Las últimas semanas nos han tambaleado de nuevo con noticias como la del asesinato de 30 cristianos en Libia y de otras 700 personas enfrente de su costa cuando intentaban cruzar a Europa. En ambos casos, personas migrantes que habían dejado su país para buscarse un futuro mejor.

Pareciera como si, ante hechos tan alarmantes se empezara a reaccionar pero… ¡de qué manera!

Empezamos a escuchar incluso entre gente bien intencionada y de buen corazón que “hay que atajar las causas del origen”, ¡eureka!, bien, pareciera que vamos bien, …pero, acto seguido el discurso continúa de manera decepcionante: “…debemos atajar las causas informando a las personas migrantes de las dificultades del camino, darles a conocer la existencia de mafias, que las mujeres sepan que se ven expuestas a agresiones sexuales, etc.” y más aún, combatir el “terrorismo islámico del ISIS o DAESH” que ahora es el nuevo y perfecto culpable que lidera las mafias y “trae engañadas a las personas migrantes”. Total, que el nuevo discurso más extendido que empieza a querer apuntar al origen, realmente no toca las causas.

Esto, por supuesto, sin reparar en la vergonzosa e ineficaz respuesta de una UE empeñada en reforzar fronteras…Digo “vergonzosa” desde el punto de vista moral, pero también digo “ineficaz” porque a falta de lo primero, nos debería importar al menos la eficacia de la medida, ¿no? Y justo dicho endurecimiento de las fronteras es lo que lanza a la gente a las manos de traficantes, porque venir van a seguir viniendo, el problema no está en las fronteras mismas y ni siquiera en los países fronterizos, está en los lugares de origen. En los países de origen hay, además de miseria, guerras que ponen sus vidas en peligro. Ahí, la UE no mira, pues da la casualidad que encuentra un gran negocio en la venta de armas…

De acuerdo con la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, un refugiado es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.

La mayoría de las personas que se encuentran en Libia, esperando ese momento propicio para saltar al mar y cruzar a Europa, son personas provenientes de Siria o de África del Este. Es decir, personas que deberían poder acogerse al estatuto de refugiado. Pero la ensimismada Europa no quiere ampliar sus cuotas ni mirar más allá de sus fronteras, a no ser que ser que sea para comerciar (como si fuera posible separar lo económico de lo humano).

¿No vemos que está todo conectado? ¿O simplemente no interesa ver? Interesa más seguir llamándolo guerra de religiones o el “problema del Islam”, es más fácil apuntar al terrorismo islámico, ese gran enemigo tan misterioso que sirve para todo, que ahora incluso sirve para culparlo del problema migratorio.

No se trata de negar que en este contexto[1], las bandas delincuentes y terroristas aprovechan la situación, pero desde luego no es “la madre del cordero”, “la madre del cordero” son los intereses económicos que los gobiernos y empresas europeas, americanas y ahora también chinas, tienen creados en África.

Pienso y siento que como Iglesia, además de muchas otras cosas, tenemos una llamada a denunciar esto, que el sistema económico que “hemos construido” es una máquina generadora de desigualdad.

El Cuerno de África es una región geoestratégica para el comercio mundial, así lo supieron las potencias europeas en la colonización, y así lo siguen sabiendo y manteniendo un nuevo tipo de colonización, ahora económica, ya que el aparato político quedó devastado.

La extrema pobreza y el fracaso de unos estados nacionales superpuestos a estructuras postcoloniales sin ningún tipo de encaje en las culturas y poblaciones reales, unas fronteras impuestas por potencias externas sin encaje en las realidades,…son algunas de las grandes heridas de el continente africano.

Estos días, conversaba con Samuel, un sacerdote egipcio perteneciente a la Iglesia Anglicana; durante años ejerció su servicio ministerial en Trípoli, de donde tuvo que salir huyendo el pasado agosto porque según sus palabras “la situación era insostenible y peligraba nuestra vida, la mayoría de los egipcios hemos vuelto”. Aún anda reubicándose en una nueva iglesia en El Cairo y habla con un tremendo dolor de su partida de Trípoli y la situación que allí experimentó.

Al saber que soy española se interesa por “esa ciudad española a la que quieren llegar casi todos, Ceuta”.

Ceuta, Melilla, Trípoli,…representan un trampolín para salvar la vida para quienes huyen de la guerra, la persecución y la miseria. Son “fronteras de fronteras”, las personas migrantes atraviesan en muchos casos muchos otros países hasta llegar a estas ciudades. Representan la frontera no sólo entre países si no entre dos grandes regiones del mundo totalmente asimétricas y es esa asimetría la que les lanza a saltar. Es la asimetría el orígen y el motivo de su viaje, de su salto.

Claro que el salto es mortal, pero no saltar también lo es y en el salto, lo que se juega es su derecho a la vida, así que hay que intentarlo. Podíamos preguntarnos algo así cómo, ¿qué harías tú si en tu país hay una guerra y no pudieras garantizar un mínimo para vivir? ¿Te planearías el salto? Pongámonos en este lugar por unos minutos…

Reparemos también en las siguientes citas:

Mateo 25, 35 “Porque fue inmigrante y me acogisteis”. Ojalá que no volvamos a tener que escuchar en nuestras conciencias: “Porque fui perseguido de guerra y no me acogisteis, me ahogaba en el mar y no me rescatasteis”.

Ojalá aprendamos a mirar la realidad con lucidez y compasión; lucidez para comprender los fenómenos en global y compasión para ponernos en el lugar de quienes pagan el mayor precio. Porque la ceguera y el ensimismamiento realmente genera tales grietas y asimetrías que ahogan.

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*Las fotografías de Sergi Cámera y José Palazón arriba mostradas, forman parte de la Exposición Somos Migrantes promovida por la Fundación Entreculturas. Si te interesa esta realidad, asómate a la exposición y al proyecto. Mira también el calendario de exposiciones, pues si estás por España, puede que pase por tu ciudad.

[1] En Libia, el caos de un país con dos gobiernos, dos parlamentos y dos alianzas militares, después de la revolución que acabó con Gadafi en 2011, ha propiciado la proliferación de guerrillas, mafias y bandas terroristas como ISIS-DAESH.