Activismo en la red

Protesta
Fuente:Pixabay

Una duda que sistemáticamente nos cuestiona es la de por qué no hay mayor activismo en la red. ¿Por qué, con la enorme cantidad de recursos que internet pone a nuestra disposición, los movimientos sociales no consiguen que más personas se involucren y participen?

Internet, la promesa

Desde sus orígenes, internet prometió ser una herramienta “antisistema”; pese a llevar en sus genes una paternidad militar (ARPANET), esta red surgió como una estructura sin gobiernos ni jerarquías, sin censuras, multidireccional, de rápida reproducción y libre propagación.

En teoría, internet reúne todas las condiciones para favorecer la participación ciudadana, activar campañas reivindicativas y dar voz a los que no son escuchados habitualmente. La comunicación de muchos a muchos que internet pone en nuestras manos, es un espacio que permite construir significados y alterar las relaciones de poder. Ergo, ¿en qué hemos avanzado?

Sería mezquino pensar que gracias a internet no hemos conseguido mayor afectación de los ciudadanos con los problemas de orden local y mundial. Además, el papel de la red ha sido preponderante en movilizaciones ciudadanas de alto impacto tales como: la Primavera Árabe, la crisis financiera en Islandia o el Movimiento 15-M en España. No obstante, si la sociedad fuese una olla a presión cabría esperar que la red de redes fuese la válvula que diera salida a todo el descontento social y diera protagonismo a nuevas formas de significación social.

Por tanto, nos gustaría descifrar algunas causas; identificar factores que evitan la adhesión de los internautas a movimientos sociales emergentes y causas transformadoras de la sociedad.

La red imita al poder

De esa red libertaria que conocimos de ascendencia militar y académica solo queda el genoma. La red que ocupamos en la actualidad reproduce las estructuras de poder de la sociedad entera. Notamos el poder tanto en la forma en que son controlados los nodos centrales de la red así como el sentido que toman sus flujos.

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Prácticamente de todo lo que se habla en la red obedece a una estructura de mercado, a una propuesta que responde a los intereses o representa lucro para algunos. En paralelo, apenas se oye el discurso de los colectivos que proponen algo diferente a la compraventa, a la autorrealización a base de prestigio social; convirtiéndose en una periferia similar a la marginalidad en las ciudades.

La gran diferencia que internet tiene con los medios de comunicación de masas, es que la primera permite la autocomunicación, hace factible que todos podamos ser emisores. Es esto lo que nos convierte en «prosumidores» (productores y consumidores a la vez) de información y de contenidos. Pero, si tal avance se explota mayoritariamente para ponerlo al servicio de la economía de mercado en vez de darnos autonomía ciudadana nos convierte en meros reporteros del establishment.

Contestar al poder, reivindicar la justicia, requiere nuevos actores que intervengan en la  reprogramación de la red en torno a valores alternativos, y ciudadanos digitales que sirvan de conmutadores de flujos divergentes.

La red es caudalosa

Los flujos de la red tienen caudales de diferente magnitud.  Todos los nodos interconectan hacia diferentes sentidos, pero algunos sentidos cobran mayor importancia. De esta manera, unos caudales se aceleran y otros se ralentizan. Aquí es donde entra el trending y el ranking.

La bitácora de un navegante medio pasa por negociar a quién se sigue para conseguir ser seguido. Los apoyos a las causas se parecen más a un reality que a un posicionamiento cívico.

Importa más el apoyo mayoritario que la pasión que lo desata. De esta manera,  la noticia no se hace trending, el ser trending es lo que la convierte en noticia.

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La red es un film en el que nadie quiere ser actor secundario, en cambio,  en el activismo importa más la trama que el protagonista.

Entre la indignación y la esperanza

En un estudio sobre los movimientos sociales en la red publicado por Manuel Castells, éste nos explica que en la génesis de estos movimientos siempre hay presentes tres elementos: una situación de injusticia, la identificación de los responsables y la voluntad para transformar esta realidad.

Sin embargo, lo que hace que un colectivo se ponga en marcha y venza las resistencias que le hacen estar inmóvil, es la emoción; «la transformación de la emoción en acción».

Cuando participamos activamente en causas de transformación social, hacemos un recorrido emocional que parte de lo negativo y acaba en lo positivo.

La ira y el miedo, suelen ser los primeros elementos que nos hacen tomar partido. Por un lado, la ira proviene de la indignación que nos genera la injusticia y el miedo es quien nos refrena, ya sea paralizándonos o buscando la evitación. Si esta tensión se vence en favor de la acción, porque la indignación sea capaz de vencer al miedo, pueden surgir conexiones empáticas con un objetivo común que nos conlleve a la praxis transformadora. De esta manera, nuestro itinerario emocional llega a buen puerto; la adhesión a una causa, la lucha por un objetivo común, genera entusiasmo y más tarde, esperanza.

El papel de internet en todo este proceso es fundamental, porque es el medio que tiene las capacidades para acompañarnos en todo el recorrido: nos permite visibilizar la injusticia, identificar a los responsables, implicarnos con las víctimas, contactar con más indignados y sentar las bases de la acción.

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Al final, no hemos resuelto la duda pero hemos ganado una sospecha. Cuando nos preguntamos por qué no hay más activismo en la red, sospechamos que también nos ocurre porque no somos capaces de dar el salto de la indignación a la esperanza.

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