Anonimato en las redes sociales

No somos conscientes, o miramos de reojo, a este nuevo fenómeno en el que personas concretas de carne y hueso usan el anonimato. Las redes sociales, especialemente aquellas que más triunfan entre los más jóvenes, permiten lanzar preguntas y comentarios escondiéndose en el puro anonimato (al menos para quien recibe el mensaje, y mucho menos para el internet que todo conoce, que todo lo guarda, que todo lo relaciona).

Si eres padre, madre o educador, ¿sabes lo que es ThisCrush y cómo se usa? Primero fue Ask.fm pero ahora esta nueva red social ya está entre las más usadas por los más jóvenes. Se lanzan preguntas, comentarios y todo tipo de sugerencias sobre los demás, pudiendo quedar en el más estricto anonimato. Con una salvedad: hablas con alguien que en principio conoces y te conoce, y puedes decirle “lo que te venga en gana” sin dar la cara, sin mostrarte. ¿Imaginas algo así en el mundo de los adultos, en su trabajo, en su vida social habitual, con referencias explícitas a tu vida pero sin saber quién te las dice? ¡Pues es lo que viven muchos de nuestros jóvenes de ESO, Bachillerato o, incluso, Universidad!

Mi primera pregunta sería qué nos lleva a participar de un entorno en el que queremos recibir mensajes “anónimos”. La respuesta es sencilla para los más jóvenes: ¿Cómo no estar donde todos están y hacer lo que todos hacen? ¿Por qué no jugar a esto? Quizá los adultos seamos más -espero- prudentes y selectivos. ¿Qué tipo de mensajes creéis que reciben estos y estas jóvenes? ¿Qué tipo de preguntas? ¿Qué respuestas pueden dar a un fenómenos así?

El anonimato en las redes sociales ya no trata sólo de crearse perfiles falsos, sino de usar perfiles con la posibilidad de permanecer ocultos.

  1. Jugar a una doble vida. Por un lado, respetar ciertos límites que la convivencia directa exige, con sus principios éticos más o menos claros. Por otro, usar las redes sociales para traspasarlos y hablar sin cortapisas de ningún tipo, dependiendo del día, de lo que vivo, de mis impulsos y pasiones.
  2. Dividir palabra y persona.  Las palabras que escucho siempre están dichas por alguien. Ese contexto, esa relación me permite interpretarlos de algún modo y dar una respuesta acorde a la relación. ¿Qué sucede cuando enseñamos, con las redes sociales, que alguien puede hablar sin personalidad alguna, sin ni siquiera una referencia personal básica?
  3. Fenómeno social. Debemos caer en la cuenta de que no se trata de un hecho aislado, ni de algo puntual. Más bien lo contrario, la exposición continua a comentarios y preguntas, de calado o directas, que quien las hace queda difuminado en la existencia. Es alguien, pero no quiere serlo. Como fenómeno social el impacto sobre la seguridad y confianza personal, y sobre lo que significan las relaciones es claramente negativo para la convivencia con el otro, aquí carente de rostro, historia y todo lo que nos hace ser personas.
  4. Juegos, que no son juegos. Lo lúdico, por no decir lo ocioso directamente, tiene mucho que ver en todo esto. Jóvenes aburridos que hacen cosas para desaburrirse y dar un poco de “emoción” a su existencia. Todo les parece poco de lo que tienen y viven, y en estos espacios encuentran ámbitos de escape emocional y relacionales que son altamente peligrosos, sin saberlo.
  5. ¿Cómo lo vive el que se anonimatiza? Hablando con jóvenes, reconocen que es un entorno en el que se desinhiben. Similar a lo que el alcohol, o incluso las drogas, significaron en otros tiempos. El impacto sobre sí mismos, que aprenden a relacionarse de este modo, tiene mucho que ver con lo que algunos refieren sobre la dificultad de sus relaciones más directas. También en el entorno adulto se ven comportamientos similares, contagiados probablemente por un entorno en el que esto es más normal de lo que parece. Por otro lado, la normalización de esta conducta es preocupante. Lo ven como algo más de una vida normal. Usándolo no para mensajes de amor o cartas declarativas, sino muchas veces para mensajes que, si los leyésemos, nos dejarían boquiabiertos. Pero los adultos, sus madres, padres, educadores preferimos mirar para otro lado.
  6. ¿Cómo lo viven quien recibe el mensaje? Por raro que parezca muchos jóvenes lo viven como deseable. Si nadie comenta nada, eres nadie para los demás. Si nadie te dice nada, es que no eres ni atractivo, ni importante, poco menos que un cero a la izquierda. Hay que recibir mensajes, cuantos más mejor. No para ser popular necesariamente, sino para sentirse querido. E, intuyo aquí algo, cuanto menos sólido sea el entorno familiar y personal del joven, más deseables y necesarios se vuelven estos comentarios y preguntas. Al menos así lo reconocen algunos jóvenes con quienes dialogo sobre el tema. ¡Se llegan a necesitar estos comentarios anónimos, invasivos y provocadores!
  7. ¿A qué dedicamos el tiempo? Más vida, menos redes sociales. Salvo excepciones, se cumple. A mayor vida cotidiana y relaciones, menos necesidad de relaciones digitales, ni de prolongación de vida en las redes sociales. A mayores vínculos personales, menos se tolera el anonimato y menos valor tiene. Luego, si estas redes sociales son masivas significaría entonces que nuestros jóvenes más jóvenes están creciendo al margen de vínculos sólidos y de relaciones directas significativas y relevantes para ellos. Dicho de otro modo, sólo alguien a quien nadie le importa está dispuesto a recibir mensajes de nadie, con carácter anónimo.

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