A hombros de gigantes

Ha terminado el viaje del papa Francisco a Estados Unidos (EEUU). Breve pero intenso. No se trata aquí de hacer una crónica ni un resumen, sino de ofrecer algunas reflexiones, subrayados e interpelaciones. Lo haré fijándome en dos bloques de protagonistas y, al final, uniendo ambos grupos. Y es que se vive mejor a hombros de gigantes. Otra cosa es descubrir y reconocer quiénes son estos gigantes… que parecen ser de dos tipos.

Ante el Congreso de los EEUU, en Washington DC, el Papa construyó su discurso en torno a cuatro figuras emblemáticas de las historia de esa nación. Él mismo hizo este sumario: “Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios”.

Estas cuatro figuras nos permiten releer, de una manera encarnada y renovada, los principios de la Revolución Francesa: Lincoln y la libertad, Martin Luther King y la igualdad, Dorothy Day y la fraternidad; Thomas Merton, por su parte, nos recuerda la hondura de estos compromisos, anclados en la filiación divina. Fijémonos por un momento en estas cuatro figuras. Lincoln nació en el seno de una fervorosa familia baptista, aunque él mismo se manifestó bastante escéptico y discreto en cuestiones religiosas, al menos durante la mayor parte de su vida. Martin Luther King fue un pastor de la iglesia baptista; Dorothy Day, nacida en el seno de la iglesia episcopal (anglicana), se incorporó a la Iglesia católica y fue una laica comprometida con la Iglesia de los pobres; Thomas Merton fue un monje trapense, católico y muy abierto al diálogo interreligioso, así como a la lucha por la justicia y la paz.

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Pero el viaje del papa Francisco no acabó en Washington, sino que continuó a Nueva York y Filadelfia. Y allí hizo otras dos alusiones a otras dos personas, que pueden pasar más desapercibidas, pero que son otros dos gigantes. En el discurso ante la ONU, recordó el Papa a Dag Hammarskjöld, que fuera secretario general de la ONU, fallecido en accidente de avión en una misión humanitaria en África. Este diplomático que apostó por las vías institucionales para construir la paz en la justicia, fue también un místico del siglo XX; luterano de la Iglesia de Suecia, vivió el celibato como consagración a la misión encomendada y es autor de un librito (‘Huellas en el camino’) de altos quilates espirituales. Por su parte, la homilía en la catedral de Filadelfia se articula en torno a la frase “y tú, ¿qué vas a hacer?”, clave en la vida de Santa Catalina Drexel. Esta religiosa católica entregó toda su vida, sus bienes y todos sus dones, a la causa de las minorías étnicas marginadas en Estados Unidos: afroamericanos e indios nativos.

Hasta aquí, seis “gigantes” sobre cuyos hombros podemos mirar el mundo y comprometernos, preguntándonos: “y yo, ¿qué puedo  hacer?”. Pero el viaje del Papa nos ha dejado otros encuentros con otros gigantes, más pequeños y quizá más desapercibidos, pero aún más importantes que Lincoln, MLK, Dorothy Day, Merton, Hammarskjöld o Catalina Drexel.

En Washington abrazó a la niña mexicana Sophie Cruz y, con ella, la causa de las personas migrantes en situación irregular; también estuvo comiendo con las personas sin hogar (homeless); en Filadelfia saludó a varios presos, incluyendo a algunos en silla de ruedas, y abrazó emotivamente a uno de ellos; en Nueva York, visitó a las familias en el barrio degradado del Harlem; y otros encuentros y gestos similares.

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¿Qué quiero decir con esta observación? Sencillamente, que son las personas y grupos más vulnerables, más excluidos, más empobrecidos, más pisoteados… quienes son los verdaderos gigantes que nos permiten mirar la realidad con hondura. Las periferias del mundo nos ofrecen una visión completa de la realidad. El Papa puede hablar al Congreso de EEUU o a la Asamblea General de la ONU, en el centro del sistema dominante, y hacerlo con credibilidad,… porque antes, durante y después, ha abrazado, escuchado y comido con las víctimas del sistema. Y nosotros, ¿qué vamos a hacer? ¿Cómo queremos situarnos para dialogar en las fronteras?

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