La República de Panamá limita al norte con el mar Caribe, al sur con el océano Pacífico, al este con Colombia y al oeste con Costa Rica. Famosa por el canal, por un tipo de sombrero, y por los papeles… es  un país que constituye, malgré lui, una caja de sorpresas.

El canal y su ampliación tuvieron su aquél hace cosas de dos años, cuando el consorcio encargado de la obra renegociaba con las autoridades panameñas un sobrecoste fuera de presupuesto de –¡ahí era nada!- 1.600 millones de dólares…

Yo tengo un sombrero panamá, hecho de paja toquilla, muy elegante. Me favorece y lo uso en cuanto el sol empieza a ser sol en Madrid, a fines de primavera. Y sí: llevé una desilusión cuando supe que el dichoso sombrero, de Panamá no tiene más que el nombre; y que es de puro encaste ecuatoriano

¿Y los papeles? El lector, seguro, está al cabo de la calle. De todas formas, merece la pena señalar que no nos han contado nada que no supiéramos o que no imagináramos: que en el río revuelto del tinglado de la antigua y de la nueva farsa, un 1% de mangantes y espabilados –todos juntos en unión- viven como dioses –wie Gott in Frankreich!- a costa del tonto útil y hundiendo en  la  miseria a millones de desposeídos. Lo que pasa es que ahora la evidencia es llamativa: Once millones y medio de documentos… tienen canto, ¿verdad usted?… Y eso que se trata sólo de la puntica nada más. De una firma –Mossack Fonseca– entre miles…

No es de extrañar que la gente explote: “¡Menuda globalización!”, “¡Menudo sistema!”, “¡Menudo capitalismo!”, “¡Me río yo de la economía de mercado!”, “¿No nos vendieron la panacea globalizadora como  la clave para que circularan personas, bienes y capitales?”. ¡Miau! Los refugiados son personas y circulan pero no los dejan llegar. Y el capital se mueve de una manera disfuncional, en beneficio de una exigua minoría que, al frente del chiringuito, vive del cuento, ajena a los impuestos y a los problemas del contribuyente de a pie.

Ante la crisis –económica, social y ecológica-, con ocasión de este escándalo, es hora de plantearse muchas cosas: la corrupción, el capitalismo, la evasión de impuestos, la legalidad internacional, la injusticia… Ya estamos tardando. Como cantan en el himno panameño: “Adelante la pica y la pala/ al trabajo sin más dilación”…