Adam Smith era un Homo sapiens

Durante mucho tiempo me he preguntado cómo hemos llegado a crear un sistema económico por y para el dinero. ¿Cómo hemos permitido tantísima desigualdad económica y de poder? ¿Cómo es posible que podamos decir que la economía se trata solo de seguir nuestro propio interés, sin ninguna implicación moral en nuestras decisiones?

Estos tres elementos están tan lejos del sueño de fraternidad de todas las religiones y culturas, que llama la atención que un sistema así haya podido ser diseñado por un Homo Sapiens.

Después me indicaron que esto es todo parte de una ideología llamada “liberalismo económico” que fue explicada y promovida por Adam Smith a finales del siglo XVIII. Así que movido por una inmensa curiosidad de conocer si realmente Smith era un Homo sapiens, decidí leer todos sus libros. Todos sus libros varias veces.

Lo que encontré no me sorprendió. Si este señor había sido capaz de escribir libros, seguro que era un Homo Sapiens. Y, en efecto, lo era. Las cosas que decía eran de Homo sapiens. Hablaba de fraternidad, de amor, de moral, de ética y de valores. Hablaba de combatir con fuerza y sin miedo cualquier exceso de poder. Hablaba de defender los intereses de los más vulnerables.

Y, sin embargo, hoy, para intentar justificar el mundo que tenemos, se sigue señalando a Adam Smith como si fuera un ser de otra especie que decía cosas muy diferentes a las que decimos la mayor parte de los seres humanos. Lo curioso es que estas acusaciones llegan desde todas las ideologías.

Algunos liberales consideran que con el liberalismo de Smith comenzó la búsqueda insaciable por el dinero. Sin embargo, en nada puso Smith más énfasis que en acusar al dinero de ser una fuente de desgracia para el ser humano. Expresó con claridad meridiana que amasar grandes cantidades de riqueza era siempre una desgracia, tanto si esta venía por toda una vida de trabajo, como si venía por un golpe de fortuna. Y la forma en la que lo explicaba era que el dinero era una fuente de inseguridad, ya que generaba más miedo cuánto más se tenía. Decía también que el dinero terminaba erosionando las relaciones sociales y con ello, destruía el afecto, la fraternidad y la felicidad.

Es difícil volcar aquí capítulos enteros en los que Smith acusa a la riqueza de ser una fuente de desgracia. Pondremos solo unas pocas líneas:

El poder y la riqueza son estructuras inmensas..

–                  Que requieren el esfuerzo de toda una vida para ser construidas,

–                  Que constantemente amenazan con el colapso destruyendo a la persona que vive en ellas

–                  Que mientras se está en ellas, pueden ser útiles para salvar de algún inconveniente menor, pero que en ningún caso pueden proteger de cualquiera de las asperezas más severas de la vida.

En conclusión, si tomamos en consideración la verdadera satisfacción que ofrecen cualquiera de las grandes riquezas de los ricos y poderosos, las hará siempre parecer enormemente insignificantes y triviales. Pero pocas veces miramos las cosas de esta manera tan abstracta y filosófica.

La izquierda por su lado se empeña en asegurar, con cierto rencor, que Smith estaba a favor del poder empresarial y, sin embargo, todos sus libros iban encaminados a defender los intereses de los trabajadores e impedir que los empresarios “se salieran con la suya”. Por favor leámosle:

“Cualquier propuesta de una nueva ley que provenga de los empresarios debe siempre ser considerada con la máxima precaución ya que tienen generalmente un interés en engañar e incluso oprimir a la comunidad, y de hecho la han engañado y oprimido en numerosas oportunidades.”

“El interés general de la sociedad se haya estrechamente ligado al interés de los trabajadores. Lamentablemente, la voz de los trabajadores nunca es escuchada.”

Finalmente, el extremo más “rancio” de la derecha considera que las teorías de Smith demuestran que lo que debemos hacer es vivir cada uno defendiendo nuestro propio interés sin necesidad de aplicar decisiones morales de ningún tipo. Y, sin embargo, el pobre Smith se pasó toda su vida diciendo cosas como estas:

“El sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos, el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana…”

“La avaricia y la injusticia son siempre miopes, y no perciben su verdadero interés a largo plazo…”

“Todos los miembros de la sociedad humana necesitan de la asistencia de los demás… “

En definitiva, que tras leer a Smith, no detecto en él nada que nos anime a la codicia, ni al consumismo, ni a acumular poder de ningún tipo.

Así que seguiré leyendo libros a ver si consigo encontrar algún filósofo o filósofa, pensador o pensadora, religioso o religiosa de cualquier cultura, ideología o religión, que haya dicho alguna vez que para ser felices necesitamos consumir mucho y tener cantidades industriales de dinero.

Mucho me temo que me moriré sin encontrarlo. Todos ellos han hablado, hablan y hablarán siempre de cuidar afectuosa y fraternalmente nuestras relaciones con las demás personas y con nuestro entorno. Todos ellos nos dicen que este no es solo nuestro deber moral sino también la verdadera fuente de nuestra felicidad.

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