Alteración digital del trabajo

Las nuevas tecnologías han dado lugar a nuevas formas de trabajo, con la consiguiente destrucción de otras obsoletas o de baja producción, pero por regla general han trastocado cualquier trabajo posible tal y como lo entendíamos hace unos años. No cabe duda de su impacto global en los modos y en las costumbres. La alteración digital del trabajo es un hecho incontestable, que sólo algunas personas con cierta perspectiva son capaces de percibir en su totalidad.

Afecta tanto a la selección como a las obligaciones del trabajador. Los contactos entre empresas y trabajadores, la búsqueda de talento de diferentes maneras, las plataformas que unen proyectos distintos e incluso el modo de abordar los problemas de siempre han cambiado. Hablamos de “networking”, de “coworking”… Hablamos del control de la empresa sobre el trabajador, del seguimiento del producto hasta puntos inimaginables hace poco tiempo gracias al “blockchain” e incluso de geolocalización de los trabajadores.

Por supuesto, trabajo en casa, supresión de tareas mecánicas y repetitivas, del valor de la creatividad, de la visión de futuro, del análisis. “Empoderamiento” de personas que, con alta capacidad de sacrificio y fuertes dosis de innovación y emprendimiento, ha creado modelos de negocio muy fructíferos con ayuda de las herramientas digitales. El mundo del trabajo se ha individualizado al tiempo que las grandes compañías tecnológicas se hacen progresivamente con el mercado absorbiendo, a cambio de participar en sus plataformas, otras empresas hasta ahora más rentables.

No hay vuelta atrás. El trabajador cambia al ritmo del trabajo, está obligado necesariamente a mostrar capacidad de adaptación para ser productivo, en todos los sectores. Nadie escapa al imparable avance de la tecnología, aunque se dedique a la artesanía medieval.

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Se trata de una alteración en todos los ámbitos de un negocio: el alcance y exposición, la capacidad de llegar a sectores hasta entonces alejados de mano de las redes sociales, con la publicidad que en ella hacen personas que influyen sobre personas; en los estudios, en los datos que dispone un negocio o una iniciativa; en las herramientas que tiene a su disposición para llevarla a cabo; en la producción de realidades tangibles e intangibles, en su control de calidad y facilidad para la gestión de adaptaciones y actualizaciones… ¡Todo ha cambiado!

De la mano de esta transformación tecnológica muchas veces también se da una mercantilización de sectores que hasta entonces parecían al margen de la lógica del intercambio interesado y la búsqueda de intereses. La afectación en lo público es notable, sólo hace falta pensar en cómo han virado en los últimos años los pilares esenciales del Estado del bienestar.

Todo cambio es una oportunidad, dicen algunos. Pero los límites del horizonte marcado por el paradigma digital son tales que, en ocasiones, pensar en ellos asusta.

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