“Amoris Laetitia”: la alegría multicolor de las familias

No. No voy a hablar de la bandera arco iris ni de las personas homosexuales. O no explícitamente. Quiero, sencillamente, recoger algo de la riqueza de esta estimulante y larga Exhortación apostólica del papa Francisco sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (en adelante, AL). Y quiero hacerlo de manera sintética, tomando como hilo conductor el color o los colores.

luzFrancisco reconoce que “el camino sinodal ha contenido una gran belleza y ha brindado mucha luz” (AL 4) y que las aportaciones recibidas constituyen “un precioso poliedro” (AL 4). Sería la imagen de un rayo de luz blanca que se difracta en un haz multicolor.

La Exhortación tiene nueve capítulos. A cada uno le he asignado un color. Cada cual tiene también un enfoque particular y una temática específica. De manera sintética, las palabras-clave que corresponden a cada capítulo responderían a estos enfoques: bíblico, sociológico, cristológico, poético, sacramental, pastoral, pedagógico, de discernimiento, espiritual. Como digo, a cada capítulo le asigno un color.

 [1] Blanco. El primer capítulo (AL 8-30) se titula “A la luz de la Palabra” y ofrece una iluminación bíblica de la realidad del amor, el matrimonio y la familia. No solo habla de la intimidad conyugal y de la fecundidad, sino también de las durezas de la vida (“un sendero de sufrimiento y sangre”), del esfuerzo cotidiano (“la fatiga de tus manos”) y de “la ternura del abrazo”. En todo ello encontramos la presencia del Dios del Amor que inunda toda la realidad con su blanca luz. Son páginas equilibradas y bien escritas.

[2] Grises. A continuación, el Papa analiza la realidad y los desafíos actuales de las familias, con el deseo de “mantener los pies en la tierra” (AL 6) con una perspectiva sociológica y cultural. Ocupa los números 31-57 y, en mi opinión, ofrece una visión matizada, realista y esperanzada. Huye del simplismo de blancos y negros, para situarse en el espectro de los grises. El abanico de temas y de contextos particulares exigen una mirada matizada. La Exhortación no capta “un estereotipo de la familia ideal, sino un interpelante collage formado por tantas realidades diferentes, colmadas de gozos, dramas y sueños. Las realidades que nos preocupan son desafíos. No caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera” (AL 57).

Ce37JtsUIAAVT_D[3] He asignado, con ciertas dudas, el color azul al tercer capítulo (AL 58-88), titulado “La mirada puesta en Jesús: vocación de la familia”, que “recoge una síntesis de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia” (AL 60). Tiene una matriz cristológica y, de ahí, el color azul que se corresponde en los iconos bizantinos a la divinidad de Cristo. En realidad, el capítulo tiene cinco partes: el testimonio de los Evangelios, la enseñanza de la Iglesia, la realidad sacramental, las situaciones irregulares entendidas como “semillas del Verbo” y la transmisión de la vida y la fe a los hijos. “El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia” (AL 88).

[4] Este es un color especial: el no-rosa. Sencillamente, quiero decir que el amor no es de color de rosas, no es romántico, idílico ni ingenuo. Me refiero al capítulo cuarto (“El amor en el matrimonio”, número 89-164) que he llamado “poético”. Se articula en torno a un comentario exegético-espiritual del conocido himno de la caridad de 1Cor13. Lo hace con finura y belleza, y va desplegando diversos aspectos de la realidad del amor, sin idealizaciones (“no hacen bien algunas fantasías sobre un amor idílico y perfecto”: AL 135) pero tendiendo al ideal: intimidad, vida compartida, amor de amistad, diálogo, pasión, fuerza erótica… siempre en dinamismo exigente de crecimiento transformador. Recomendables las palabras que el papa Francisco dirige directamente a los jóvenes, en los números 131-132.

[5] Rojo. “Amor que se vuelve fecundo” es el título del capítulo quinto (AL 165-198). Es, pues, un amor expansivo, fecundo, dinámico, apasionado. Por eso he escogido el color rojo, que habla de la sangre, de la vida, de los fluidos que se comunican. El texto habla sobre todo de la fecundidad, la generatividad y del papel de padre y madre en el proceso. Destaco también los números dedicados a “discernir el cuerpo” (AL 185-186) y las sugerentes páginas sobre “la familia grande”: ser hijos, abuelos, hermanos… desde “un corazón grande” (AL 196).

[6] El capítulo sexto se adentra en “algunas perspectivas pastorales” (AL 199-258). Por eso he escogido el color marrón, queriendo aludir así a dos realidades: el bastón del pastor que camina con su pueblo y el barro con el acabamos manchados cuando entramos a fondo en la vida concreta. Habla de los agentes de pastoral, de la preparación al matrimonio y del acompañamiento en los primeros años de vida matrimonial, y lo hace con el realismo animoso que ya hemos mencionado. Particularmente lúcidas me parecen las reflexiones sobre “iluminar crisis, angustias y dificultades” (AL 231ss) porque proporcionan un enfoque matizado, dinámico y complejo en el que ubicar cuestiones particulares.

