Sabido es que un elemento clave para que una organización funcione bien y logre sus fines es la buena integración de quienes la llevan adelante. Para quienes dirigen y coordinan grupos humanos es una delicada labor artística lograr que las personas hagan propios los metas, las prioridades y los objetivos específicos de la organización, en especial de las encuadradas dentro del llamado Tercer Sector, de las que las educativas son un ejemplo referente. Los líderes locales son los principales responsables no sólo de motivar genéricamente a sus compañeros, sino de conseguir que los intereses personales, las aspiraciones individuales y colectivas aumenten la motivación, creen el necesario clima de confianza, sin el que ninguna meta que merezca la pena es posible. Y la buena educación lo es, sin duda.

Una forma habitual de motivar a todos en la marcha de una entidad educativa es hacer partícipes de forma orgánica a los docentes y demás trabajadores o voluntarios, alumnos y sus familias en los procesos de toma de decisión. Hoy en día, los colegios cuentan con órganos de reflexión y toma de decisiones donde este primer nivel de motivación puede fomentarse. Cuestión distinta es si la estructura general y los canales de comunicación responden a las necesidades reales o se mantienen porque lo indica la norma o la costumbre, no sometiendo lo existente al adecuado proceso de valoración y actualización.

En el mundo empresarial se conocen y usan diferentes técnicas y herramientas para tomar decisiones clave en grupo que todavía son poco empleadas escolarmente aunque su connaturalidad es mayor que en otros sectores. A mi juicio, ello se debe a que los docentes hemos enfocado inconscientemente la creatividad hacia los más pequeños porque creemos que es un patrimonio juvenil. Un cambio de perspectiva en este tema sería muy importante, no sólo porque los recursos disponibles son de evidente utilidad tanto en reuniones con pares como para el trabajo en el aula o la dinamización de grupos informales, sino porque gran parte de la motivación tiene que ver con la calidad, riqueza y ánimo con la que los intervinientes participan en la toma de decisiones, en la matización de los objetivos, en la temporalización de las actuaciones y en la asimilación de las líneas estratégicas. En la escuela actual, saber que estos aspectos pueden entenderse y trabajarse técnicamente, lejos de los personalismos, las improvisaciones y la mera buena voluntad, sería de enorme utilidad para profesionalizar las estrategias de gestión escolar.

En este contexto de animación orgánica y técnica a la participación, ¿es posible conseguir que las herramientas digitales que disponemos ayuden a alimentar la motivación? Sin duda, pero siempre que se consiga a la vez llevar los procesos de toma de decisiones cerca de los lugares donde deben hacerse efectivas y crear vínculos de interdepedencia sólidos y orientados a las metas generales. Actuación local y alineamiento colectivo son los dos fundamentos que el gestor escolar debe tener en mente cuando trabaje para mejorar la motivación de los demás empleando los recursos disponibles.

¿Existen pautas útiles de actuación y empleo de estas herramientas? Son básicas éstas:

  • El uso de las herramientas digitales debe ser sencillo, claro y centrado en preguntas concretas. No pueden sustituir el diálogo y el trabajo en grupo, pero puede prepararlo y enfocarlo. También permiten resolver los pequeños detalles que en tantas ocasiones enmarañan la reflexión sobre los temas molares y bloquean las tomas de decisiones más importantes.
  • Las herramientas deben emplearse dando tiempo adecuado para su empleo, explicando bien el objetivo pretendido y creando la necesaria cultura de uso y valor. Como también sucede con las novedades organizativas y la aplicación de técnicas de trabajo colaborativo para la toma de decisiones, el extra que aportan sólo se valora tras su empleo continuado y la evaluación de los logros obtenidos.
  • Han de formar parte de un entramado de técnicas de reflexión colectiva, y no se entienden sin el resto. Deben representar, analógicamente, lo que el uso de las TIC aporta al trabajo colaborativo por proyectos o retos: instrumento para organizar el pensamiento; foro de búsqueda de información y posibles respuestas; mesa redonda donde compartir reflexiones, dudas y procedimientos; y posible panel de plasmación pública de resultados, de comunicación y debate abierto.
  • Por último, tienen que formar parte de una cultura escolar que valore su aplicación en el resto de actividades. No deben utilizarse como una moda, de forma mecánica o desconectadas de la forma habitual de actuar.

Empleadas de forma paulatina, en el contexto adecuado y generando expectativas alcanzables y evaluables, herramientas como los formularios, los documentos compartidos, los repositorios comunes, los foros y chats, las redes sociales docentes, pueden ser una poderosa ayuda para la motivación de los docentes, que redundará en una mejor calidad escolar y una mayor calidez.

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