Con ritmo exponencial

Hace pocos días, surfeando por la web, leía una vez más comentarios sobre lo próximamente obsoleta que empieza a quedar la Ley de Moore. Brevemente, y por si aún no habíais oído nombrar esta ley basada en las observaciones de Gordon E. Moore (cofundador de Intel), acerca de la velocidad a la que aumentaba y aumenta el número de transistores en los circuitos integrados, os la explico “entre paréntesis”:

obtenida en pixabay
obtenida en pixabay

(paréntesis ON) Si Einstein podía explicar lo de las ondas gravitacionales a su abuela, yo tengo que intentarlo con los circuitos integrados (aunque ya no me pueda hacer selfies con las mías): esas pastillitas negras que habréis visto alguna vez en las placas verdes que llevan los cacharros dentro, están llenas de unos (ahora) microscópicos dispositivos que se llaman transistores. Simplificando enormemente, estos transistores permiten realizar las operaciones y cálculos que hacen funcionar los dispositivos digitales (y que ahora mismo son un alto porcentaje de nuestra vida diaria). Simplificando mucho, mucho, pero para entendernos; si a esto le unimos, que además de duplicarse el número de transistores, lo que hace que aumente la potencia de cómputo, cada vez es más barato fabricarlos en cadena, la progresión de potencia computacional de la tecnología electrónica lleva 50 años creciendo más o menos que exponencialmente mientras se abarata el acceso a ella. Todo un futurista este Moore, que hizo este “afortunado” comentario, antes de que existieran incluso los ordenadores personales (paréntesis OFF).

obtenida de pixabay
obtenida de pixabay

Lo que sucede a día de hoy es que ya no es sólo la gran industria de fabricación tecnológica la que usa esta ley y marca el ritmo del progreso a golpe de dispositivo, sino el gran público que se está acostumbrando al consumo vertiginoso de tecnología, y ha de incorporar esa séptima velocidad exponencial al ya de por sí acelerado ritmo de vida. Para ellos es el gran reto de seguir fabricando chips y llenarlo todo de “cosas conectadas a Internet” (la renombrada Internet of Things), lo que les asegura aún varios lustros cumpliendo la profecía de Moore y sus “tecno-futurólogos” seguidores. Para nosotros, el de absorber cómo usarlo, y la profusión de noticias y descubrimientos científicos debidos a la evolución tecnológica. Pero también el vertiginoso aumento de noticias sobre los peligros que en ellas parecen acechar.

En paralelo a la posibilidad de poder escuchar otras notas musicales en el universo, me han llegado en estos días un par de preocupaciones discordantes que me gustaría compartir y que me motivan a seguir buscando soluciones por la senda de la formación y la educación en el buen uso de la tecnología y el conocimiento compartido:

  • desde un grupo de whatsapp lleno de padres y madres y otros frentes similares, me llegó el viral de la campaña #tengotunumero de la fundación Alia2.

La verdad es que viendo el vídeo de la campaña, asusta lo desprotegidos que pueden quedar nuestros jóvenes si el ejemplo de incautos insensatos que damos los mayores es este. (Os recomiendo una lectura a su diccionario de 10 términos sobre formas de ciberacoso. Fantástico). Hay que evolucionar al ritmo de Moore, exponencialmente, queramos o no, también en nuestra propia educación y protección digital o estamos perdidos.

  • Se nos habrá hecho corto, pero la era de las redes sociales se está acabando, sin haber aprendido a usarlas del todo bien, y estamos ya inmersos en la era del “messaging”. De la misma forma que hemos entrado en la web 5.0 sin haber dejado atrás la 2.0, nos hemos aburrido de exhibirnos a diestro y siniestro y ahora sólo nos exhibiremos a quien elijamos.

Pero es que aún no sabemos cómo usar bien estas aplicaciones de mensajería (y no quiero sacar aquí el debate sobre los “grupos de whatsapp de los padres y madres de la clase”), que estas mismas aplicaciones ya llevan varios años evolucionando a ritmo exponencial: nuestros jóvenes son unos maestros del Snapchat, o de usar los mensajes de voz del Whatsapp, y ahora va Apple y les evoluciona el Walkie Talkie con su nueva app: Tribe.

Pulsar, grabarte el videomensaje, soltar para enviar. Esperar, recibir el video de respuesta, de uno, a varios…. Ha llegado la videomensajería ¿Mensajes de voz? ¡Ja! ¿De texto?¡JAJA! ¡Eso ya está viejuno!

A mí, que me emociono cada vez que veo a mi pequeña nativa digital trazando letras en mi/su Ipad con sus deditos, pensando si dentro de 20 años usará mis bolígrafos como pieza de museo o no, ya me toca tirar el papel mojado de estas notas explicando buenas prácticas en redes sociales, y que escribo claro está pensando en ella, para pasarme a analizar este nuevo paradigma. No me da la tecla para ir a ritmo.

Pitufilla (y pitufill@s de su estatura): espero que nosotros, los “adultos” en casi todo, menos en lo digital aún, consigamos aprender a ritmo exponencial, para estar a la altura que nos presuponéis. Y así ayudar a protegeros para que disfrutéis del futuro sin prisa, además de con tecnóloga, con amor y amigos. Pase lo que pase y a la velocidad que pase, acordaos de lo que un día escribimos pensando en vosotros, porque, como dice el poema,

<<Tú no puedes volver atrás // porque la vida ya te empuja // como un aullido interminable.>>
José Agustín Goytisolo

No sé si LIGO escuchará poemas desde los agujeros negros, pero mientras lo termino/empiezo de/a comprender un poco todo, me quedo un rato escuchando la poesía de Goytisolo, en mi versión preferida de esta esquina del espacio-tiempo, la de Los suaves. ¡A por el futuro!

 

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here