PapaFamiliaEFE[7] Verde es esperanza. Los hijos son esperanza que abren al futuro. Y a ellos está dedicado el capítulo séptimo: “fortalecer la educación de los hijos” (AL 259-290). Por estas páginas van apareciendo la necesaria cercanía y presencia, la formación ética, las figuras de autoridad, los contextos, la educación sexual (realista y valiente, sin miedos ni superficialidad: AL 280-286) y la transmisión de la fe.

[8] Según dice en AL 7, el mismo papa Francisco espera que “todos se vean muy interpelados por el capítulo octavo”, que se titula “acompañar, discernir e integrar la fragilidad” (AL 291-312). Por este motivo le asigno el color ámbar o naranja intermitente, como los semáforos que piden especial atención. Quien busque normas nítidas y contundentes (semáforos en rojo o en verde) quedará defraudado. El Papa retoma la gradualidad pastoral (AL 293), invita al discernimiento (AL 296s y 304s), asume la vía del “fuero interno” (AL 300), destaca las circunstancias atenuantes en la pastoral (AL 301) y sitúa en el centro la lógica de la misericordia (AL 307): todo ello “otorga un marco y un clima que nos impide desarrollar una fría moral de escritorio al hablar sobre los temas más delicados” (AL 312).

[9] El noveno y último capítulo se dedica a la “espiritualidad matrimonial y familiar” (AL 313-325). Lo relaciono con el color amarillo-dorado, que remite al brillo, a la perla, a la joya que es la “espiritualidad de la comunión sobrenatural” (AL 314), reflejo de la Gloria divina y de la luz de la Pascua. De manera estimulante y sencilla, el Papa invita a una espiritualidad del amor exclusivo y libre (AL 319), que es espiritualidad del cuidado, del consuelo y del estímulo (AL 321).

ScreenHunter_04 Nov. 07 11.10Como se ve, los colores asignados tienen un cierto grado de aleatoriedad simbólica, Y es que, en realidad, apenas hay dos números de la Exhortación que hablan de colores. Primero, cuando dice que “los matrimonios cristianos pintan el gris del espacio público llenándolo del color de la fraternidad, de la sensibilidad social, de la defensa de los frágiles, de la fe  luminosa, de la esperanza activa” (AL 184). Este texto, pues, subraya la alegría expansiva, solidaria y gratuita del amor cristiano.

En el segundo texto de colores, el Papa advierte: “por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento” (AL 305). Aquí se destaca la necesidad del matiz, del proceso, de la gradualidad. Con esto tenemos ya una buena síntesis del mensaje central del documento. Los debates y las posturas han ido “desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2). Frente a ello, el Papa propone el discernimiento.

Quiero terminar con dos anotaciones.

La primera, sobre las citas a las que alude el Papa en sus notas a pie de página. Hay muchos textos del  magisterio, incluyendo nueve citas de diversas Conferencias Episcopales (entre ellas, una de la Española, en el texto de 1979 Matrimonio y familia) pero también hay otras referencias más llamativas. Me refiero a tres literatos de América Latina: el argentino Jorge Luis Borges (“toda casa es un candelabro”: AL 8), el mexicano Octavio Paz hablando de la cortesía (AL  99) y, en el número 181, el uruguayo Mario Benedetti:

Si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

La segunda anotación es una advertencia, al terminar este comentario casi de urgencia. El Papa dice explícita y claramente: “no recomiendo una lectura general apresurada” de la Exhortación, sino que esta será “mejor aprovechada” por cada cual “si la profundizan pacientemente parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta” (AL 7). Así pues, amigo lector, amiga lectora, no te quedes en este post, sino intenta saborear la Exhortación con calma y provecho. Te pueden ayudar también estas recomendaciones acerca de cómo leer ‘Amoris Laetitia’ y no morir en el intento.

2 Comentarios

  1. No había tenido la oportunidad de agradecer lo que se publicó sobre la Exhortación AL. Me gustó mucho y me ha ayudado a acercar el texto a varias personas.

  2. El Amor, que es el mismísimo Cristo, une a hombre y mujer en una unión que es para siempre y que está abierta a la vida. Sí, para siempre, cosa humanamente imposible que, por la Gracia de Cristo, pasa a hacerse realidad. Sí, abierta a la vida, donde no hay condones ni egoísmo sino generosidad y amor. Los hijos son un regalo de Dios, y no un puñado de células de un “ser vivo, no humano” (sic) que deba ser abortado. Infanticidio en aras del dios dinero, billetes manchados con la sangre de inocentes.
    Desde la familia ignaciana trabajamos en la educación de los jóvenes para que no caigan en manos de la lujuria sino que abran su corazón a la castidad y el amor; son revolucionarios del Amor, rechazan los condones y la pornografía y se mantienen castos, y dicen no a toda tentación de fornicación. Es generosidad y amor hacia Dios y hacia su novio o novia, según corresponda. Esa es nuestra gotita en el vaso de la Familia.
    Un abrazo a todos los que formamos de alguna manera los jesuitas. Bendiciones.

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