¿Afecta la neutralidad de la Red a la calidad escolar para todos?

Este próximo 14 de diciembre, el Congreso de los EEUU valorará y votará la propuesta llamada “Restauración del orden de la libertad en Internet”. Si no cambian las circunstancias, saldrá adelante por mayoría. A pesar de las promesas de autorregulación para el sector, la propuesta acabará de hecho con las protecciones aprobadas en 2015 bajo el mandato del presidente Obama, acotando económicamente un rincón casi libre de fronteras durante estas últimas décadas: Internet. De aprobarse la medida, antes o después otras regiones económicamente relevantes del planeta la replicarán adaptándola…

…  ¿Qué repercusiones podría tener este cambio regulatorio a la formación de las nuevas generaciones? ¿Qué consecuencias podría acarrear en una época de cambio en las metodologías educativas donde los contenidos y herramientas digitales adquieren una relevancia cada vez mayor y llegarán a ser insustituibles? ¿Llegaría a mantenerse el binomio calidad-equidad en las condiciones actuales?

Brevemente, de salir adelante la propuesta, …

  • Los usuarios tendrán que pagar, además de por su conexión a Internet, por contenidos adicionales como redes sociales, servicios de streaming o medios de comunicación. ¿Alguien es tan iluso como para no ver que el cobro de derechos se extenderá pronto a servicios adicionales de retorno constante como lo son las plataformas educativas abiertas o los repositorios de contenidos no sometidos a pago o a limitaciones de extensión?
  • ¿No va a ser el ámbito educativo uno de los lugares donde se propondrán “soluciones imaginativas” para el acceso universal de los jóvenes a “precios asequibles” dado el potencial volumen de usuarios? ¿Se encarecerá el coste final de la educación? Muy probablemente. ¿Qué consecuencias tendrá sobre las capas más desfavorecidas de la población o sobre las regiones más pobres? ¿Se ampliará la brecha digital intrageneracional? Creo que sí, ya sea por vía de pago o por vía de ralentización en el acceso a los contenidos, lo que depauperará en el aprendizaje a las escuelas con una menor disponibilidad económica de acceso a la Red; las cuales, sin duda alguna, estarán ubicadas por lo general en los entornos más deprimidos.
  • ¿Qué servicios educativos van a quedar incluidos en el zero rating? ¿Todos los educativos? Seguro que no. ¿Existirán, pues, escuelas de primera y de otras categorías según la facilidad de acceso a la Red? Ya existen, de hecho, dependiendo de la infraestructura de conexión y de los dispositivos al alcance de los alumnos y docentes. Por eso, esta medida, que agrandará la brecha, puede dar la puntilla al anhelo de una educación sostenida con fondos públicos igual para todos.
  • ¿No llevará este movimiento a una concentración de las actuales editoriales y proveedores on line en unas pocas cabeceras controladas por los suministradores de servicios, que verán una fuente de ingresos seguros las necesidades educativas? ¿Qué consecuencias puede tener sobre el sesgo ideológico de los contenidos? Si nos fijamos en la concentración acaecida en los medios de comunicación en los últimos dos decenios en todo el mundo, no podemos augurarnos nada bueno.
  • En cuanto al tipo de contenidos, en el caso de que se produzca una concentración en un conjunto de grupos de los servicios y contenidos, ¿dónde va a quedar la posibilidad de crear conocimiento a partir de una multiplicidad de fuentes distintas si algunas de ellas pueden ser penalizadas no sólo por su posicionamiento (peor para la competencia) sino por su coste? Por otra parte, ¿les será posible a todos los suministradores de contenidos someterse a las nuevas condiciones del mercado? ¿No desaparecerán por imposibilidad de estrangulamiento económico?
  • ¿Hasta qué punto las mismas plataformas educativas y los repositorios de contenido van a quedar vacíos de publicidad o de inclinar hacia esta herramienta o aquella red social? El caso G-Suite es bien significativo: si ya para el alumno (usuario) medio actual, decir Red es decir Google, con las herramientas de esta compañía el resto del horizonte se desvanece por completo. ¿Cambiará la medida la situación? Indudablemente, no, puesto que una vez puesta en marcha la propuesta, la cantidad de dinero que se va a manejar es ingente, y ni la más poderosa de las compañías de la Red podrá sustraerse de jugar en un campo donde la autoexclusión puede llevar a la eliminación. El propio juego del mercado impedirá antes o después que las compañías se autolimiten.

Indudablemente, la neutralidad en la Red afecta a la calidad escolar para todos. No es descabellado afirmar, como ya lo hizo un tribunal de apelaciones de los EEUU a propuesta de la Comisión Federal de Comunicaciones el pasado año, que Internet es un servicio público global. Quizá el primero de esas dimensiones; al menos, en cuanto a la educación se refiere.

Imagen de cabecera: https://delgado.ec/blog

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1 Comentario

  1. Igualar lo público a lo bueno es más ideología que bien común. En cambio exigir transparencia y competencia en cualquier servicio es más cercano al servicio de calidad para todos. En consecuencia lo que es deseable es un “watchdog” permanente que vigile que se dan las circunstancias últimas de ejercicio libre y responsable y se evita cualquier monopolio de oferta.
    ¡Puede reclamarse a la UE o NU como tiene establecido en otros campos?
    Lo que es fundamental es que los legisladores de EEUU y su patrono Sr. Trump sean vigilados con cercanía y eficacia para la ventaja global.

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