Afrontar la inmigración: espectáculo, amnesia y responsabilidad

Dentro de unas horas, el puerto de Valencia acogerá la embarcación Aquarius y los otros dos barcos en los que llegarán 630 inmigrantes rescatados hace unos días en aguas internacionales del mar Mediterráneo. Después de las reticencias iniciales de los responsables del barco a iniciar una travesía de más de mil kilómetros con un barco repleto de personas hacinadas, desnutridas y con graves problemas de salud, los responsables aceptaron distribuir alguno de estos pasajeros en otros dos barcos cedidos por el gobierno italiano. Cuando las autoridades italianas, maltesas o francesas desautorizan el atraco de la embarcación en sus puertos, el presidente español Pedro Sánchez toma una de sus primeras históricas decisiones de gobierno: acoger en suelo español a estas personas que a partir de ahora tendrán, sin preguntarles a ellos, estatuto de refugiados.

Estos procesos de acogida exigen una mínima reflexión moral y política para no caer en la simplificación partidista, la política emocional y la instrumentalización mediática o electoral de la solidaridad. Para empezar propongo siete claves:

1.- Memoria de los CIES. Los centros para el internamiento y acogida de extranjeros han pasado a un segundo plano de la información con la acogida del Aquarius. Esta acogida del Aquarius puede suponer un cambio radical en la política de inmigración porque lo que sucede en los CIES ya no es noticia, no abre los telediarios y no se sitúa en la primera plana de la agenda parlamentaria. Los inmigrantes que llegan en el Aquarius han tenido la suerte de no conocer la situación de los CIES y tendrán un trato especial que no tienen los que saltan la valla de Melilla, están retenidos en los centros de internamiento o sobreviven en condiciones inhumanas porque sueñan llegar a Europa.

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2.- La política migratoria es una política más compleja de lo que la opinión pública se imagina porque la acogida es un fenómeno complejo. Los funcionarios y servicios de migraciones de las subdelegaciones del gobierno no son noticia en los telediarios, han sido brutalmente sometidos a recortes administrativos y están desbordados. En algún momento, los responsables políticos tendrán que prestar más atención, facilitar más recursos y potenciar con cierta generosidad a los miles de funcionarios públicos que no sólo atienden expedientes sino que silenciosamente sirven a personas. Alguien tendría que ponerse en la piel de la policía de inmigración y los funcionarios que gestionan la documentación, tramitación y expulsión de los miles de “expedientes” que no son noticia en el telediario.

3.- Si algo ha dejado claro este caso es la falta de una política migratoria común en Europa. Este será uno de los grandes problemas en las elecciones al parlamento europeo del próximo año. Pensemos que el barco es de nacionalidad francesa, las autoridades italianas han celebrado como un éxito el rechazo al atraque en sus puertos y el gobierno de Malta también se alineó con el rechazo italiano. En un gesto político ejemplar, solidario y honroso, el nuevo gobierno español ha decidido acoger a los 630 con el estatuto de refugiado y liderar mediáticamente el cambio necesario en la política europea.

4.- En Valencia el espectáculo está servido. La acogida se producirá en la zona del puerto que en otros tiempos sirvió para las tripulaciones de la America’s Cup; la zona que en otros tiempos acogió a la gente guapa de los años de la corrupción, ahora se convertirá en zona solidaria. ¡Esta izquierda bonita y camisetera ya no es la derecha corrupta…! El presidente Puig, la vicepresidenta Oltra y el alcalde de la ciudad no pierden ocasión para decir que esta “Valencia solidaria” no era la misma que aquella “Valencia corrupta”, como si los ciudadanos, los contribuyentes, los funcionarios de inmigración o política y, en definitiva, las gentes de la ciudad de acogida no fueran las mismas. La instrumentalización partidista y política de la acogida es un hecho que nos avergüenza a todos los valencianos. Antes de que el alcalde colgara en al ayuntamiento las pancartas o la señora Oltra fuera vicepresidenta de asuntos sociales la ciudad de Valencia ya era tierra de acogida.

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5.- En Valencia se está practicando una doble moral. En los procesos de acogida a inmigrantes, trabajo por la integración y atención a la inmigración se están exigiendo responsabilidades a instituciones de la Iglesia y la sociedad civil, se pide la colaboración de todos los agentes sociales, como si la condición de “agente social” se adquiriera sin el paso del tiempo, la historia y el enraizamiento en la ciudadanía. Si en políticas sociales todos tenemos que echar una mano, ¿por qué la vicepresidenta y el alcalde no han llamado a los terciarios o terciarias capuchinas para atender a los menores?, ¿por qué se desprecia a las ordenes religiosas que se dedican a los menores en los procesos de contratación pública?, ¿por qué las confesiones e instituciones religiosas están fuera de las políticas educativas, culturales y sociales del gobierno valenciano? ¿por qué se desprecia el trabajo de Cáritas? El gobierno valenciano no está jugando limpio en las políticas sociales y por mucha espectacularización que se haga de la acogida de estos inmigrantes, en realidad se margina, desprecia e ignora la función de las confesiones religiosas en la construcción de una ciudadanía solidaria.

6.- El festival primaveral de solidaridad que se creará estos días en Valencia están lanzando a los traficantes de personas y las mafias que gestionan la inmigración un claro mensaje: “ancha es Castilla”. Dicho con otras palabras, España es tierra de acogida y la nueva generación de políticos en activo ha optado por la neuropolítica de las emociones y ha dejado de lado la coherencia de las instituciones. Quienes llevamos varias décadas trabajando por la acogida e integración de inmigrantes vamos a comprobar cómo cientos de expedientes y personas a las que intentábamos integrar van a ser repatriadas o expulsadas porque no han tenido el privilegio de salir en el Telediario. ¿Qué tipo de periodismo están haciendo las nuevas generaciones cuando nuestro trabajo institucional, cerebral y cotidiano está siendo arrinconado por la política de inmediatez de las emociones, los gestos y sensibilidades?

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7.- La sociedad civil en general y la comunidad cristiana en particular no puede caer en la neuropolítica de la sensiblería y la epidermis humanitaria. El gesto del presidente del gobierno y la disponibilidad de las autoridades valencianas merecen su plausibilidad y reconocimiento. Ningún ciudadano o persona de buena voluntad debería oponerse a esta decisión humanitaria. Con la misma fuerza y convicción moral hay que luchar contra la hipocresía partidista y la instrumentalización mediática del drama de la migración de personas. Cuando la amnesia impide enraizar las políticas de asilo, integración y acogida en un proyecto político coherente como el que necesita Europa, no debemos caer en la hipocresía, la doble moral y la espectacularización de la solidaridad. ¡Por favor, que alguien, en algún momento, recuerde que no hay solidaridad sincera sin responsabilidad institucional o credibilidad moral!

1 Comentario

  1. Muy acertado.
    Parece que el problema de la migración se ha descubierto ahora.
    Hay que recordarle al presidente de la Generalitat que en los 2 últimos años en el marco de la operación “Sofia” España ha rescatado del Mediterráneo más de 15.000 naufragos. Sin postureo ni tv.

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