Antropología del matrimonio-familia, mujer y género

Es muy actual y candente la cuestión del matrimonio o de la familia, de la mujer y del género. Nosotros queremos tratar la cuestión desde la sagrada escritura y la teología, en especial la antropología y ética teológica, la tradición y enseñanza de la Iglesia, como nos está mostrando actualmente el Papa Francisco, en diálogo con la filosofía y las ciencias sociales o humanas. La antropología y teología actual más cualificada, en sintonía con la cosmovisión bíblica-cristiana, nos muestra la relevancia e importancia del cuerpo. El ser humano no solo tiene cuerpo sino que es cuerpo, como nos enseña la antropología, y lo que hacemos con él no es indiferente ni neutral, frente a todo espiritualismo e individualismo o relativismo. De ahí que debe tener toda la consideración y significatividad: la diversidad en la complementariedad del cuerpo, con toda su dignidad y características propias, del hombre y la mujer. 

A lo largo de la historia, diferentes culturas o cosmovisiones inspiradas en la espiritualidad o fe como la judía, la cristiana o la musulmana, ideologías diversas- ya sean denominadas de derechas o de izquierdas (liberales o socialistas)-, etc. nos han presentado esta antropología. En donde hombre y mujer, con su complementariedad diversa a nivel psico-corpóreo, están llamados a la unión y entrega mutua de la vida  en el amor, que es fecundo y se abre a la vida, con los hijos, con la solidaridad y compromiso en la sociedad-mundo. Lo que se ha denominado y reconocido siempre como matrimonio, como familia, a nivel social o público, institucional y jurídico. Tal como nos muestran hoy todo ello las culturas diversas como las indígenas, que nos presentan esta antropología sexual e integral, matrimonial y familiar con este hondo sentido del amor fraterno y solidario, comunitario y liberador.

De esta forma, no se puede separar el sexo y el cuerpo, en su complementariedad diversa entre hombre y mujer, del género femenino o masculino. La mujer o el hombre no solo se hace sino que nace, es constituido física-corporalmente en el nacimiento y desarrollo, con los caracteres biológicos-materiales propios, de la mujer o del varón. El cuerpo de la mujer y del hombre se expresa, respectivamente, en el género femenino y masculino que, en la historia, va reconociendo y dinamizando toda su identidad, dignidad y desarrollo liberador. Todo ello se expresa en una cultura y pensamiento, a nivel científico y filosófico, que se ajusta a lo real, a la verdad real, a la realidad física-material, antropológica e histórica frente al idealismo, relativismo e individualismo.

Dicha antropología y legado cultural lo ha revelado, como ya hemos indicado, la tradición bíblica-cristiana (el Evangelio de Jesús) y eclesial, la enseñanza de la iglesia católica que nos manifiesta esta antropología corporal y espiritual. Con la belleza de la unión y fecundidad del matrimonio entre el hombre y la mujer que se abre a la vida, a la solidaridad con los otros, con los pobres, marginados y víctimas. Es un matrimonio y familia que en la diversidad e igualdad, en la dignidad, entre el hombre y la mujer son símbolo (sacramento) del amor creador de Dios que los llama a la entrega fecunda que se hace familia y vida, compromiso y fidelidad al servicio del Reino de Dios. Para la fraternidad, paz y justicia liberadora con los pobres de la tierra. De ahí que el machismo, el patriarcado y el individualismo burgués o relativismo es contrario al Evangelio y a la enseñanza de la Iglesia. Ya que impone unas relaciones dominadoras entre el hombre y la mujer, egolátricas o hedonistas que no se compromete y lucha por un mundo más fraterno, pacífico y justo. La historia femenina, como la del movimiento obrero y sus mujeres,  nos revela esta antropología solidaria e integral.

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