Aprender a relacionarnos en igualdad

Hablar de género es hablar de relaciones y de relaciones de poder. Desde la educación se puede fomentar que éstas se construyan sobre la igualdad, el respeto y el cuidado que son fundamentales para la paz en las comunidades y la sociedad.

La violencia relacionada con las cuestiones de género es un reto grande aún tanto en países con más niveles de desarrollo como en países en desarrollo.

Aunque tanto hombres como mujeres sufren violencia en todo el mundo, las mujeres y niñas son abrumadoramente víctimas de dicha violencia y los autores en un porcentaje muy alto son hombres.

Las causas de esto son complejas, sin embargo, los estereotipos de género y los conceptos de masculinidad construidos socialmente y las relaciones de dominio y de inequidad juegan un papel destacado en el uso de la violencia. Esto no quiere decir que todos los hombres sean violentos, si no que la idea de masculinidad imperante en muchos casos, está en la raíz de las las relaciones de dominación y genera una  propensión a la violencia en caso de conflicto.

Alrededor de un tercio de las mujeres de todo el mundo han experimentado algún tipo de violencia física y/o sexual por parte de su pareja, o violencia sexual fuera de la pareja, en algún momento de sus vidas, y menos del 40% ha pedido ayuda en algún momento (Naciones Unidas, 2015b). [1]

Una educación de calidad tiene en cuenta las diferencias de género e integra la coeducación.

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Un concepto de masculinidad inclusivo y solidario es fundamental para revertir las tendencias de entendimiento del poder como dominio y de afrontamiento del conflicto como violencia. Los educadores y educadoras pueden fomentar la comprensión de estas cuestiones, ayudando a la reflexión sobre las normas de género y los comportamientos que están en las causas de la violencia.

La probabilidad de prevenir un conflicto aumenta cuando se aborda la igualdad de género en los procesos de construcción de la paz. Se necesitan iniciativas que desafíen las formas dañinas de masculinidad y promuevan formas no violentas que respeten los valores y la igualdad; a ellas han de adherirse individuos e instituciones a todos los niveles, en todos los sectores. (Messerschmidt, 2010; Wright, 2014).

Para trabajar la coeducación en los centros educativos, no es suficiente con realizar actividades aisladas que ayuden a tomar conciencia, sino que es importante que el centro educativo lo asuma en sus planes y se establezca un sistema de seguimiento de las normas, valores y actitudes relativas a este tema.

La coeducación es una herramienta pedagógica valiosa que parte del encuentro horizontal entre niños y niñas y desde ahí, puede construir nuevos relatos y reconceptualizaciones sobre lo masculino y sobre lo femenino.

[1] Informe de seguimiento de la educación en el mundo. UNESCO, 2016

Fuente imagen: Global Citizenship Education. UNESCO

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