Alegría de tísico

Las elecciones francesas de ayer domingo han resultado más o menos como las encuestas pronosticaban: Macron, Le Pen, Fillon y Mélenchon prácticamente empatados al 20%, pero en ese orden de llegada, lo cual es muy relevante en su sistema electoral. La segunda vuelta será entre Macron y Le Pen, por tanto. Fillon ya ha apoyado a Macron para esa segunda vuelta, mientras Mélenchon ha preferido no pronunciarse por ninguno de los dos.

La frase venezolana “alegría de tísico” se aplicaba en los viejos tiempos (antes de que se curara la tuberculosis con antibióticos) a las mejorías aparentes que daban una alegría a quien de todas formas se estaba muriendo de tisis. Era cuestión de tiempo, pero por unos días la persona se sentía mejor: le parecía que iba curándose. Pues no.

Así están los creadores de opinión contentos con que de momento se haya salvado la Unión Europea, cuyo futuro hubiera sido bastante negro de haber quedado Le Pen y Mélenchon en los dos primeros lugares. Es alegría de tísico, como se nota en que:

  • Macron es un candidato de aluvión, sin partido, por tanto sin gente probada suficiente para ocupar los puestos del Estado. Unos 10 mil al menos hacen falta en un Estado moderno. Su partido se llama como él –En Marche! de Emmanuel Macron–, lo que ya dice algo.
  • Los grandes partidos franceses “de toda la vida”, que sí tienen cuadros para llevar el Estado, han quedado tercero y quinto en las elecciones, con el candidato conservador muerto políticamente por la corrupción, y el socialista por la votación.
  • El 40% sumado de los franceses han votado por Le Pen o Mélenchon, candidatos con programas económicos basados en el proteccionismo nacionalista frente a la integración en el mercado común europeo.

Y es que en nuestra política se están mezclando fatalmente dos hilos: la pluralidad de ideas acerca de cómo abordar la situación de las respectivas sociedades, que está muy bien incluso cuando haga populares ideas contrarias a lo que pensemos; con la corrupción de las élites de gobierno, que está muy mal incluso cuando estamos de acuerdo con las ideas que sostiene tal o cual grupo imputado.

La corrupción no es un accidente político, un evento de poca importancia frente a las ideas, un asunto que se volverá irrelevante de nuevo cuando regresen las vacas gordas.

Y sin embargo, las élites corruptas insisten en que “ni lo hicimos, ni lo volveremos a hacer”, mientras siguen saliendo casos que muestran que lo hacían también después de decirlo. O un poco como Fillon: “Dar trabajo a mi familia fue un error y presento mis excusas a los franceses. Era una práctica habitual en el pasado que en la actualidad rechazan los franceses. Se trataba de una relación de confianza que ahora despierta desconfianza”. Estaba bien, ahora está mal, mis disculpas; qué le vamos a hacer. El pasado no puede cambiarse; lo importante son las ideas.

Las ideas sobre qué hacer son ciertamente muy importantes, pero la corrupción acaba con la legitimidad moral esencial en política. El resultado lo hemos visto en las elecciones francesas: los diversos “antisistema” comparten con Macron que ninguno ha estado en el poder suficiente tiempo, ni los suyos han robado tan descaradamente, como para haber perdido esa legitimidad.

Y así, ninguno de los candidatos a la elección de los franceses, y al impacto sobre todos los europeos, reunía tres condiciones razonables:

  1. Ideas de integración europea (que es la única manera posible de hacer frente a las grandes empresas: lo demás es demagogia nacionalista);
  2. Limpieza respecto a la corrupción capaz de pasar el examen de la prensa y la Justicia; y
  3. Gente probada suficiente con capacidad de llevar el Estado.

Marine Le Pen seguramente tiene 2, pero no 1 y probablemente tampoco 3. Lo mismo le ocurre a Jean-Luc Mélenchon. Emmanuel Macron puede exhibir 1 y 2, pero no 3. François Fillon 1 y 3, pero no 2. La elección puesta a los franceses era así mala de partida.

¿No tendremos derecho a pedir candidatos con una historia presentable de gobierno, con capacidad orgánica para llevar el Estado y una ejecutoria probada de razonable honestidad, de forma que podamos decidir solo por las ideas que proponen?

Lo único que parece ocurrírsenos para evitar nacionalismos suicidas es buscar sujetos con poca historia y poco partido, que no hayan tenido ocasión de robar significativamente ni ellos ni los suyos. Claro, eso no implica que no lo harán en el futuro cuando tengan más poder y controlen más presupuesto, insertándose en alguna “trama” existente o creando una corte propia de empresarios, periodistas y demás beneficiados. Alegrías de tísico.


Imagen tomada de un video:en-marche.fr/article/declaration-emmanuel-macron-23-avril-2017

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