtico existencial, en donde nos percatamos que pertenecemos a la Humanidad porque compartimos mutuamente nuestras angustias y nuestros sueños de libertad. Nos hermanamos a través de una buena conversa, donando nuestro ser al hablar con nuestros “panas” de las actividades que más amamos y de nuestros anhelos más profundos.

En dichos encuentros nos ponemos en el lugar del otro y nos convertimos todos, en ese dar y recibir de experiencias y quereres, en compañeros de un mismo viaje llamado “Vida”. Nos escuchamos, refugiamos, auxiliamos y apoyamos para poder visualizar con claridad los pasos necesarios que tenemos que dar para poder alcanzar el futuro que tanto anhelamos para los seres que amamos, para nosotros mismos, para nuestra ciudad y su gente.

Sin percatarnos, nos hemos convertido todos en médicos del alma gracias a los auténticos encuentros existenciales que hemos cultivado durante todos estos años, más allá de los realizados en este merecido mes de descanso que está por terminar. Esto es así porque hemos practicado día tras día, con cercanía y tesón, el poder sanador de la palabra, aquella que cura y nos repone de las heridas sangrantes. Hemos reflexionado también, cara a cara con lucidez, sobre todo aquello que en nuestra dura realidad social de la Venezuela herida de hoy pretende despojarnos de nuestra dignidad.

Porque se trata de dejar atrás todo aquello que enferma nuestras vidas y sus relaciones pero porque lo enfrentamos y no porque lo evadimos. De modo tal que nos hacemos una terapia de encuentro existencial entre los amigos, familiares, vecinos, colegas y estudiantes que busca la comprensión de dichas situaciones que nos debilitan e impiden tomar decisiones razonables en favor de los seres que más amamos, de nosotros mismos. Acompañar, comprender y auxiliar en el auténtico encuentro existencial se ha convertido en nuestra cura. Y, ¿de qué nos hemos curado?

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Mis estudiantes del postgrado en Comunicación Social. UCAB, Diciembre 2015.

De darle cabida al pesimismo como proyecto de vida, de darle entrada a la desesperanza y de claudicar rindiéndonos frente a los dolores que nos producen las adversidades que padecemos diariamente con sus altas cuotas de injusticia y soledad.

Con el amor que cultivamos en nuestros auténticos encuentros existenciales con los “panas” nos hemos protegido de albergar y nutrir dudas, temores y ansiedades sobre nuestras capacidades de recrearnos en libertad, de poder superar los obstáculos y de vencer todo aquello que nos quiera marginar y robar el derecho que tenemos como seres humanos de vivir plenamente y de ser felices donando felicidad al mundo.

Lo fundamental de cultivar los auténticos encuentros existenciales es que nos permiten alcanzar -cada vez más y con mayor profundidad- la riqueza espiritual infinita que nos acerca y reconoce en la mirada del otro, aquella que nos permite abrazarnos a nosotros mismos y nunca abandonarnos en los brazos de la soledad o del desarraigo, aquella que nos otorga siempre otra oportunidad para hacerlo mejor en la vida porque actuamos con voluntad de bien, aquella que nos resguarda y nos permite visualizar, aún en los peores escenarios de sufrimiento social como en el que nos encontramos, la luz después del túnel y seguir, de este modo, apostando por la construcción de un mundo más humano y humanizante con menores cuotas de dolor social.

Infinitas gracias a mi familia, amigos, estudiantes, colegas y vecinos por habernos socorrido y por habernos permitido integrar dolores abonando con dulzura, amor, confianza y solidaridad la tierra de nuestra alma, abono que nos ha sorprendido con el brotar de nuevas y renovadas esperanzas en nuestro ser otorgándonos, de este modo, las fuerzas necesarias para seguir construyendo -dentro y fuera de Venezuela- el mundo con justicia y la libertad que estamos llamados a realizar a través de nuestro trabajo en el aula y fuera de ella.

Compartir con Diego. Mis estudiantes de Sociología. UCAB, diciembre 2016.

Gracias a todos porque nos permitieron elevarnos espiritualmente y fueron un auténtico bálsamo y refugio durante estos años de travesía y sanación existencial. Gracias por su paciencia y por tender siempre los puentes de la amistad y comprensión. Un abrazo cercano de corazón a corazón a todos mis “panas” y, con un agradecimiento infinito, les dedico esta canción de Bruno Mars “Count on me”:

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