Acompañar-TE. Emocionar-NOS

Lucía, educadora de Nazaret, Alicante.

¿Qué es Acompañar? ¿Desde dónde acompañamos? ¿Qué supone trabajar al lado de las personas y las familias?  ¿Qué habilidades profesionales y personales necesitamos para poder realizar bien esta tarea? ¿Podemos Acompañar sin Emocionar-nos?

Todas estas cuestiones  surgen en el día a día de nuestro trabajo y no tienen fácil respuesta desde un punto de vista profesional. Cuando acompañamos a las mujeres y las familias sus realidades personales, muchas veces situaciones de dolor e injusticia social, nos afectan y nos interpelan. Nuestras reuniones de equipo y encuentro con las compañeras se convierten en espacios donde volcar el malestar que nos producen estas realidades: para poder abordarlas hemos de dar un salto desde lo meramente profesional (entendido como un trabajo dirigido a conseguir unos objetivos) a lo personal, perdiendo el miedo a implicarnos emocionalmente para ponernos en el lugar del otro, emocionar-nos con la otra persona y conseguir, así, un cambio profundo y más duradero.

El pasado mes de mayo, la Diputación de Alicante celebró su III Foro Provincial en Políticas de Familia, bajo la perspectiva de Habilidades profesionales para analizar, crear e intervenir desde las emociones. Entre sus objetivos: crear un espacio de reflexión sobre cómo abordar las emociones en el día a día y aprender herramientas sobre cómo gestionar nuestras emociones y ayudar a los demás a gestionarlas.

Además, en Nazaret estamos compartiendo y creciendo a partir de una formación dirigida a formarnos para trabajar con Grupos de crianza y Acompañamiento educativo con familias. El fin último que pretendemos con nuestro trabajo es impulsar un cambio en el modo de relacionarse de las familias y, por ende, un cambio personal, que permita a las madre y padres con los que trabajamos ser más felices para poder acompañar y educar a sus hijos. Pero este cambio sólo es posible realizarlo partiendo de un cuestionamiento personal para entender nuestros propios procesos y poder gestionarlos correctamente para acompañar con eficacia.

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El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, entre otras acepciones, define el verbo acompañar como: estar o ir en compañía de otra u otras persona y participar en los sentimientos de alguien. Acompañar supone, en palabras de Begoña Ibarrola, aprender con el otro en una relación en la que se da y se recibe. En esta relación entran en juego las emociones, como algo inherente a los seres humanos, que no podemos obviar. Nacemos “sintiendo” y a lo largo de nuestra vida, aprendemos a vivir con nuestras emociones, a gestionarlas y a expresarlas.

Partimos de dos premisas previas. La primera es que “la capacidad de reconocer, comprender y conectar con las emociones ajenas nos permite entender el punto de vista de los demás y la emoción desde la cual viven un suceso”. Esto es lo que llamaríamos empatía. La segunda premisa es que para conocer las emociones de los demás, para sentir-con ellos, necesitamos conocer nuestras propias emociones. Y esto es lo que denominamos conciencia emocional.

Diferentes estudios demuestran que “las relaciones interpersonales (entre las que encontramos las familiares) son uno de los factores predictivos del bienestar emocional o de la felicidad” (Bisquerra, 2009). Las familias son las primeras escuelas de aprendizaje emocional para nuestros niños y niñas. Las compañeras y compañeros de Nazaret caminamos junto a muchas familias: madres y padres vulnerables, que consiguen sacar adelante a sus familias con muchas dificultades y que arrastran, la gran mayoría de las veces, historias de vida muy duras. Acompañar a estas familias supone, no solamente dotarles de habilidades y herramientas para relacionarse con sus hijos e hijas desde el respeto y el entendimiento de sus procesos. La única forma de que sientan-con sus hijos e hijas, les entiendan y puedan ponerse en su piel, es trabajando desde las emociones: las que sienten ellas pero también las que sentimos nosotras como profesionales cuando les acompañamos. Porque acompañar a las familiar y a las personas es sentir con ellas.

Nazaret, desde sus inicios, ha sido y es una institución pionera en el campo de la intervención social.  Desde nuestra entidad siempre hemos entendido  que nuestra prioridad es llegar allí donde otras instituciones no llegan y trabajar con las personas más vulnerables  de nuestra sociedad. Desde hace décadas, nuestros esfuerzos han ido dirigidos a prevenir y paliar los efectos de la pobreza y de la marginalidad en las personas y familias con las que trabajamos. Y lo hemos hecho partiendo de un modelo de acercamiento a las personas basado en la calidad profesional y humana, buscando adaptarnos a sus realidades y devolviéndoles su dignidad.

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