Por Josep Mª Margenat, SJ

Alberto Iniesta, el “obispo de Vallecas” que trabajó por una Iglesia del cambio que pudiese habitar en la libertad y la democracia, falleció el 3 de enero de 2016. Iniesta era uno de los últimos obispos vivos que quedaban de la época de Pablo VI, de aquel triángulo formado por el cardenal Enrique Tarancón, arzobispo de Toledo (desde 1969, luego en Madrid desde diciembre de 1971 hasta 1983), el nuncio Luigi Dadaglio (de 1967 a 1980) y el Papa Montini (1963-1978). Ése fue el equipo que pilotó la transición eclesial española de la dictadura a la democracia (1963-1978) y en ese equipo jugó Alberto Iniesta, primero como sacerdote, luego como auxiliar de Tarancón, junto a obispos como José Delicado, Elías Yanes, Gabino Díaz Merchán, Antonio Dorado, Ramón Echarren, Ignacio Oliver, Javier Azagra, José Manuel Estepa y otros, además del grupo catalán en torno al cardenal Jubany. Los años posteriores a 1983, ya con Suquía y Rouco, Iniesta tuvo un papel menos relevante en la diócesis de Madrid.

Un día antes de su 93 cumpleaños falleció en Albacete, su ciudad natal. Había sido obispo auxiliar de Madrid entre 1972 y 1998, acompañando durante 26 años el gobierno pastoral de los arzobispos Tarancón, Suquía y Rouco. Las exequias fúnebres, presididas por el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, tuvieron lugar en la Colegiata de San Isidro de Madrid, donde está enterrado. En la eucaristía exequial participaron varios cardenales, más de diez obispos, unos ochenta sacerdotes y una docena de diáconos; además de los familiares, muchas personas llenaron la iglesia.

Alberto Iniesta nació en Albacete el 4 de enero de 1923, fue empleado de banca y lo que entonces se conocía como “vocación tardía”, por lo que estudió en el Colegio del Salvador de Salamanca, licenciándose en Teología en 1958 en la Universidad Pontificia de Salamanca y siendo ordenado presbítero también en 1958. Desde ese año trabajó pastoralmente en la parroquia de San Pedro en Albacete y como superior de su Seminario mayor. El 22 de octubre de 1972 fue ordenado obispo, auxiliar de Madrid-Alcalá, por el cardenal Tarancón y los obispos Delicado Baeza e Ireneo García Alonso y el 5 de abril de 1998 pasó a ser auxiliar emérito de Madrid. En la Conferencia Episcopal fue miembro de las Comisiones episcopales de Liturgia (1975-1981) y de Migraciones (1984-1990).

Escribió varios libros de pastoral, alguno de memorias, como Recuerdos de la transición (Madrid 2002, PPC) y artículos de opinión en El País con títulos, que dan idea de sus preocupaciones y posiciones, como “Opresión, ni de los oprimidos”, “Hasta que el aborto nos separe” (1990), “Nunca más la pena de muerte”, “Rovirosa, profeta del mundo obrero”, “Asamblea conjunta”, “Refugiados sin refugio”, “Ética, ejemplaridad y convivencia”, “La vieja dama Europa”, “Beatificación y reconciliación”, “Los obispos, ante la consulta” (1986), “Teología de la liberación, liberación de la teología”, “Madre / madrastra naturaleza” (1983), “Aborto y diálogo”, “La Iglesia de Chile, una Iglesia mártir”, “Monseñor Romero, profeta y mártir”, “Pontífice sencillo” (1978), “Una Iglesia nueva para una España nueva” o “Una respuesta cristiana a la cuestión del aborto” (1977), entre otros muchos, así como en el semanario católico Vida Nueva, en el que colaboró prácticamente hasta pocos días antes de su muerte.

En su libro Recuerdos de la transición escribió “¿Qué habría sido de la transición hacia la democracia si el episcopado se hubiera mantenido en actitud intransigente y reaccionaria ante los cambios?”. Es lo mismo que quiso reconocer y subrayar el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en la homilía del funeral “corpore insepulto”: «Vivió apasionadamente con palabras y obras la certeza de que el Señor le acompañaba y amó a todos, con todas las consecuencias». ¿Qué habría sido de la Iglesia española en los años 70 y 80 sin personas, sin obispos como Alberto Iniesta, entregados a amar a todos con todas las consecuencias?

[Retrato de Alberto Iniesta en 1998, obra de Carlos Ortega]