Alerta

Mantener la sensibilidad activada incluso en verano

En el momento de escribir este “post” tengo delante el cuadro que el artista haitiano Jacques- Richard Chery pintó para la organización Misereor en el año 1.982 titulado “El árbol de la vida”. Un cuadro en el que aparece un Jesús negro que acompaña a su pueblo en varias escenas. Una de ellas cruzando el mar en una barca de madera en busca de una vida digna. En la imagen la tempestad arrecia y los tripulantes, asustados piden auxilio en un mar revuelto. Jesús está en esa barca, agarrándose también.

En otra escena del cuadro, justo en el lado opuesto aparece un grupo de náufragos intentando ganar la orilla, algunos a punto de ahogarse mientras que ya en la orilla, hay espectadores que presencian  entretenidos, incluso divertidos, la escena. Otros cruzan los brazos, otros levantan muros… y otros tienden la mano y ayudan.

En torno una y otra escena hay otras que revelan las causas que han generado la injusticia: La destrucción de los recursos naturales , la especulación con la tierra, la guerra y sus efectos sobre el pueblo, los nuevos mercaderes del templo…

En todas ellas aparece ese Jesús negro, denunciando la destrucción del planeta, siendo pisoteado por las botas de los militares mientras grita con sus manos y sus pies atados en un escenario dominado por bombas y cañones.

Miro el cuadro y se me revuelve el estómago (dudaba si escribir esta expresión o mejor poner la “más políticamente correcta” se me cae la cara de vergüenza) cuando pienso en la obscenidad de los nuevos mercaderes que calculan los beneficios que en términos electorales les puede proporcionar la explotación de la desesperación humana. Pienso en lo burdo y fácil de los discursos encaminados a extraer miedos y pasiones de los ciudadanos y ciudadanas utilizados también como mercancía “electoral” y mediática. Pienso en el daño que hacen a los valores de convivencia en que se debe asentar una sociedad todos esos estereotipos, estigmatizaciones, prejuicios que literalmente se “ sueltan” en los medios de comunicación sin pudor ni vergüenza, sin conocimiento ni matiz, sin responsabilidad alguna….y sin ser conscientes de las consecuencias que pueden generar.

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No puedo evitar sentir un escalofrío al proyectar que en España pueda pasar algo parecido a lo que hoy sucede en países muy próximos y noto que ese discurso fatalista y desesperanzador va echando raíces en mí. Sin embargo creo también que quedarse en ese discurso es hacerse cómplice de las políticas excluyentes.

Es tiempo más que nunca de estar alerta, de apoyar discursos integradores, de desgastarse con quienes se desgastan día a día atendiendo a los que llegan a las costas. Es momento de desmontar discursos que ponen a la policía como víctima de la llegada de los inmigrantes…¡qué tremenda paradoja!, mientras que no denuncian la falta de recursos de  entidades cuyos trabajadores y voluntarios están tan volcados en su trabajo que ni tiempo encuentran para la queja . Es tiempo de denunciar que la falta de medios es consecuencia de políticas de recorte social irresponsable que diezmaron el numero de mediadores interculturales, trabajadoras sociales, abogadas y abogados, psicólogos, etc de las ONGs y que implicaron el cierre de muchísimos recursos, y que hoy se intenta solventar de forma apresurada. Es tiempo de escribir columnas en periódicos, de entrar en debates en nuestras casas cuando el tema migratorio asoma, de sensibilizar en nuestras parroquias y en nuestros espacios eclesiales y laicos. Es tiempo de recordar (en el sentido literal de la palabra) las viñetas sobre migración de nuestro llorado forges. Es tiempo de leer los informes de ACNUR, de CEAR, de Open Arms los posicionamientos de la red “Migrantes con Derechos”

Es tiempo de actividad…aunque nos ”pille“ en verano.

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