Tengo un objetivo muy claro y directo al escribir este artículo: Quiero invitar a mis lectores a que se inscriban en este enlace y asistan durante la mañana del próximo martes, día 18 de octubre, a las dos mesas redondas que organizamos, en el marco de Il Cortile dei Gentili o Atrio de los Gentiles, la Cátedra de Ética Económica y Empresarial de la Universidad Pontificia Comillas; el Foro Ecuménico Social, de Buenos Aires; y el Consejo Pontificio de la Cultura.

Cuando, en torno al año 20 antes de Cristo, Herodes dio comienzo a la reconstrucción del Templo en Jerusalén, se proyectó una novedad arquitectónica de amplio calado simbólico y, sin duda, de exquisita intuición religiosa: Junto a las dependencias y estructuras propias, no sólo de un lugar de culto judío, sino de la mismísima morada de Yahvé Dios en medio de su pueblo, se habría de construir un atrio para los gentiles. Es decir, un recinto preparado para que pudieran acceder a él, no sólo los cojos y los ciegos (Mt 21, 14), sino también los gentiles, los paganos, los incircuncisos, los que no formaban parte del pueblo de Israel.

El pueblo hebreo, elegido por Dios de entre las naciones para dirigirle de manera expresa su Palabra eterna –lámpara para sus pasos y luz en su sendero–, supo demostrar entonces una generosidad y una madurez inaudita en la visión humana de lo religioso. Además del Sancta Santorum –Kodesh haKodashim– el templo constaba de diversos recintos, de atrios reservados: uno para los sacerdotes, otro para los varones judíos, otro para las mujeres. Pues bien, como atrio exterior del templo, se abría un espacio donde los rabinos y los maestros de la Ley escuchaban preguntas sobre Dios y atendían inquietudes espirituales, desde una actitud de respetuoso intercambio con gentes de otras creencias y religiones, de lenguas extranjeras, de culturas diversas y a menudo extrañas… desde el convencimiento, más o menos explicitado, de que los hombres que no pertenecían al pueblo de la Alianza, debían también ser tenidos en cuenta.

Esta voluntad de encuentro, esta apuesta por el diálogo entre los distintos, no puede ser más necesaria en la actualidad. De hecho, viene siendo reclamada desde múltiples esferas de la vida institucional. Y no sin razón: Vivimos unos tiempos convulsos y crispados. Transitamos por momentos sobrados de demagogia, de estupidez, de activismo atolondrado; y pletóricos de un inmediatismo ansioso, nada recomendable: He ahí las redes sociales que nos van a acabar atrapando –redes como son, al fin y a la postre– igual que a los probes paxarinos. Son tiempos –¡qué duda cabe!– faltos de serenidad en los corazones, sin la cual resulta impensable mirar el presente con la necesaria hondura que nos permita soñar un futuro hacia el horizonte de una vida más humana y justa para todos.

La intransigencia simplista –“¡no, es no!”– y los dimes y diretes entre nosotros, en España, a la hora de tratar de arreglarnos institucionalmente, son un ejemplo de esta falta de diálogo. El espectáculo de la señora Clinton y el ínclito Donald Trump, son otro… Ahora bien, la imagen lamentable que damos como europeos, es aún más sangrante: Ahí están el brexit del Reino Unido; la crisis de los refugiados; el populismo de la efebocracia nacional; el no menor peligroso sinsentido de los radicales de la derecha en Europa –Marine Le Pen y el Frente Nacional en Francia; Norbert Hofer, del Partido de la Libertad, en Austria; el partido Alternativa por Alemania, con representación en diez de los dieciséis länder; los extremistas italianos, los daneses, los húngaros, los holandeses avanzan con una rapidez formidable (del latín formido-nis: terror, espanto, temor), a una velocidad que asusta… Dicho sea y constatado, desde el inequívoco europeísmo de quien suscribe este post, que no duda en confesar que siente miedo ante a la deriva que van tomando las cosas.

¡Qué curioso! En este río revuelto de intolerancias y consignillas simplistas, parecen repetirse los mismos mantras, eslóganes parecidos. Ya se sabe: “los inmigrantes, que se vayan!”; “¡los moros, que ni se acerquen!”; “los políticos, son todos unos corruptos!”; “los medios están vendidos y no dicen más que mentiras!”; “¡el establishment, está al servicio de los intereses de los poderosos!”; “¡las elecciones están amañadas!”…

Pues bien, nunca más que ahora es necesario recuperar el diálogo perdido. La sesión del Atrio de los Gentiles en ICADE el martes 18 de octubre de 2016 constituirá un ejercicio de diálogo y un ejemplo a seguir. No dudes, si puedes, en asistir.