Ángel fieramente humano

Se mezclan en la imagen de portada  tres realidades que atraen mi mirada y que me ayudan a palpar en mi corazón (¡que es quien manda!) el sentido de  mi vida. Me imantan. Tres impactos fieros: el llanto del ángel , el niño migrante muerto, y el hambre.

Tres pasiones  por la que se me enciende el corazón. Y me llevan a recordar la frase repetida por Jose Luis Segovia sobre la necesidad de un viaje a partir de la tragedia de los inocentes: “De la compasión a la  indignación”. “Porque solo asumiendo el reto de conocer sin miedo, de acercarse a la verdad de las víctimas sin prejuicios, ni defensa de clase o de privilegios, libres de preconcepciones interesadas, podremos dejarnos inundar por sentimientos, por razones y, al final, por profundas convicciones que, en todo caso, más allá de su eficacia exterior, dignifican a sus portadores”.  Y de la indignación al compromiso.

Tres pasiones movilizadoras: Menores migrantes, gritos desgarradores y el hambre, al menos la cercana porque de la del Cuerno de Africa, por ejemplo, ni te cuento.

No podía ser otro que Francisco quien de nuevo provocara en mi alma el llanto, a veces pareciera que  eterno,  pero cuyas lagrimas espero se enjugarán si lloro a mi vez con los que lloran.

–  Menores migrantes muertos en el mar o a punto de hacerlo como tantos que intentan llegar estos días a nuestras costas del sur  de España. La imagen una vez más de Aylan que nos recuerda las muchas causas de aquella muerte infantil que todavía hace llorar, paradigma de muchos niños emigrantes muertos (¡también como el niño Samuel en Cadiz en enero!).

Muchos niños  que mueren en las playas  , antes de poder recibir miles de abrazos en vida. Y no solo como el último recibido por Aylan ya muerto en brazos del soldado que lo recoge (Pequeña vida, agostada sin crecer. ¡Que te acunen en el mar, las olas que fuiste a ver!).

Indignación desde la compasión  sin que los parámetros políticos sepan amparar a estas personas. Porque incluso la legalidad ha declarado la guerra a los pobres y nos sigue asombrando ver fuerzas  desplegadas para que los pobres no accedan al pan y tengan frío. Y por eso el grito. El del Ángel y el mío. Y el tuyo.

–  El Grito es un Desgarro del alma. Esta vez como para darle más carga  de profundidad, es el llanto  de un  Ángel (¡los ángeles también lloran!). Pregunto: ¿el Ángel es el de la alas o el postrado en tierra?. El Ángel que tiene alas en la fotografía es el Ángel “fieramente humano” del que habla Blas de Otero (Esto es ser hombre: horror a manos llenas/ Ser —y no ser— eternos, fugitivos./ ¡Ángel con grandes alas de cadenas!) mientras que el Ángel, que situamos al ladito de Dios  (para los de tradición cristiana y también para los de la musulmana)  yo creo que es el niño pequeño … y muerto.

– Y el hambre.  Porque fue en la sede de la FAO  (¡815 millones de personas hambrientas, una a una!) donde el Papa depositó la estatua que denuncia el hambre en el mundo. Y esta relacionada con la emigración. Como si quisiera que sus palabras permanecieran plasmadas en piedra. Porque hablar de hambre, lágrimas y gritos debiera ser recordatorio permanente.

Esa es también la causa de tan desolador paisaje: el hambre. Con sus causas. Como dijo el Papa  porque “está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable”. En ese marco, Jorge Bergoglio sostuvo que “también las muertes a causa del hambre o el abandono de la propia tierra son una noticia habitual, con el peligro de provocar indiferencia”.

Y sin generalizar sino aterrizando en las causas concretas de nuestro entorno: Muerte, dolor y hambre a paladas llenas para cargar también el carro actual  de la historia  de España (¡que no todo va a ser hablar y sentir lo de Cataluña!) Y lo ha detectado recientemente Caritas denunciando el  descenso de la renta y la pérdida de capacidad adquisitiva, la concentración de los efectos en los niveles de renta más bajos, el incremento de las tasas de pobreza, el aumento de la desigualdad, la destrucción de empleo y la subida de la exclusión social, hasta asistir al inicio de una recuperación económica que no está llegando a las rentas más bajas y donde la familia está en riesgo de sobrecarga. Y por eso tener hijos es arriesgarse a ser pobres.

Una vez más las causas de la muerte de Aylan  se mezclan, (violencia, hambre, migración forzada,  menores migrantes invisibles y sin voz…)  en un paradigma de muchos niños emigrantes muertos antes de poder ser más abrazados en vida, sin que los parámetros políticos sepan ampararlos.

Por eso el ángel llora ante una humanidadcondenada, no por un destino fatal  ni por una providencia descuidada sino por nosotros, a sufrimientos atroces que, si alguien los procurase a un animal, a cualquier animal, sería señalado como inhumano por toda la sociedad . Me lo recordaba hace pocos días Santiago Agrelo, arzobispo de Tanger y hermano.

Es importantísimo pues que esa humanidad permanezca permanentemente visible. En piedra si es preciso. Porque “sobre esa humanidad, además de la condena al sufrimiento –intemperie, hambre, vejaciones, enfermedades, esclavitud, explotación, miedo-, pesa la condena al silencio, al aislamiento, a la invisibilidad. Si quieren aparecerse –como los fantasmas-, tienen que arriesgarse a morir. ”

Ante la tragedia y el llanto imparable uno no puede por menos que aludir a la inconfesable desigualdad que cada vez exige un cambio más  transformador. Redoblar los esfuerzos para erradicar la pobreza extrema y el hambre, e invertir más en salud, educación, protección social y trabajo decente, especialmente en favor de los jóvenes, los migrantes y otras comunidades vulnerables. Lo pide la Semana contra la pobreza (¡y los miles de días!). Porque la redistribución de la riqueza es clave para atajar las dimensiones estructurales y sociales de la pobreza y de la exclusión.

Ante problemas estructurales, apuestas estructurales: política fiscal, transparencia en los balances  de la cuentas de todos los estados y de organismos tanto públicos como privados, lucha contra los paraísos fiscales, etc y cualquier otra  herramienta para reducir la desigualdad se van haciendo cada vez más imprescindible. Porque no solo es el llanto de los Ángeles ante el cadáver de un niños muerto lo que provoca la indignación. Es también la fuga de capitales y la necesidad de transparencia en las cuentas nacionales e internacionales públicas y privadas. Es esencial usar nuevos paños de lágrimas para conseguir que la riqueza sea redistribuida para garantizar el respeto, la protección y el cumplimiento de los Derechos Humanos para todas las personas. Donde muchos nos encontraremos.

Y entonces , “Para el hombre hambreante y sepultado/ en sed salobre son de sombra fría/ en nombre de la fe que he conquistado: alegría”. (Que también lo gritó Blas de Otero en nombre de muchos ).

 

 

 

 

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