Ánimo

Jorge Gallego.

¿Sabes cuántos compuestos son necesarios para elaborar el champú que usas a diario? Quizás pensarías que unos 10 si no te hubiera hecho la pregunta, pero como sospechas que hay gato encerrado puedes tirar a lo alto y contestar que 25.

Pues no. El champú tiene más de 40 compuestos. Si lees la lista en la etiqueta, ¿cuántos de ellos te resultan conocidos? ¿Sabes cómo se producen? ¿Tienes idea de su repercusión sobre tu cuerpo y sobre el medio ambiente?

Reconozco que muy pocos es mi respuesta. Y reconozco que si no fuera por unos talleres preparados por José Eizaguirre recogidos en su libro “Todo contribuye”, seguramente nunca me hubiera hecho estas preguntas. El breve vídeo La historia de los cosméticos facilita algo de información al respecto y no te deja indiferente. ¿Cómo es posible que funcionen así las cosas? Porque una cosa es dañar al medioambiente o permitir situaciones injustas hacia otras personas, podría pensar alguno, y otra es dañar mi propio cuerpo. ¿Cómo lo permitimos como sociedad? ¿Cómo estamos tan atocinados como para no hacernos este tipo de preguntas?

Como ya se conoce en el ámbito sanitario, la mera información no basta para modificar los comportamientos.

Con una actitud decidida, rompiendo esa inercia que nos impide introducir novedades en nuestra vida, no quedándome en todas aquellas objeciones razonables que me puedo poner a mí mismo, me puse en camino. No, no te confundas; no me propuse la hercúlea, aunque por otro lado muy recomendable tarea de pasarme un mes entero andando 25 kilómetros al día para llegar a Santiago de Compostela. Simplemente di un paso a ver qué pasaba, sin muchas más pretensiones.

Busqué en Internet cómo hacer jabón casero. Sí, ese que aún hacen algunos de nuestros mayores y cuya sabiduría hemos minusvalorado y hemos dilapidado en una generación. Adquirí sosa y aceite en un supermercado y propuse a mis hijos que me ayudaran a hacer jabón.

La experiencia ha resultado muy enriquecedora. A los niños les encanta y, por qué no admitirlo, a mí también, manipular las cosas. Disfrutan haciendo manualidades que, tras un tiempo decorando su habitación, tarde o temprano acaban en el cubo de la basura. Sin embargo, esta manualidad perseguía otra finalidad: servirnos para el aseo personal.

El proceso fue emocionante. Ver si aquella mezcla empezaba a reaccionar, se calentaba, posteriormente iba endureciéndose… El hecho de esperar unas semanas hasta que la reacción química se completase y se pudiera usar el jabón, resultó educativo. Cuando estamos acostumbrados a las gratificaciones inmediatas y a un ritmo acelerado, cultivamos el arte de la paciencia. Finalmente llegó el momento del disfrute. ¡Qué caras de alegría e ilusión! Aquello que no era nada y que elaboramos juntos, empezamos a usarlo, tanto para lavarnos la cara como el cuerpo en la ducha diaria.

Ver cómo mejoraba la dermatitis de mi hijo. Saber cómo estaba hecho ese producto que aplicamos en nuestro cuerpo. Ser consciente de que no nos daña, no perjudica al medio ambiente ni a las personas que lo elaboran. Notar cómo dejan de entrar en casa recipientes de plástico para guardar el gel líquido hasta que termina en la basura. Creo que desde entonces, ha mejorado notablemente la higiene en casa. Y otras cuestiones a la vez.

Hemos hecho una segunda tanda de jabones para que, mientras esperamos a que se acaben de hacer, vamos consumiendo la remesa anterior. Esto nos ayuda a aprender a planificarnos.

Esta experiencia vivida con este primer paso ha resultado motivadora. Me ha dado energías para otros pequeños pasos en el ámbito de la higiene personal. Una artesana me regaló una pastilla parecida pero para lavarse el pelo. No sabía que existiera y me han entrado ganas de investigar cómo se elabora para hacerlo cuando se me termine. Mi mujer me dice que tengo el pelo (el que va quedando) limpio. Me acerqué al herbolario de la amiga de una amiga y compré desodorante de piedra de alumbre. Quiero investigar alternativas más respetuosas a la pasta de dientes convencional.

Y echando la vista atrás, descubro que me estoy adentrando en una senda que miraba con recelo desde el otro lado de la verja y que cada vez voy descubriendo un hermoso mundo que me ilusiona, me ayuda a sentirme útil al aprender cosas nuevas, fomenta la creatividad al pensar cómo hacer la siguiente pastilla de jabón, me acerca a mi familia que también encuentra estimulante el recorrido. Siento que soy más respetuoso con mi cuerpo. Me hago más consciente y evito dañar de manera innecesaria a nuestro planeta. Me pregunto acerca de las condiciones con que las personas elaboran lo que yo consumo…

Sé que estoy lejos de la meta de tener un estilo de vida más coherente con estos descubrimientos. Aunque también percibo que, en mi caso desde la fe, mi vida está cobrando mayor sentido. Ánimo.

«Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo» (Laudato si’, 212)

Seguir @entreP_ en Twitter

Página de Facebook

Imagen principal tomada de https://manuelalcazarrojo.files.wordpress.com/2013/12/primeros-pasos-bebe.jpg
Imagen secundaria tomada de http://4.bp.blogspot.com/-45hugSlqm_0/VOp_ocXIWJI/AAAAAAAAALI/aDNLfIje4KQ/s1600/DSC_0006.JPG

1 Comentario

  1. Hola Jorge,
    En esta linea q comentas tan interesante de buscar la coherencia d nuestro cuidado respetando el medio ambiente y nuestro propio cuerpo, yo encontré un laboratorio familiar en Austria: RINGANA. Podrás mirar en internet..

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here