Acoger, Proteger, Promover, Integrar

Se llaman Amadou, Abdul, Abrahim, Alasanne, Hamady….así hasta  83 personas que en este mes de Enero han pasado la noche en la calle ante la carencia de recursos de acogida en nuestra ciudad. Cobijados entre cartones bajo una escalera en las proximidades de Atocha o  en un banco en la iglesia de San Antón constituyen la cara oscura e invisible del Madrid que se vende como ciudad cosmopolita bajo una nueva burbuja, ahora la de la industria hotelera y el paraíso de los pisos turísticos.

La saturación de la Campaña del frío y la incapacidad municipal de gestionarla, pese a la presión de los colectivos ciudadanos implicados con los derechos de las personas migrantes, pone de manifiesto que hay vidas que valen más que otras y eso  depende en parte, del color de la piel o del lugar donde se haya nacido.

Da igual si se sea solicitante de asilo o de protección internacional, o menor, como un grupo de marroquíes que estos días se han quedado también en calle porque no eran competencia del SAMUR. Da igual estar bajo el síndrome traumático de haber llegado apenas  4 días antes a España en una zodiac y haber sido abandonado sin ninguna asistencia sanitaria, ni legal en la estación de autobuses de Granada y ser introducido en un autobús destino a Madrid para quitarse el problema de encima, como ha sucedido con un montón de personas que llegaron a las costas de Motril durante este mes de Diciembre. Da igual haber estado preso en el CIE de Aluche, procedente de Frontera Sur por la única razón de no tener papeles y al día 60, cuando por fin expira el plazo, no contar con ningún recurso de acogida que no sea el aeropuerto o dormir bajo los carteles luminosos del Museo Reina Sofía.

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Pero como todo en la vida no  es igual saberlo que contemplarlo y dejarnos afectar por el poder de los rostros y el cuerpo a cuerpo con quienes esperan en el frío de la noche la llegada de los autobuses que trasladarán a algunos privilegiados al dispositivo de Campaña de frío. Por eso algunas gentes vinculadas a SERCADE, La Red Interlavapiès, San Carlos Borromeo,la asociación Apoyo y algunas comunidades religiosas han abierto sus casas a su acogida, sabiendo que esto resulta claramente insuficiente, a la vez que exigen responsabilidades a las instituciones públicas a través de la Plataforma ciudadana Frente Migra.

El cartel Bienvenidos Refugiados que muchas personas identificamos como un signo de una nueva política municipal, ha quedado convertido en una pose que resulta enormemente decepcionante para quienes apoyamos con toda nuestra energía aquella apuesta… Pero lo mismo puede suceder con el discurso del Papa Francisco: Acoger, proteger, promover integrar, si no hacemos algo como comunidades cristianas e iglesia.

 

1 Comentario

  1. Totalmente cierto. Pero también lo es que la pura mala conciencia, sin cauces de actuación, termina por convertirse en malestar sordo o, más aún, por anestesiarse y desaparecer. Hace bastante tiempo, no recuerdo ya ni el nombre de la organización que fue la que lo pedía, ofrecí –modestamente y sabiendo la insuficiencia que supone– una cama en mi casa para casos como podría ser este, y se me acuso recibo y agradecimiento, advirtiendo también que era muy raro que se necesitase algo con esas características. Imagino que mis datos habrán quedado perdidos entre tantas otras listas, nunca nadie me ha llamado. Es un reto para todos, pero en especial para quienes tenéis capacidad de organización y convocatoria, que no cunda la sensación de “y qué le voy a hacer yo”; sin por supuesto querer eludir responsabilidades personales que cada uno tenemos, en cualquier caso y como bien indicas, la capacidad de acogida necesita algo más allá de voluntarismo individual, es una tarea de comunidades, prácticamente inexistentes en nuestra religiosidad individualista actual.

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