“A esta hora exactamente hay un niño en la calle”

No se sabe a ciencia cierta la cantidad, pero sí se cree que entre 100 y 150 millones de niñ@s viven en la calle en todo el mundo. Pobres entre los pobres. Excluidos, por edad, protección social, amparo familiar o legal, abusados o explotados… Descartados … Pobres entre los pobres. 18.000 menores de cinco años mueren cada día en el mundo por causas evitables. 57,2 millones no van a la escuela… En España, más de 40.000 menores viven tutelados por el Estado, 10.000 más que en 2007, antes del inicio de la crisis. Y no solo en Ceuta.

Quizás sea el momento de convertir  los números en pentagramas, y estos en  canción. Y aunque solo sea un momento escuchar toda o en parte esta canción de Mercedes Sosa: “A esta hora exactamente hay un niño en la calle”.

Duele detenerse un momento y escuchar la eterna voz de La Negra Sosa,  la Voz de América, acompañada por Calle 13 con los versos del gran poeta Armando Tejada Gómez. Un poeta fundamental de Latinoamérica que fue niño de la calle  y no pudo ir a la escuela. Armando fue autodidacta, hijo numero ¡24! de una familia numerosa que sufrió la condena de ser pobre. Aprendió en la calle a leer y conoció la cultura de la calle como pocos; como solo aprenden los de abajo. Escuchar “Hay un niño en la calle” duele. Pero duele mucho más comprobar su existencia. Y es que la calle enseña mucho. Enseña tanto que difícilmente se podrían escribir palabras tan bellas como este poema de Armando que inspiró la canción  a Mercedes Sosa, para describir  la geografía de los “niños de la calle”.

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(O si quieren, cámbienla por el “Niño Yuntero” de nuestro Miguel Hernández, musicado por Joan Manuel Serrat)

Cuando uno anda en los pueblos del país

o va en trenes por su geografía de silencio,

la patria sale a mirar al hombre con los niños desnudos

y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre

qué historia les concierne, qué lugar en el mapa,

porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra

la espalda escandalosa de las grandes ciudades

nutriéndose de trigo, vides, cañaverales

donde el azúcar sube como un junco en el aire,

uno encuentra la gente, los jornales escasos,

una sorda tarea de madres con horarios

y padres silenciosos molidos en la fábricas,

hay días que uno, andando de madrugada, encuentra

la intemperie dormida con un niño en los brazos.

Muchos los llaman los niños y las niñas de nadie. O los niños invisibles .En España hablamos de niños y jóvenes en riesgo de exclusión social. Si encontráis otro nombre mejor, decídmelo porque esa es nuestra jerga para maquillar duras  realidades. Y en este sentido – para nuestra vergüenza- España es el segundo país de la Unión Europea con más niños en riesgo de pobreza. 2,7 millones de menores, según denunciaron varias ONG, entre ellas Amnistía Internacional (AI), que pidieron en enero de este año al Gobierno español que revierta las políticas de austeridad e invierta en programas sociales. Justo lo que acaba de pedir recientemente Caritas Europa. “Pobreza y desigualdades al alza: La única solución que se necesita son sistemas sociales” (sólo disponible en inglés).

Citando fuentes de un informe de Unicef de 2014, Gaby Ore Aguilar, directora ejecutiva adjunta del Centro para Derechos Económicos y Sociales (CESR), recordó que, desde 2008, unos 800.000 niños han engrosado la lista de los que están en fuerte riesgo de caer en la pobreza, “lo cual es equivalente a perder diez años de progreso en la lucha contra la pobreza infantil, según la ONU”.

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¿Y su perfil? : los que no se han incorporado a la red de atención normalizada, los jóvenes que al cumplir los 18 años deben abandonar los centros tutelados, inmigrantes empobrecidos, los fugados del hogar, los que residen en infraviviendas o asentamientos y los hijos de familias desahuciadas. La tramitación de 82.000 expedientes judiciales por desahucios ante los Juzgados de Primera Instancia el año pasado ha dejado sin vivienda a muchas familias con hijos, que no tienen la posibilidad de compartir la vivienda con familiares o conocidos.

Independientemente de otras valoraciones, o aportaciones críticas a los recursos y repuestas sociales, me detengo solamente en dos  advertencias: Una, el riesgo de entregar este servicio social a empresas privadas que lo convierten en negocios de bajo coste de funcionamiento;  y dos, aquella que  se dirige en justicia a los que recurren a la fácil respuesta de que los niños y los jóvenes de la calle “no se dejan educar” o a otra más dura: aquella de que  “son carne de cañón”.

Afirmaciones que nacen de unas valoraciones tendenciosas y perezosas. Recurren a la más pura y vieja retórica que se deja dominar por el discurso hegemónico de una sociedad que estigmatiza inmediatamente a los niños de la calle creyendo que con ello se tiene un problema menos. Y, sin embargo, entre todos hemos de “crear las condiciones económicas, sociales, políticas, culturales, para que cada niño que lleva en sí el genio de Mozart pueda desarrollarlo plenamente”, que diría Roger Garaudy.

Les recomiendo que escuchen la canción de entrada. Porque a esta hora exactamente sigue habiendo un niño en la calle.

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