Activismo

Hace algún tiempo, los editores del blog HayDerecho me dieron la oportunidad de publicar un artículo comentando ciertas declaraciones de la Alcaldesa de Barcelona, doña Ada Colau (podéis leer el artículo aquí). La Sra. Colau hacía en esas declaraciones una encendida defensa de D. Guillermo Zapata, concejal del Ayuntamiento de Madrid que por aquellos días estaba “en el candelero” por causa de unos tuits. Entre los argumentos empleados por doña Ada, destacaba el siguiente: “¿Es Guillermo Zapata insensible al sufrimiento de las víctimas? Y la respuesta es: absolutamente NO. Su activismo lo avala”.

Al margen de lo que ya expongo en el citado artículo, me gustaría profundizar algo más en la perspectiva moral de esa frase: ¿hasta qué punto el activismo “avala” a una persona? ¿Nos permite el activismo valorar moralmente a alguien?

Dice la RAE que activismo es la “dedicación intensa a una determinada línea de acción en la vida pública”. Es decir, basta con que la dedicación sea “intensa” y “pública”; por lo demás, puede ser pacífica o violenta, constructiva o destructiva. Y la línea de acción puede perseguir un buen fin… o no.

Las redes sociales nos ofrecen multitud de ejemplos de activismo. Pongamos por caso un activismo no político: la lucha contra las corridas de toros y los encierros. En twitter podemos encontrar cuentas como las siguientes:

Estas tres cuentas se dedican “intensamente” a oponerse a la tauromaquia. Sin embargo, no se presentan de la misma manera: la introducción de las dos primeras es positiva: “defiende los derechos de los animales”, “toros SI, pero vivos”. La última tacha a los toreros de asesinos y a los aficionados de salvajes: no defiende al animal, sino que ataca a la persona que no comparte su visión.

El activismo en Twitter se manifiesta habitualmente a través de hashtags, que vienen a ser como pancartas en una manifestación virtual. Cuando muchos usuarios se adhieren al mismo hashtag durante un periodo de tiempo, éste puede llegar a ser “tendencia” o “trending topic”, lo que se podría asimilar a que la manifestación ha sido un éxito.

No todo el que se adhiere a un hashtag es un activista, pero normalmente sí lo son quienes los inician. Siguiendo el hilo del hashtag #TorosNo podemos encontrar tuits como los siguientes:

Cada uno plantea sus argumentos para estar en contra de corridas y encierros, mostrando compasión tanto por los animales como por las personas que puedan resultar heridas en esas fiestas.

Pero también encontramos tuits como los siguientes:

En estos casos, la defensa de animal pasa a un segundo plano, y lo que se pide es sufrimiento y muerte, no solo para aquellos que hacen sufrir y morir al animal, sino también para los que les apoyan.

No creo que podamos considerar que este último tipo de activismo es moralmente aceptable o nos dice algo positivo del activista. Si la causa a defender es la vida y la dignidad del animal, no puede defenderse atacando la vida y la dignidad la persona: es una incoherencia evidente.

Aparentemente, la intensidad de la dedicación de estas personas a su causa les ha hecho perder la medida, y desproporcionar los medios que consideran aceptables para alcanzar sus fines. Y digo “aparentemente”, porque… ¿y si no se trata de un problema de intensidad y desproporción?

Creo que aún podemos dar otra vuelta a la tuerca: se me ocurre que muchas de estas personas no se han radicalizado en la defensa de su causa, sino que utilizan dicha causa como vía de escape de una violencia a la que necesitan dar salida. El activismo sería en su caso una simple excusa para justificar acciones que, sin ese disfraz, merecerían el reproche de los demás y de la propia conciencia. Así, el activismo les da pie al insulto, a la amenaza, o directamente a la agresión, justificándola. Una pedrada en la cabeza puede pasar de ser un acto de violencia gratuita a convertirse en parte de la “lucha” del activista por “defender” su noble causa. Es más fácil vender esta idea a otros y a uno mismo, que reconocer que se moría de ganas por pegarle una pedrada en la cabeza a alguien.

Si el caso que me planteo existe, y honradamente creo que existe, entonces nos encontraríamos con que el activismo puede reflejar tanto la buena como mala voluntad; en el ejemplo que estamos utilizando, puede significar tanto amor por los animales como odio por las personas. Por lo tanto, difícilmente podemos aceptar que el activismo “avale” a una persona, ni aunque la causa sea justa.

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