Activismo, tecnología y Donald Trump: una combinación impredecible

Activismo y Donald Trump son términos que, afortunadamente, están yendo de la mano desde el minuto cero de la nueva Administración norteamericana. Hacía tiempo que no veíamos el rugido de una ciudadanía tan activa, indignada y organizada para generar cambios reales y urgentes. No es para menos cuando el nuevo residente de la Casa Blanca ha utilizado sus primeros instantes de poder para poner en marcha todas las barbaridades que salpicaban sus discursos y que, ingenuamente, algunas pensábamos que no sería capaz de llevar a la práctica.

Siempre he sido una fan incondicional de la revolución tecnológica, pero reconozco que la combinación Trump y vanguardia digital me hace temblar. El universo distópico más cruel que tu mente sea capaz de recrear puede recordar un paraíso en comparación con lo que la inextricable cabeza de Trump podría idear de disponer del océano de información presente en las redes. Mis temblores se acompañan de escalofríos cuando constato que el Presidente es plenamente consciente del potencial que tiene el Big data, y se ocupa en aprovecharlo. Su campaña en Social Media, el grupo de hackers rusos The Dukes que le catapultó a la presidencia o su intención de crear una base de datos de personas musulmanas en Estados Unidos son ejemplos de ello.

El sector empresarial norteamericano no ha permanecido impasible ante las restricciones de derechos y libertades impulsadas por la nueva Administración. Más de 100 empresas se han unido a la causa legal contra la orden ejecutiva de “escrutinio extremo” que hace tres semanas retuvo ilegalmente a musulmanes con residencia legal en los aeropuertos de Estados Unidos. De las 127 que se han posicionado, 124 son empresas tecnológicas entre las que se incluyen importantes nombres como Google, Facebook, Apple, Netflix o Microsoft. Sin embargo, hay grandes firmas que, o no se han pronunciado, o han hecho público su apoyo al presidente, como IBM, Hewlett Packard Enterprise, Oracle o Cisco.

Cuando el activismo invade el alma se hace imparable, y fiel reflejo de ello es el hecho de que la movilización anti Trump haya llegado a las plantillas de las empresas. Un grupo de trabajadoras de IBM lanzó una petición en Coworker.org para poner de manifiesto su rechazo a la carta de apoyo enviada por su CEO Ginni Rometty al Presidente electo. Más de 2.000 personas se han unido a una acción con la que “afirman su derecho a rechazar la participación en cualquier contrato del gobierno de Estados Unidos que viole las libertades civiles constitucionalmente protegidas”.

En Oracle sus trabajadoras también han promovido una petición que cuenta con casi 1.000 apoyos, y que insta a la compañía a unirse a la oposición empresarial contra la xenófoba orden ejecutiva promulgada por Trump. Ambas peticiones se suman a la iniciativa “NeverAgain.tech”, con la que más de 3.000 trabajadores y trabajadoras de la industria tecnológica se niegan a construir una base de datos de personas basada en sus creencias religiosas y se comprometen a velar y actuar para que sus empresas no participen en tan pavorosa propuesta.

Durante la Segunda Guerra Mundial, IBM facilitó su tecnología de la época al Tercer Reich para identificar, detener y exterminar a millones de judíos. Apenas unos 70 años después, hoy la revolución digital permite a cualquier persona ver cuántos usuarios de Facebook han expresado su interés por el Islam a lo largo y ancho de Estados Unidos. Está claro que el progreso digital en las manos equivocadas puede desencadenar una hecatombe de dimensiones difíciles de imaginar. Al menos la industria tecnológica norteamericana, y sus trabajadores y trabajadoras, pelearán esta batalla… mientras Trump se lo permita.

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