¡A la mierda el protocolo!

14 de abril. Carmen regresa de la cita de seguimiento del embarazo en el hospital La Paz y me comenta, con cierta preocupación, que han programado su ingreso para el parto de Mateo, el 22 de abril, antes de lo previsto. ¿El motivo? La ginecóloga le ha dicho que es un feto PEG. Para entendernos, que el bebé venía pequeño para su edad gestacional. Lo hablamos y coincidimos en que no acabamos de entender la necesidad. Joel y Marta (los hermanos mayores de Mateo) también fueron pequeños en el momento de nacer, también iban con los percentiles justitos.

Definitivamente, como no lo vemos claro, nos presentamos el día antes de la fecha programada para el ingreso en el hospital, para hablar con la ginecóloga.

A pesar de no tener cita, decidimos que si teníamos que esperar, esperaríamos, lógicamente, para ser atendidos. La cuestión es que la enfermera le transmite a la ginecóloga nuestra preocupación y nos atiende rápidamente. Comenzamos a hablar (en realidad, Carmen es la que habla, yo no dije ni media). Le expresamos nuestras dudas ante el ingreso programado y le explicamos que este es el tercer hijo que esperamos; que los dos anteriores también tuvieron embarazos similares; que no acabamos de entender la necesidad de inducir el parto si todo está bien, si no hay peligro para el feto ni para Carmen…

Es entonces cuando empezamos a escuchar a la ginecóloga que entre otras cosas nos va diciendo:

Que esa mañana tenía que atender a cuarenta mujeres más. Que por quién la hemos tomado, que ella no negocia con sus pacientes si ingresan o no. Que esa misma semana han fallecido tres fetos, la misma noche anterior falleció uno. Que el feto tiene más posibilidades de morirse en tu casa en una contracción que aquí. Que el protocolo manda finalizar un embarazo PEG en la semana 40…

Fue entonces cuando me vino a la cabeza la frase que da título a este artículo. Y muchas preguntas nos asaltaron como padres: ¿Qué necesidad teníamos de sentirnos tan mal como nos hizo sentir aquella profesional? ¿Por qué no hablar sin presión, informar, dialogar, ponderar?

Probablemente, muchas madres prefieran seguir sin más la pauta del profesional de turno, pero sin duda el parto también es, era, nuestro. (https://www.elpartoesnuestro.es )

Siempre habíamos huído de la medicalización innecesaria del proceso del parto normal, por eso no podíamos cumplir sin más la indicación.

Parece que a veces se olvida que no hay ninguna intervención obligatoria, aunque esté contemplada en el protocolo del hospital, y que las personas podemos cambiar de opinión y rechazar o aceptar cualquier procedimiento médico y que se nos debe respetar.

Finalmente, tras el diálogo, la ginecóloga decidió posponer el ingreso. Carmen ingresó el día 27 de abril y el 28 a las cuatro y media de la mañana nació Mateo, en el que, dicen, es el centro de mayor prestigio de la sanidad pública española. Pesó 3 kilos y 40 gramos, bastante más que sus hermanos Joel y Marta, que no llegaron a los tres kilos. Y ¡nos sentimos como en casa en el hospital! Nos trataron con mucha profesionalidad y calidad humana y profesional, pero eso no quita para que entre todas y todos sigamos apostando por humanizar la salud un poco más. Las políticas sanitarias deben incidir en la humanización necesaria de la salud, y mucho más en momentos tan “sagrados” como un embarazo y el alumbramiento de una nueva vida.

Os dejo, tras las elecciones municipales y autonómicas, con esta canción (que se estrena hoy ¡EN PRIMICIA!) que nos recuerda que “Sí se puede”, que no hay que dar nada por perdido, ni perder la esperanza. Ayer, una esperanza de cambio se abrió para muchas personas…

 

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