Josep F. Mària. Jesuita, miembro de Cristianisme i Justícia, y profesor de ESADE

Raúl, hermano, compañero:

Leo con pesar tus palabras sobre el proceso catalán, publicadas el 11 de septiembre en la web de entreParéntesis bajo el título “Curiosidades”.

El pesar me lleva a recordar los diversos momentos en que hemos coincidido, y tu capacidad de argumentación en aquellas ocasiones: en Bruselas en 2008 (o 2009?), discutiendo con jesuitas europeos sobre la crisis económica; en Valladolid, cenando en una bodega, cuando analizaste lúcida y serenamente los problemas de América Latina y de tu Venezuela natal; y en Madrid trabajando con rigor para publicar un libro sobre ética de las finanzas.

Sin embargo, en “Curiosidades” echo a faltar virtudes que has mostrado en las citadas ocasiones. De entrada, me cuesta reconocer en el tono general de tu escrito aquello tan ignaciano de “… se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende.” [EE 22]

Y pasando del tono a las ideas, de las diversas reflexiones que me suscitan tus palabras, me voy a centrar en dos temas que considero fundamentales: la democracia y el diálogo.

Sobre la democracia

Hablas de “golpe de Estado”, cuando el proceso catalán es profundamente democrático. En efecto, desde la manifestación de 2010 contra la sentencia del Tribunal Constitucional (que reducía el alcance de la reforma del Estatuto de Autonomía aprobada por los parlamentos catalán y español, y refrendada por el pueblo catalán) ha habido reiteradas y masivas manifestaciones de una parte muy significativa de la población catalana en relación con un cambio en el estatus de las relaciones entre Cataluña y España. Tendrías que haber vivido el ambiente radicalmente pacífico, festivo, inclusivo de la diversidad y cívico de las últimas manifestaciones del 11 de septiembre: nada de odio a España, nada de exclusión a los inmigrantes del resto de España o a sus descendientes, ni un cristal roto… y éramos siempre más de 1,5 millones de personas en las calles o carreteras de Cataluña.

Los partidos políticos catalanes ha interpretado dicho movimiento de formas diferentes; pero en el Parlamento de Cataluña actual (el de antes del 27 de septiembre de 2015), el 80% de los diputados defienden una consulta sobre el estatus de dichas relaciones Cataluña-España: concretamente, Convergencia, Unió, Esquerra Republicana, PSC-PSOE, ICV y la CUP. El PP y Ciudadanos (28 de 135 diputados) se muestran contrarios a esta consulta. No me extiendo aquí porque el comentario de #2 xavi (11-09-2015 23:23) a tu escrito abunda sobre el tema.

La respuesta del gobierno español y del principal partido de la oposición ha sido principalmente hablar de la intocabilidad de la Constitución (cuando en unos pocos días de verano se pusieron de acuerdo para reformarla bajo el dictado de la Unión Europea) y rechazar cualquier negociación para dar voz a los ciudadanos de Cataluña.

Aquí me parece conveniente notar que el proceso soberanista no es exclusivo del nacionalismo catalán: como bien señalan Santi Torres y Óscar Mateos (miembros de Cristianisme i Justícia) en un artículo de Razón y Fe (2014, nn. 1389-1390, pp.71-84), existe una parte significativa de gente que, sin ser nacionalista catalana, apoya por razones de justicia social y de radicalismo democrático dicho proceso. (Te remito a la totalidad del artículo de Santi y Óscar, que me parece altamente esclarecedor). En todo caso, tu uso de la expresión “golpe de Estado” me parece especialmente desafortunado (por decirlo suavemente).

Sobre el diálogo

Ciertamente, el tema no es sencillo. Porque toca cuestiones financieras, como bien señalas en tu artículo, pero también cuestiones históricas, culturales, sociales y políticas, que pesan mucho – y de las que apenas hablas en tu escrito. Se trata de discutirlas serenamente y desde el respeto. Si afirmas que quieres “dialogar en las fronteras”, hay que tener en cuenta que en las fronteras el ambiente “está caldeado” por la falta de disposición al entendimiento y la nula empatía que muestra el gobierno español ante la reclamación de una buena parte de los catalanes de decidir la manera de encauzar su futuro y la relación con el resto de España. Usar sarcasmos (“quejío”, “el niño con el enchufe”…) no ayuda. Porque estos sarcasmos caen sobre las espaldas, no sólo de ciudadanos y cristianos catalanes, sino también de unos cuantos hermanos tuyos jesuitas que están a favor de la consulta. En síntesis: de la Compañía de Jesús, muchos esperan un papel más serio y facilitador de un necesario diálogo.

Por cierto, hablando de la Iglesia, te invito a consultar la Nota de Justicia y Paz de Cataluña con motivo de las elecciones al Parlamento de Cataluña del 27 de septiembre (9 de septiembre de 2015): hallarás en ella una posición serena y razonada en favor del derecho a la autodeterminación de Cataluña y del inicio de una negociación política e institucional para permitir al pueblo de Cataluña dilucidar su estatus político. La Nota cita, entre otros, un documento central de los obispos catalanes de 1985 (“Raíces cristianas de Catalunya”) y diversos textos de la Doctrina Social de la Iglesia universal.

Quedo a tu disposición para profundizar en este diálogo fronterizo, esencial para el bienestar material y espiritual de tanta gente en este rincón de Europa.

Recibe –a pesar del “quejío” – un fraternal abrazo,

Josep F. Mària, SJ

[Foto de la Diada. (c) Getty Images]